La derecha leyó mal a Hayek u oculta lo que en verdad dijo

Iván Carrino / Sábado 26 de diciembre de 2020 / 15 Comentarios

De acuerdo con Friedrich Hayek, los conservadores eran aquellos intelectuales, políticos o simplemente adherentes a un movimiento cuya característica principal era “el miedo a lo nuevo simplemente por ser nuevo”. A partir de ello, este renombrado pensador, miembro de la escuela austriaca de economía, sostenía que él no era un conservador, pero tampoco un socialista.

Así, terminaba distinguiendo a su liberalismo tanto de la derecha como de la izquierda.

Curiosamente, a pesar de lo que él decía sobre sí mismo y su filosofía política, no son pocos los referentes de la nueva derecha que postulan que – en realidad- Hayek hubiese estado de su lado en muchas de sus reivindicaciones.

El profesor español Francisco José Contreras, por ejemplo, cita en su libro “En Defensa de un Liberalismo Conservador”, un párrafo de “Los Fundamentos de la Libertad” de Hayek, donde se dice explícitamente (las negritas son mías):

“Hay una gran verdad que jamás se han cansado de subrayar todos los grandes apóstoles de la libertad con excepción de la escuela racionalista: la libertad no ha funcionado nunca sin la existencia de hondas creencias morales, y la coacción sólo puede reducirse a un mínimo cuando se espera que los individuos, en general, se ajusten voluntariamente a ciertos principios”

El párrafo en cuestión se encuentra en un capítulo titulado “Libertad, razón y tradición”, motivo que lleva a los conservadores a ofrecerlo como prueba de que Hayek era, en realidad, un defensor de la tradición y que cualquier cambio social tenía que ser, entonces, sospechoso de lo que él llamaba racionalismo o socialismo.

(Aclaro rápidamente que para Hayek el racionalismo era la idea de que las normas que rigen la sociedad son la creación de una mente o un grupo de mentes y, por tanto, pueden ser modificadas por la decisión de un grupo de una o más personas “iluminadas”. El socialismo es una forma de constructivismo, entonces, ya que cree que los mercados pueden eliminarse y toda la actividad humana puede organizarse de forma eficiente bajo los mandatos coactivos del órgano central de planificación.

Para Hayek, y para todos los liberales de la tradición escocesa, esto no es cierto, puesto que como decía Ferguson, “Las naciones tropiezan con instituciones que ciertamente son el resultado de la acción humana, pero no la ejecución del designio humano”). 

En una reciente conversación con el abogado colombiano Alejandro Bermeo, el politólogo argentino Agustín Laje referenció el mismo párrafo y agregó uno más, donde se sostiene:

“Esta reverencia por lo tradicional, indispensable para el funcionamiento de una sociedad libre es lo que el tipo de mente racionalista considera inaceptable”.

Laje concluye entonces que algunos libertarios, entonces, son racionalistas, y como racionalistas no pueden ser libertarios. Al menos no libertarios (o liberales, en este caso), como los pensaba Hayek.

El liberalismo, entonces, el “verdadero liberalismo”, debe ser de derecha y reivindicar “los valores tradicionales”. Y, si no, entonces no es liberalismo. A lo sumo, será “liber-progresismo”, un caballo de troya de la izquierda para también pudrir a la filosofía política de la que ha brotado nada menos que el progreso de la humanidad.

¿Es correcta esta interpretación? La respuesta es negativa.

A continuación, veremos que a esta “lectura” le faltan varios párrafos y, además, veremos que por tradición Hayek no quiere decir cualquier cosa que haya sido tradición, alguna vez, sino algo mucho más concreto y preciso.

Párrafos faltantes

Es curioso (en realidad, no lo es), que en esta interpretación que la derecha hace de Hayek se elijan cuidadosamente algunos párrafos y, también cuidadosamente, se dejen fuera otros.

¿Qué pasa, por ejemplo, si a los dos fragmentos mencionados anteriormente les agregamos lo que los autores de derecha quitaron del medio? Y digo medio porque los dos párrafos que vamos a agregar ahora están literalmente en el medio de los dos copiados más arriba.

El párrafo inmediatamente posterior al que termina con “se ajusten voluntariamente a ciertos principios” dice lo siguiente:

“Al obedecer las reglas sin que exista coacción se tiene una ventaja evidente, y no únicamente porque la coacción como tal es mala, sino porque, de hecho, a menudo es deseable que las reglas se respeten en la mayoría de los casos y que los individuos capaces de transgredirlas comprendan que no merece la pena incurrir en el oprobio que tal infracción traerá consigo”

Hasta aquí nada muy contradictorio ni problemático con la interpretación derechista. Igualmente sí destacamos que esas normas morales que sean un problema para el buen funcionamiento de la sociedad serán motivo de oprobio. Más adelante veremos que lo que pasa con la derecha es que se entristece cuando ciertas conductas o formas de vida que para ella son motivo de oprobio, para la sociedad no lo son.

