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	<title>Iván Carrino &#187; proteccionismo</title>
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		<title>El llanto de los empresarios prebendarios</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Mar 2018 11:00:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[ivancarrino]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Comercio Internacional]]></category>
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		<description><![CDATA[Cuando se sacan el casete, algunos funcionarios dicen cosas interesantes. El Tango es una de esas cosas que rápidamente las personas asocian con lo argentino, el país, y la cultura nacional. A mí, que no soy muy seguidor de ese tipo de música, suele pasarme que me encuentro con extranjeros y me comentan lo mucho [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><strong>Cuando se sacan el casete, algunos funcionarios dicen cosas interesantes.</strong></p>
<p style="text-align: center;"><span id="more-3199"></span></p>
<p><!--more--></p>
<p>El Tango es una de esas cosas que rápidamente las personas asocian con lo argentino, el país, y la cultura nacional.</p>
<p>A mí, que no soy muy seguidor de ese tipo de música, suele pasarme que me encuentro con extranjeros y me comentan lo mucho que les gusta este género del arte… Por lo general, respondo con una sonrisa, como diciendo: “ah, mirá vos, seguro vos sabés del tema mucho más que yo”.</p>
<p>Es cierto, no sé mucho de Tango, pero hay uno que es muy famoso y que dice algo así como:</p>
<blockquote><p><em>Siglo veinte, cambalache, problemático y febril. El que no llora no mama y el que no roba es un gil.</em></p></blockquote>
<p>¿Definen estas palabras a la Argentina? Si respondemos afirmativamente, seguro estamos exagerando. Sin embargo, a algunos sectores empresarios, políticos y sindicales, sin duda que <strong>la descripción les sienta a la perfección</strong>.</p>
<p>De hecho, el “llanto de los industriales” fue la música que sonó durante toda la semana pasada.</p>
<h3><strong>Funcionario sin casete</strong></h3>
<p>En los años previos a la llegada de Cambiemos,  los argentinos estábamos acostumbrados a las peleas diarias entre el gobierno y los empresarios. El kirchnerismo, en su momento, acusaba a los hombres de negocios por subir los precios, crear inflación, e incluso por subir el precio del dólar.</p>
<p>Con la llegada de Macri, este tipo de peleas parece haber quedado atrás. Es que el equipo de gobierno del PRO siempre realza su voluntad de “diálogo” con “todos los sectores” y su buena predisposición para discutir “todos los temas”.</p>
<p>Ahora bien, hace unos días, la paz y <strong>la onda Feng Shui se cortó de manera súbita</strong>.</p>
<p>Es que tras la queja de un empresario de la alimentación por el fuerte crecimiento de las <strong>importaciones de tomate enlatado</strong>, el Ministro de la Producción, Francisco Cabrera, se sacó el “casete” y respondió con ímpetu:</p>
<blockquote><p><em>Que se dejen de llorar y que se pongan a invertir y a competir. El gobierno no castigará a todo el pueblo para enriquecer a empresas grandes</em></p></blockquote>
<p>¡Al fin! Al fin alguien responde a un reclamo anti-importador de manera tajante y sin acudir al aburrido libreto de lo <strong>políticamente correcto</strong>.</p>
<p>Es que muchos empresarios –no todos–  el único recurso que tienen a mano es lo que reza el tango de Gardel, llorarle al gobierno para que cierre las importaciones y les dé créditos blandos.</p>
<p>¿Sólo así puede competir nuestra sagrada industria nacional?</p>
<p>Este reclamo escuchado una  y otra vez hace más de 50 años se disfraza con el argumento de que es necesaria una <em>política industrial.</em> La verdad es que esa política no es otra cosa que más subsidios y proteccionismo, <strong>políticas que pagan todos los argentinos para favorecer al sector elegido a dedo por el poder</strong>.</p>
<p>Así que bien por Cabrera, los empresarios prebendarios tienen que dejar de llorar y ponerse a competir. Ahora para eso, claro, hay que abrir la economía.</p>
<h3><strong>Tres beneficios de importar</strong></h3>
<p>Cuando se habla de abrir la economía, empresarios, sindicatos y políticos demagogos se apresuran a gritar todos los potenciales riesgos de permitir aunque sea un clavo de compras externas. Que se van a perder puestos de trabajo, que nos vamos  a quedar sin dólares, o que se va a disparar el rojo de la balanza comercial…</p>
<p>Lo que no dicen, sin embargo, son los potenciales beneficios de ser un  país abierto e integrado al mundo.</p>
<p>Veamos algunos de ellos.</p>
<p><strong>Más importaciones generan mayor cantidad de bienes a menores precios: </strong>imaginemos si en nuestro barrio sólo tuviéramos un supermercado en el cual comprar nuestros víveres. Si, de un día para el otro, la cantidad de supermercados se cuadruplica, la mayor competencia haría bajar los precios, mejoraría la calidad y ampliaría la variedad de productos para comprar. Claro,  el primer supermercadista seguro estaría muy preocupado, pero los consumidores se beneficiarían enormemente.</p>
<p><strong>Más importaciones reducen los costos de producción y benefician a las empresas: </strong>Contrariamente a lo que se cree, las empresas en Argentina y en el mundo también son consumidoras, por lo que los mejores precios y calidades que pueden conseguir en el mercado mundial potencian su propia producción. Esto en Argentina es todavía más marcado. En el año 2017, 76% de las compras al extranjero fueron insumos de producción, por lo que es evidente que si hubiese menos trabas al comercio, menores serían los costos que deberían enfrentar las empresas en el país.</p>
<p><strong>Más importaciones promueven la eficiencia y la innovación. </strong>Los países más abiertos al comercio son 5 veces más ricos que los cerrados. Una economía más abierta implica mayor competencia, lo que incentiva el dinamismo y la creatividad de los empresarios para servir mejor a los consumidores.</p>
<h3><strong>País cerrado</strong></h3>
<p>Vistos los beneficios de abrirse al mundo y recibir con los brazos abiertos a las importaciones, cabe preguntarse si Argentina tiene una economía abierta. Después de todo, si el gobierno les pide a los empresarios que compitan, tendrán que hacerlo contra alguien, ¿no?</p>
<p>Paradójicamente, el caso es que los empresarios nacionales no tienen mucha competencia extranjera. Es que <strong>Argentina se encuentra entre los países más cerrados del mundo al comercio global.</strong></p>
<p>Si miramos el monto de las importaciones sobre el PBI, por ejemplo, vemos que estamos en el puesto 213 sobre un total de 215 países analizados por el Banco Mundial. Ahora como este indicador no es el mejor para mostrar el grado de apertura, miremos mejor las tarifas aduaneras.</p>
<p>Si analizamos los números de los aranceles, veremos que tenemos las barreras arancelarias más altas del continente.</p>
<p><img class="aligncenter" alt="" src="https://contraeconomia.com/wp-content/uploads/2018/03/2018.03.15.png" width="596" height="386" /></p>
<p>Ponderada por el volumen de comercio, las tarifas aduaneras de Argentina son más altas que en Brasil, Ecuador, Paraguay, Colombia, Chile, México y otros países americanos. Es <strong>difícil que haya “avalanchas importadoras”</strong> en este escenario.</p>
<p>Un último dato a considerar: mientras Chile y Estados Unidos tienen 21 y 14 Tratados de Libre Comercio respectivamente, Argentina tiene solo 5, y todos consensuados con el resto del Mercosur.</p>
<p>Argentina es una de las economías más cerradas al comercio del planeta. Y, sin embargo, hay quienes aún se quejan de las importaciones.</p>
<p>No sé si hay que responderles que son unos llorones, pero sin dudas que <strong>se deben hacer oídos sordos a este tipo de reclamos</strong>. El proteccionismo nos acompaña hace décadas y es una de las causas principales de nuestra decadencia.</p>
<p>Publicado originalmente en <a href="https://contraeconomia.com/2018/03/el-llanto-de-los-empresarios-prebendarios/">Contraeconomía</a>.</p>
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		<title>El sinsentido de las Guerras Comerciales</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Mar 2018 10:30:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[ivancarrino]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Comercio Internacional]]></category>
		<category><![CDATA[Contraeconomía]]></category>
		<category><![CDATA[acero]]></category>