Pero avancemos al párrafo siguiente:

“También es importante que el vigor de la presión social y de la fuerza del hábito que asegura su observancia sea variable. Esta flexibilidad de las normas voluntarias hace posible la gradual evolución y el espontáneo desarrollo que permite posteriores experiencias conducentes a modificaciones y mejorías. Tal evolución es solamente es posible con reglas que ni son coactivas ni han sido deliberadamente impuestas; reglas susceptibles de ser rotas por individuos que se sienten en posesión de razones suficientemente fuertes para desafiar la censura de sus conciudadanos, aunque la observancia de tales normas se considera como mérito y la mayoría las guarde (…) las reglas de la clase que nos ocupa permiten un cambio gradual y experimental. La existencia de individuos y grupos que observan simultáneamente normas parcialmente diferentes proporciona la oportunidad de seleccionar las más efectivas”

Qué increíble olvido, ¿no? Justo el párrafo donde Hayek habla de que estas normas tradicionales deben ser flexibles de manera que exista la evolución -no poca cosa, como sabrán comprender- es dejado de lado por la interpretación derechista de Hayek.

El “olvido” es grave, además, cuando no estamos diciendo que este párrafo esté en otra obra, o siquiera esté en otro capítulo, sino que está en el mismo capítulo citado por Contreras y Laje, entre medio de los dos párrafos que ellos mismos destacan.

El contenido de las normas morales

¿Ahora cuál es el contenido de estas normas que los conservadores quieren conservar y que creen que Hayek también se mostraría a favor de hacerlo? En el libro de Contreras se hace una explícita defensa de la familia tradicional, y del matrimonio heterosexual, descartándose el matrimonio igualitario y la adopción homoparental.

Para Alejandro Bermeo, quien intercambia con Laje en el video citado, “los placeres carnales” y “la masturbación” son también condenables. Sostiene que:

“Una sociedad que hoy se mueve hacia el ocio y el entretenimiento, hacia el lujo excesivo y el derroche, hacia los placeres carnales y el hipismo, hacia la drogadicción, el libertinaje sexual, el porno y la masturbación, en pocas palabras, hacia la inmoralidad o si se prefiere, el «pecado», no puede sostenerse.”

Extraño caso. Ni el lujo excesivo, ni la masturbación, ni el hipismo son objetos del oprobio social. Mucho menos, últimamente, lo son las uniones de parejas del mismo sexo, ni la adopción gay. Y mucho menos aún lo son dentro de la comunidad de autodefinidos “libertarians”.

De acuerdo con el sitio de encuestas ISideWith, el 91% de los libertarios está a favor de la legalización del matrimonio entre parejas del mismo sexo, mientras que el 89% está a favor de que las parejas gay puedan adoptar.

¿Serán todos estos falsos liberales? ¿Constructivistas anti-hayekianos?

La respuesta es rotundamente negativa, y se desprende de las propias palabras de Hayek, quien consideraba que gracias a que las normas morales tenían diferentes grados de observancia, era posible la experimentación y el cambio.

El caso de la minifalda y las modelos transgénero

Poco tiempo atrás, en una clase de Historia del Pensamiento Económico donde soy auxiliar del Dr. Martín Krause, él graficó el asunto con el ejemplo de la minifalda. Es que allá por los años ‘60 estaba muy mal visto que las mujeres utilizaran dicha prenda “revolucionaria”. Sin embargo, individuos que “se sintieron en posesión de razones suficientemente fuertes para desafiar la censura de sus conciudadanos” comenzaron a utilizar minifalda, popularizando posteriormente su uso y creando una nueva norma moral sin ningún socialismo ni constructivismo como consecuencia. 

Lo mismo podríamos decir entonces de que las publicidades de las marcas más conocidas del planeta apelen a temáticas LGTB, o que Jari Jones fuera elegida por Calvin Klein para su campaña del año 2020.

Al no ver el oprobio, sino más bien el aplauso de gran parte de la sociedad y especialmente de empresas que han logrado éxito en la plena competencia capitalista, el derechista se frustra y denuncia decadencia moral (y acusa a lobbies) por la pérdida de los valores tradicionales. Pero es discutible que Hayek -a juzgar por sus propias palabras- se hubiese opuesto a estas manifestaciones y nuevas tendencias.