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		<description><![CDATA[Donald Trump revive teorías que siempre terminaron en mayor pobreza. En el colegio nunca me enseñaron qué era un oxímoron. Tampoco en la universidad. La primera vez que leí esa palabra, de hecho, tuve que preguntarle a mis padres: ¿qué quiere decir esto? Ahí fue cuando me explicaron que oxímoron es cuando se juntan dos [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><strong>Donald Trump revive teorías que siempre terminaron en mayor pobreza.</strong></p>
<p align="center"><span id="more-3180"></span></p>
<p>En el colegio nunca me enseñaron qué era un oxímoron. Tampoco en la universidad. La primera vez que leí esa palabra, de hecho, tuve que preguntarle a mis padres: ¿qué quiere decir esto?</p>
<p>Ahí fue cuando me explicaron que oxímoron es cuando se juntan dos palabras que, en realidad, quieren decir cosas exactamente opuestas. Ejemplos de ello pueden ser “el fuego que enfría”, “un instante eterno” o bien, para adaptarlo a nuestra realidad política, “el peronismo liberal” y “el capitalismo marxista”.</p>
<p>Ahora bien, recientemente ha vuelto a las tapas de los diarios otro oxímoron que tiene décadas de antigüedad. Se trata de la famosa idea de la <b>Guerra Comercial</b>, que revivió de las cenizas el demagógico presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.</p>
<p>Los conceptos de “guerra” y de “comercio” están tan alejados, que <b>decir que hay que hacer una Guerra Comercial es casi lo mismo que decir que hay que hacer una Guerra del Amor</b>: ¿Qué sería eso?</p>
<p>Guerra y comercio son conceptos tan opuestos que el mundo comenzó a civilizarse cuando reemplazó uno por otro. Es decir, cuando dejó de hacer la guerra y descubrió las ventajas de los intercambios voluntarios.</p>
<h3><b>Contra el Acero y el Aluminio</b><b> </b></h3>
<p>La semana pasada, Donald Trump anunció que impondrá aranceles a las importaciones de acero (25%) y de aluminio (10%).</p>
<p>Al hacerlo, no dejó falacia por mencionar.</p>
<p>De acuerdo con Trump:</p>
<blockquote><p><i>Cuando un país pierde miles de millones de dólares en el comercio con casi cualquier país con el que comercia, las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar. Por ejemplo, cuando estás USD 100 mil millones abajo con un país y éste se hace el lindo, dejamos de comerciar y ganamos a lo grande.</i></p></blockquote>
<p>¿De qué está hablando?</p>
<p>A lo que se refiere el presidente norteamericano es al <b>déficit comercial </b>que Estados Unidos tiene con otros países. Un déficit comercial aparece cuando el valor de las importaciones excede el valor de las exportaciones.</p>
<p>Es decir, cuando EE.UU. envía más dólares a un tercer país por la compra de importaciones de lo que ese país envía a EE.UU. por el mismo concepto.</p>
<p>Ahora bien, considerar esto un problema y una “pérdida” para la economía es sencillamente ridículo.</p>
<p>Imagínese que un médico lleva todos los años su auto al mecánico. A lo largo del año, detecta que gasta por pagarle a su mecánico USD 2.000. Indagando en los números, también detecta que el mecánico no gasta un solo peso en contratar los servicios que ofrece este médico.</p>
<p>Pensando y pensando llega  a la siguiente conclusión:</p>
<blockquote><p><i>Estos mecánicos sinvergüenzas se llevan todo mi dinero y a mí no me vienen a ver ni para tomarse la presión. Esto se acaba aquí: no llevo más mi auto para que lo revisen.</i></p></blockquote>
<p>De proceder así, naturalmente, el médico dejará de ver al mecánico y la historia terminará con el auto totalmente destartalado.</p>
<p>Es que, obviamente, las personas tenemos “déficits comerciales” con el mecánico, el peluquero o el almacenero de manera permanente, pero la contracara de esos déficits son los servicios y productos que estos negocios nos proveen.</p>
<p><b>En el comercio siempre ganan ambas partes. Algunos ponen el dinero, y otros entregan los bienes. </b>Y dado que cada parte de la transacción valora más lo que recibe que lo que entrega, el comercio beneficia a los dos. No hay ninguna “Guerra”, sino un pacífico acuerdo voluntario que a todos mejora.</p>
<p>Ahora bien: ¿puede darse el caso que tengamos un déficit comercial con todas nuestras contrapartes? Sí. En dicho caso, gastamos más de lo que nos ingresa, pero porque estamos endeudándonos. O sea que <b>alguien nos está financiando porque confía en nuestra capacidad e repago</b>.</p>
<p>Lo mismo aplica a los países. Y es por eso que EEUU tiene déficit comercial hace más de 40 años. Porque son <b>miles de millones de dólares los que llegan para invertir y dar créditos en Estados Unidos</b>. La contracara de ese financiamiento es un consumo que supera la producción local y, por tanto, un déficit comercial.</p>
<p>Ningún problema ahí.</p>
<h3><b>Proteccionismo al revés</b></h3>
<p>Las políticas proteccionistas de gravar con impuestos a las importaciones reciben ese nombre porque –supuestamente- protegen a alguien dentro del país anti-importador.</p>
<p>Efectivamente: si se impone un arancel a la importación de acero, las empresas de acero tendrán menos competencia y podrán subir sus precios, subiendo a su vez los salarios de sus empleados o bien contratando más trabajadores.</p>
<p>Trump, de hecho, apunta precisamente a eso:</p>
<blockquote><p><i>Debemos proteger a nuestro país y a nuestros trabajadores. Nuestra industria del acero está mal. SI NO TENEMOS ACERO, NO TENEMOS PAÍS.</i></p></blockquote>
<p>Aquí aparecen dos nuevas falacias.</p>
<p>La primera es que <b>se está ocultando el costo al cual se va a proteger a los trabajadores y empresarios del acero o el aluminio</b>. Obviamente, sabemos que el costo a pagar por dicha protección será un precio más alto por esos bienes. Pero otra consecuencia nefasta del proteccionismo es que afecta a otras ramas de la producción</p>
<p>Anheuser-Busch, la mayor productora de cerveza del mundo, con sede en Missouri, ya advirtió que no solo habrá que pagar USD 347 millones más por el consumo de cerveza, sino que <b>las trabas contra el aluminio amenazan nada menos que 20.000 puestos de trabajo en la industria cervecera</b>.</p>
<p>El <b>proteccionismo no protege los puestos de trabajo, sino algunos puestos en detrimento de otros</b>.</p>
<p>La segunda falacia es la afirmación sobre el acero. “Sin acero no tenemos país”, dice Trump. La realidad, sin embargo, es que Estados Unidos no atraviesa una escasez de acero. Todo lo que necesita, lo obtiene a los precios de mercado, que son bajos producto de que se tiene una economía abierta.</p>
<p>Paradójicamente, el arancel del 25% es el que creará la escasez de acero, que deberá suplirse a precios más altos con producción local. Lo que quiere Trump no es que haya más acero (que no escasea), sino más acero “Made in USA”, lo que se logrará al costo de <b>precios más altos y mayor ineficiencia económica</b>.</p>
<p>Con sus políticas proteccionistas, Donald Trump demuestra que desconoce la naturaleza de los intercambios y las ventajas de la especialización. Es una pena, el proteccionismo siempre termina en mayor pobreza y <b>las guerras comerciales no las gana nadie, sino que perdemos todos</b>.</p>
<p>Publicado originalmente en <a href="https://contraeconomia.com/2018/03/el-sinsentido-de-las-guerras-comerciales/">Contraeconomía</a>.</p>
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		<title>Tres simples principios de Comercio Internacional</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Jan 2018 00:29:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[ivancarrino]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[comercio exterior]]></category>
		<category><![CDATA[comercio internacional]]></category>
		<category><![CDATA[Douglas Irwin]]></category>
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		<description><![CDATA[Un impuesto a la importación es un impuesto a la exportación, las empresas también son consumidores y los desequilibrios de cuenta corriente son el resultado de los flujos de capitales. Douglas Irwin es profesor de Economía en Darmouth College, una de las universidades más prestigiosas de los Estados Unidos. Su área principal de estudios es [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><strong>Un impuesto a la importación es un impuesto a la exportación, las empresas también son consumidores y los desequilibrios de cuenta corriente son el resultado de los flujos de capitales.</strong></p>
<p style="text-align: center;"><span id="more-3004"></span></p>
<p>Douglas Irwin es profesor de Economía en Darmouth College, una de las universidades más prestigiosas de los Estados Unidos. Su área principal de estudios es el comercio internacional, temática sobre la que publicó numerosos libros y trabajos académicos.</p>