Más adelante en este mismo capítulo, el Premio Nobel de economía afirma que:

“Desde luego, las consideraciones precedentes no prueban que todas las creencias morales que se han desarrollado en la sociedad sean beneficiosas”.

Y concluye:

“Ninguna de estas conclusiones son argumentos contrarios al uso de la razón, sino a la utilización exclusiva de la misma por el gobierno y sus poderes coactivos; no son argumentos contra la experimentación, sino contra todo poder exclusivo y monopolístico de experimentar en un campo particular, poder que no concede alternativa y del que se deduce la pretensión de hallarse en posesión de una sabiduría superior.”

Tradición sí, pero no cualquiera

Es que lo que preocupaba a Hayek no era cualquier “valor tradicional” o norma moral coyuntural, sino aquellas que habían probado su utilidad para la preservación de un orden civilizado. Y esto poco tenía que ver con los hábitos íntimos de las personas, sino más bien con el respeto por la propiedad y la esfera de libertad de los otros.

Graficando el tema, en el capítulo II de su obra “Derecho, Legislación y Libertad”, sostiene que:

“Del mismo modo, es evidente que en la sociedad algunos comportamientos perfectamente regulares de los individuos sólo pueden producir desorden: si la regla fuera que todo individuo debería tratar de liquidar a cualquiera que se encuentre por la calle, o huir apenas ve a algún otro, el resultado sería con toda evidencia la completa imposibilidad de un orden en que las actividades de los individuos se basan en la colaboración con los otros.”

Para concluir, la tradición importa. Por ejemplo, la tradición de no matar, no robar, asociarse con terceros para mejorar la productividad, y ser dueño tanto de ganancias como pérdidas, son valores que han hecho del sistema capitalista el más eficaz para producir riqueza y reducir la pobreza de la historia de la humanidad.

Pero no cualquier tradición debe ser respetada. Es importante que haya espacio para desafiar ciertas tradiciones -siempre y cuando no se violenten en el camino derechos de terceros- para poder avanzar en mejoras sociales, tanto económicas como las que hacen a la plenitud de la vida individual. 

A veces pienso que si fuera por los conservadores y su interpretación de Hayek, aún deberíamos intercambiar con trueque y sin dinero. Pero eso ya no sería una mala interpretación del autor, sino prácticamente ir en contra de lo que verdaderamente dijo y pensaban él y todos sus antecesores y seguidores en la tradición liberal de pensamiento económico y político.

 

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Comentarios

  1. Gabriel Zanotti

    Sábado 26 de diciembre de 2020 a las 2:38 pm

    Creo que diversos intérpretes de Hayek deben reconocer que su postura, sobre la tradición, el common law, sus referencias a Burke, etc., dan para interpretaciones diversas. Eso es todo. Y en este caso como en muchos otros, las circunstancias históricas de cada autor no dan para saber qué hubiera pensado hoy………………..

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    • Iván Carrino

      Lunes 28 de diciembre de 2020 a las 8:36 am

      Gracias Gabriel!

      Me pregunto si dan para *ciertas* interpretaciones. Y me pregunto también si omitir párrafos que están tan cerca de los usualmente mencionados es solamente una diferencia de interpretación. Por último, creo que la interpretación de la derecha debería poder probar -para justificar su interpretación- que la masturbación o la homosexualidad son productos del racionalismo cartesiano. Esa empresa creo que es imposible.

      Abrazo!

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  2. Tito Hudson

    Lunes 28 de diciembre de 2020 a las 8:59 pm

    Tres errores en los que incurre Laje constantemente

    Primero: si hablamos de “subjetivismo” (cada quien percibe lo que quiere) se puede advertir fácilmente que las raíces se remontan al extremo empirismo de los pensadores Ilustrados desde Hume, Loke e Incluso hasta el obispo Berkley que con su idealismo afirmaba que si no hubiera ningún oído para oír, no habría “ningún sonido”

    Segundo: la teoría de las minorías que tanto desprecia se remontan a la obra “Una Carta Sobre La Tolerancia”. La carta de Locke ofrece expresión en favor de las minorías (en ese entonces religiosas) en innumerables constituciones que de hecho han sido los fundamentos del principio Liberal desde su fundación y que como se sabe, se han aplicado en muchos países de alta libertad económica favoreciendo a minorías raciales, de identidad, étnicas, etc. (es decir que va mas allá de la dicotomía Estado vs Mercado)