<p>Todos los años, después de dictar 10 clases de un curso de Economía Internacional, Irwin busca resumirlo para que sus alumnos se lleven a sus casas al menos <a href="https://www.google.com.ar/url?sa=t&amp;rct=j&amp;q=&amp;esrc=s&amp;source=web&amp;cd=13&amp;cad=rja&amp;uact=8&amp;ved=0ahUKEwiCouOW2NjYAhVIi5AKHWIWBF8QFghZMAw&amp;url=https%3A%2F%2Fwww.aei.org%2Fwp-content%2Fuploads%2F2014%2F04%2F-three-simple-principles-of-trade-policy_142937157317.pdf&amp;usg=AOvVaw1v6w4COF5iHM89lOoYaupQ"><b>3 principios simples de política comercial</b></a>.</p>
<p>Así que dado que recientemente terminamos de dictar, junto con Marcos Hilding Ohlsson, nuestro <a href="http://www.eseade.edu.ar/educacion-y-cs-politicas/maestria-en-economia-y-ciencias-politicas-mecp/">curso de Economía Internacional en ESEADE</a>, resumiré esos tres principios y los ilustraré con datos actualizados de Argentina para que estén disponibles al público local.</p>
<p>Los principios son los siguientes:</p>
<p style="padding-left: 60px;"><b>1)      </b><b>Un impuesto a las importaciones es un impuesto a las exportaciones</b></p>
<p style="padding-left: 60px;"><b>2)      </b><b>Las empresas también son consumidores</b></p>
<p style="padding-left: 60px;"><b>3)      </b><b>Los desequilibrios comerciales dependen de los flujos de capitales</b></p>
<p>Analicemos uno por uno.</p>
<h3><strong>Un impuesto a las importaciones es un impuesto a las exportaciones</strong></h3>
<p>En el eterno debate proteccionismo versus libre comercio, la primera mirada suele argumentar que el mercado interno debe protegerse. El gobierno debe imponer aranceles u otras barreras burocráticas de manera de impedir el ingreso de productos importados. Eso les da espacio a los productores locales para crecer, fabricando lo que, de otra forma, se le compraría al extranjero.</p>
<p>El argumento proteccionista no tiene pocos detractores. Nada menos que Adam Smith y David Ricardo se opusieron a sus postulados, destacando los beneficios del intercambio.</p>
<p>Más recientemente, otro economista aportó un argumento crucial en el debate sobre los aranceles a la importación. El moldavo Abba Lerner, egresado de la London School of Economics, escribió un trabajo que tituló “<a href="https://www.jstor.org/stable/2549223">The Symmetry between Import and Export Taxes</a>”.</p>
<p>Allí argumentó que existía una simetría (que luego se conocería como Simetría de Lerner) entre gravar las importaciones y gravar las exportaciones. <b>De acuerdo con Lerner, frenar las compras externas es, entonces, equivalente a detener las ventas al extranjero</b>.</p>
<p>Irwin explica esto en sus principios, y sostiene que:</p>
<blockquote><p><i>El motivo fundamental de esta verdad es que la exportaciones son la contracara de las importaciones. Las exportaciones son necesarias para generar ingresos que paguen por las importaciones.</i></p>
<p><i>(…)</i></p>
<p><i>A cierto nivel, la idea de que los impuestos a las importaciones reducirán las exportaciones es simple y directa: <b>si los países extranjeros no pueden venderle bienes a nuestro país, por ejemplo, entonces no tendrán el dinero necesario para comprar bienes fabricados por nosotros</b>.</i></p></blockquote>
<p>Otra manera de ver esta relación estrecha entre importaciones y exportaciones es el tipo de cambio. Si, para proteger a los fabricantes locales impone el gobierno un arancel a la importación, entonces el mercado cambiario tendrá ahora una menor demanda para la moneda extranjera.</p>
<p>Dado que los locales no pueden comprar determinadas importaciones (o pueden comprar menos que antes producto del impuesto), entonces demandarán menos dólares, haciendo que el tipo de cambio baje. Ahora un tipo de cambio bajo afecta las exportaciones, ya que restan ingresos a ese sector, presionando la rentabilidad.</p>
<p>Lo inverso también es cierto. Asumiendo inflación cero, un aumento de las importaciones presiona al alza la demanda de dólares y también el tipo de cambio real, lo que estimula las exportaciones producto de la mayor rentabilidad exportadora.</p>
<p>Los datos avalan esta teoría. Si miramos los números que Irwin ofrece para los Estados Unidos (Figura 1, en su trabajo original), constatamos que las importaciones y las exportaciones se mueven de forma muy similar a lo largo de un muy extenso período histórico.</p>
<p>Sin sorpresas, en Argentina sucede lo mismo.</p>
<p><b>Gráfico 1. Importaciones y exportaciones en % del PBI. </b></p>
<p><a href="https://www.ivancarrino.com/wp-content/uploads/2018/01/irwin1.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-3010" alt="irwin1" src="https://www.ivancarrino.com/wp-content/uploads/2018/01/irwin1.png" width="537" height="358" /></a></p>
<p><i>Fuente: Iván Carrino en base a OJF, INDEC y Banco Mundial.</i></p>
<p>En el gráfico de arriba se ve con claridad que <b>las exportaciones y las importaciones están íntimamente ligadas  y que, cuanto mayor es el valor de las primeras, mayor es el valor de las segundas</b>. Lo mismo sucede a la inversa: a menos importación menos exportación.</p>
<p>Exportaciones e importaciones son dos caras de la misma moneda. Castigar una implica necesariamente castigar a la otra, tal como explicó formalmente Abba Lerner en 1936.</p>
<h3><strong>Las empresas también son consumidores</strong></h3>
<p>Adam Smith sostenía que:</p>
<blockquote><p>El consumo es el único fin de toda producción; y los intereses de los productores deben ser atendidos solo hasta el punto en que sea necesario para promover el de los consumidores (…) Pero en el sistema mercantilista, el interés del consumidor casi constantemente se ve sacrificado por el del productor, y parece que se considera a la producción, y no al consumo, como el fin último y objeto de toda industria y comercio.</p></blockquote>
<p>Así, para el beneficio de los consumidores, el padre del Libre Comercio sostendría que lo que resulta sensato en el seno de la familia, difícilmente puede ser una tontería en el contexto de un Gran Reino. Se refería, por supuesto, a la “insensata” idea de cerrarse a las importaciones, ya  que en una familia uno no vería como una buena idea dejar de comprar en el supermercado para “producirlo uno mismo”.</p>
<p>El “argumento del costo para los consumidores” del proteccionismo, como lo llama Irwin, fue perfeccionándose con el correr de la historia y hoy se estudia en cualquier manual de Economía Internacional.</p>
<p>Sabemos que los impuestos a la importación encarecen los productos importados y también aquellos que son producidos localmente pero compiten con la importación, generando pérdidas para los consumidores que no son recuperadas ni por los productores ni por el gobierno que cobra dichos impuestos.</p>
<p>El arancel, como hemos visto en este curso, genera una  pérdida social neta, y perjudica a la economía porque el consumidor debe pagar más caro por el bien de lo que pagaría en otra circunstancia.</p>
<p>Ahora bien, si nadie cuestiona este hecho: ¿por qué es que todavía hay tantas tentaciones proteccionistas?</p>
<p>Para Irwin, el problema radica en que el argumento del costo para los consumidores no resulta del todo efectivo.</p>
<p>Es decir, no es que no sea cierto, pero a la hora del debate político, parece que no tiene la fuerza necesaria para imponerse.</p>
<p>De acuerdo con Irwin:</p>
<blockquote><p><i>Los puestos de trabajo son vistos en la arena política como mucho más importantes que el bienestar de los consumidores. Si la cuestión se reduce a preservar algunos cientos de puestos de trabajo en alguna industria o a ahorrarle a los consumidores algunos cientos de dólares, la política de restricción de las importaciones se impondrá siempre.</i></p></blockquote>
<p>A la luz de lo que sucede en la “industria” de Tierra del Fuego o en el sector textil o de electrodomésticos en Argentina, podemos verificar que algo de esto efectivamente existe.</p>
<p>El profesor de Darthmouth también llama la atención a <b>un argumento muy escuchado por nuestros lares</b>, que es que si la apertura comercial genera el desempleo que los proteccionistas dicen que generará, entonces los consumidores no tendrán ingresos, porque no tendrán trabajo, así que no habría ninguna mejora para ellos por los precios más bajos que podrían venir desde afuera.</p>
<p>En este contexto, la protección que encarece los bienes de consumo sería un “pequeño” precio a pagar por mantener los niveles de empleo.</p>
<p>El argumento es erróneo y está empíricamente demostrado que es así, pero Irwin propone evitar dicho debate y <b>mejorar el argumento del costo para los consumidores, aumentándolo</b>.</p>
<p>Así, a los efectos de reforzar el argumento en el debate político, <b>a la cuestión del costo para los consumidores hay que añadirle una simple frase: que las empresas también son consumidoras</b>.</p>