    Tercero y fundamental: sobreponer el principio liberal cultural, al de mercado, es contradecir el núcleo del pensamiento. Es decir, el capitalismo liberal es un modo revolucionario que constantemente transforma todos los aspectos de la sociedad: en otras palabras, enemigo de la tradición (y esto ya lo advertía Chesterton y Scruton). Por lo tanto no se puede avalar el tradicionalismo que defiende Laje al mismo tiempo que apoya un sistema que hace que “todo lo sólido se derrita en el aire”. De modo que si se desea argumentar que el relativismo posmoderno es consecuencia del multiculturalismo, lejos de culpar a Marx y sus secuaces, sería necesario empezar por analizar con mayor detenimiento los principios liberales de la Ilustración (y sobre todo la tolerancia que se fomenta en ellos), ya que es desde ahí donde se desprende tanto la emancipación de minorías como el quiebre de los convencionalismos tradicionalistas

    Lo que creo que realmente le duele a Agustín es no reconocer cuando se transforma la Historia y cuando se detiene la suya, la ortodoxa. Ya se que este sistema ha traído tantos beneficios como contradicciones, pero si en el camino por descubrir si es el “mejor de los mundos posibles”, no dejamos espacio para que otras perspectivas (o minorías) se sumen a la búsqueda, jamas vamos a poder avanzar un proyecto en común!

    PORQUE UN BUEN LIBERALISMO EN MANOS DE UN MAL LIBERALISTA, NO ES MAS QUE OTRO TOTALITARISMO DISFRAZADO

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  3. Jesús luviano

    Viernes 15 de enero de 2021 a las 12:33 pm

    Tito Hudson, tras leer tu comentario y tu conclusión de que un buen liberalismo en manos de un mal liberal es un autoritarismo disfrazado solo es una prueba más de que elbliberalismo, al.igual que el marxismo, no son más que abstracciones muy lógicas, bien construidas, fundamentadas, pero inaplicables en el mundo real pues el ser humano ni es racional puramente ni es irracional puramente además de partie de una Concepción antropológica muy específica e irreal.

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  4. Javier Rozas

    Martes 16 de febrero de 2021 a las 8:34 pm

    Hola Iván, nos conocimos en una reunión en Chile. Creo que hay dos cosas que hay que precisar respecto de tu interesante columna, aunque ellas se pueden deber a que las columnas son generalmente cortas. No vamos a hacer una defensa de Laje y los demás en esto, y obviamente tienes razón en los procesos evolutivos de la tradición. Sin embargo:
    1. Que las tradiciones que son útiles no son sólo las que defienden a la propiedad y las esferas de libertad (sin perjuicio que hay una clara tendencia a la defensa de estos valores), sino que el concepto que usa Hayek es mucho más preciso: normas de recta conducta que permiten el mejor uso del conocimiento disperso en procesos colaborativos. Así se puede explicar instituciones como que los contratos tengan determinadas formas de perfeccionarse, obligaciones de los padres a hijos, etc.
    2. Yo no me atrevería a decir que Hayek no era de derecha. Evidentemente no era conservador, eso no está en discusión, pero su apoyo a Thatcher y a otros líderes considerados de derecha en su tiempo es manifiesto. Una lectura de su pensamiento sistemático y de su propia vida dan más luces respecto de este punto.

    Quisiera saber tu opinión de estas impresiones que tengo. Tal vez se deben a que las columnas tienden a ser cortas ;)

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    • Iván Carrino

      Viernes 19 de febrero de 2021 a las 9:57 am

      Hola Javier, realmente no veo puntos relevantes que modifiquen en algo lo que estoy diciendo. En primer lugar la idea de Hayek que resumes en el punto 1 no la discuto pero tampoco digo nada muy distinto en mi entrada. En segundo lugar, haber apoyado (cómo, en qué forma, con cuánta militancia, en todo o en parte?) a un Primer Ministro no convierte a alguien en un seguidor ciego de dicha persona, así que concluir que porque “apoyó” (de nuevo, cómo, con qué reparos, etc) a Tatcher, entonces sí era de derecha, me parece mucho.

      En cualquier caso, mi punto en la nota es que quienes desde la derecha quieren usar a Laje para justificar su homofobia, nacionalismo o superioridad religiosa hacen una lectura incorrecta y sesgada de él.

      Saludos.

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  5. Aldo

    Miércoles 17 de febrero de 2021 a las 1:34 am

    Me parece que omitir o no esos párrafos en nada afecta las conclusiones de Laje y Bermeo… Al final de cuentas el matrimonio es propiedad de la iglesia que se apropió el estado… Los liberales deberían respetar la propiedad de la iglesia y ponerle otro nombre a la unión homoparental sin llamar al estado a que los case… De hecho lo menos liberal que puede haber es llamar al estado a quebrantar la propiedad y mucho menos para darle beneficios a uniones arbitrarias…

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