<p>¿Qué quiere decir esto? Que, dado que las empresas, que son las que contratan mano de obra, también son consumidores, una traba a la importación hace que éstas deban pagar costos más altos. Si deben pagar costos más altos, menor será su rentabilidad y, finalmente, menor su capacidad para contratar empleados.</p>
<p>O sea que una traba a la importación puede beneficiar a una industria particular que ahora tendrá menos competencia, pero no solo implicará un costo para los consumidores, sino también para otras industrias que utilizan los insumos importados. La consecuencia, entonces, es que <b>la ganancia de empleo en una industria particular se dará a costa de la pérdida de empleo en otra industria específica</b>.</p>
<p>Los datos de la realidad dan apoyo a esta teoría. En Estados Unidos, por ejemplo, más del 60% de las importaciones son bienes intermedios y materias primas que son insumos para la producción.</p>
<p><b>Cuadro 1. Importaciones por uso económico en Argentina.</b></p>
<table width="100%" border="0" cellspacing="0" cellpadding="0">
<tbody>
<tr>
<td width="10%"></td>
<td width="10%">
<p align="center">Bienes de capital</p>
</td>
<td width="13%">
<p align="center">Bienes intermedios</p>
</td>
<td width="15%">
<p align="center">Combustibles y lubricantes</p>
</td>
<td width="12%">
<p align="center">Piezas y accesorios para bienes de capital</p>
</td>
<td width="11%">
<p align="center">Bienes de consumo</p>
</td>
<td width="14%">
<p align="center">Vehículos automotores de pasajeros</p>
</td>
<td width="10%">
<p align="center">Resto</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td valign="bottom" width="10%">
<p align="center">1980&#8242;s</p>
</td>
<td valign="bottom" width="10%">
<p align="center">18,8%</p>
</td>
<td valign="bottom" width="13%">
<p align="center">42,7%</p>
</td>
<td valign="bottom" width="15%">
<p align="center">10,0%</p>
</td>
<td valign="bottom" width="12%">
<p align="center">16,7%</p>
</td>
<td valign="bottom" width="11%">
<p align="center">10,5%</p>
</td>
<td valign="bottom" width="14%">
<p align="center">1,0%</p>
</td>
<td valign="bottom" width="10%">
<p align="center">0,5%</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td valign="bottom" width="10%">
<p align="center">1990&#8242;s</p>
</td>
<td valign="bottom" width="10%">
<p align="center">24,7%</p>
</td>
<td valign="bottom" width="13%">
<p align="center">33,3%</p>
</td>
<td valign="bottom" width="15%">
<p align="center">3,2%</p>
</td>
<td valign="bottom" width="12%">
<p align="center">17,0%</p>
</td>
<td valign="bottom" width="11%">
<p align="center">16,8%</p>
</td>
<td valign="bottom" width="14%">
<p align="center">4,8%</p>
</td>
<td valign="bottom" width="10%">
<p align="center">0,1%</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td valign="bottom" width="10%">
<p align="center">2000&#8242;s</p>
</td>
<td valign="bottom" width="10%">
<p align="center">22,5%</p>
</td>
<td valign="bottom" width="13%">
<p align="center">35,8%</p>
</td>
<td valign="bottom" width="15%">
<p align="center">5,8%</p>
</td>
<td valign="bottom" width="12%">
<p align="center">17,5%</p>
</td>
<td valign="bottom" width="11%">
<p align="center">12,8%</p>
</td>
<td valign="bottom" width="14%">
<p align="center">5,4%</p>
</td>
<td valign="bottom" width="10%">
<p align="center">0,3%</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td valign="bottom" width="10%">
<p align="center">2010-16</p>
</td>
<td valign="bottom" width="10%">
<p align="center">18,6%</p>
</td>
<td valign="bottom" width="13%">
<p align="center">28,9%</p>
</td>
<td valign="bottom" width="15%">
<p align="center">13,0%</p>
</td>
<td valign="bottom" width="12%">
<p align="center">20,7%</p>
</td>
<td valign="bottom" width="11%">
<p align="center">11,0%</p>
</td>
<td valign="bottom" width="14%">
<p align="center">7,5%</p>
</td>
<td valign="bottom" width="10%">
<p align="center">0,4%</p>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p><i> </i><i>Fuente: Iván Carrino en base a INDEC</i></p>
<p>En Argentina se verifica la misma situación, incluso de manera más intensa. A lo largo de las últimas 3 décadas y media, las importaciones de bienes listos para el consumo oscilaron entre el 12% y el 22% del total de las compras al extranjero. Es decir que, <b>del total de las importaciones argentinas, entre el 78% y 88% son insumos para producir, tales como bienes intermedios, combustibles o bienes de capital</b>.</p>
<p>¿Qué ganamos restringiendo las importaciones? Que todo nuestro sistema productivo deba pagar más caro estos insumos y, por tanto, tenga menos recursos para invertir y producir en el país.</p>
<p>Finalmente, por proteger las fuentes de trabajo en un sector, la consecuencia no intencionada es una pérdida de fuentes de trabajo en otros sectores y el freno de la actividad productiva.</p>
<p>Como dice Irwin, al ver las importaciones no solo como bienes finales sino como insumos para la producción, los hacedores de política económica deberían poder reconocer más claramente que la cuestión ya no pasa tanto por “proteger puestos de trabajo” sino por los puestos que van a crearse en un sector contra los que se perderán en otro.</p>
<p>Y ahí el argumento de que la protección es un costo a pagar por el empleo se vuelve mucho menos claro.</p>
<h3><b>Los desequilibrios comerciales dependen de los flujos de capitales</b></h3>
<p>Recientemente, en la red social <a href="https://twitter.com/Kicillofok/status/945755743139098624">Twitter</a>, el ex ministro de economía de Argentina, Axel Kicillof, se indignaba por un tema.</p>
<p>Al ver los recientemente publicados datos de la Balanza Comercial, y observar un déficit comercial en “¡RÉCORD HISTÓRICO!” (sic.), reflexionó:</p>
<blockquote><p><i>El gobierno de Macri, además de detonar el mercado interno bajando jubilaciones y salarios y de seguir ahogando pymes y comercios con el tarifazo, destruye la balanza comercial con la apertura indiscriminada.</i></p></blockquote>
<p>Curiosamente, en Estados Unidos sucede algo similar. Su saldo de Balanza Comercial es negativo hace décadas, motivo por el cual el gobierno recibía acusaciones, dado que –según  los críticos- no protege el mercado interno por su política demasiado aperturista. Obviamente, esto comenzó a cambiar a partir de la llegada de Trump, quien ha levantado la bandera de los proteccionistas.</p>
<p>Irwin aborda este tema y destaca las críticas al aperturismo norteamericano. Sin embargo, explica:</p>
<blockquote><p><i>Estados Unidos tiene un mercado más abierto y puede que haya mercados extranjeros más cerrados, pero estos hechos no se manifiestan en la balanza comercial.</i></p></blockquote>
<p>“¿Cómo puede ser?”, se preguntará alguno. Después de todo, si yo abro mis importaciones,  eso debería hacer que mi saldo de balanza comercial empeore, puesto que ahora exporto por el mismo valor pero importo por más que antes…</p>
<p>Ya vimos que esto no es tan así, ya que remover trabas a las importaciones equivale a promover las exportaciones por la Simetría de Lerner.</p>
<p>Entonces, ¿por qué existen los desequilibrios comerciales?</p>
<p>Yendo al contexto local, ¿por qué Argentina va camino a tener un déficit histórico de su cuenta corriente?</p>
<p>Para explicar el asunto Irwin empieza por referirse a la Balanza de Pagos. <b>La Balanza de Pagos reúne todas las transacciones que tiene un país con el extranjero</b> y está formada por dos grandes cuentas. Por un lado, la cuenta corriente. Por el otro, la cuenta capital y financiera.</p>
<p><b>La lección número uno de la Balanza de Pagos es que ésta siempre está en equilibrio</b>. Es decir, la suma de ambas cuentas siempre da cero.</p>
<p>La cuenta corriente refleja el total del comercio de mercancías y servicios. La cuenta capital y financiera refleja todas las transacciones de activos entre países. Como explica el profesor, “dado que la Balanza de Pagos siempre balancea, un país que tiene un déficit de cuenta corriente, debe tener también un superávit en la cuenta financiera”.</p>
<p>Es decir que <b>si uno compra más mercancías de las que vende, entonces por otro lado estará vendiendo más activos de los que compra</b>.</p>
<p>Un ejemplo con un individuo puede ayudar a entender. Si en un año dado, una persona gasta exactamente lo mismo que le ingresa, su “posición neta de activos” no se modificará. Sin embargo, es perfectamente posible que esa persona gaste en compras de bienes y servicios más de lo que ingresó por su trabajo.</p>
<p>¿Cómo haría esto?</p>
<p>De dos formas: o bien tomando deuda con el banco, o bien vendiendo los dólares que tenía debajo del colchón. Ambas maneras están reduciendo la posición neta de activos de la persona. Si se endeuda, su activo neto del pasivo es inferior (porque se incrementó su pasivo); si vende sus dólares, si bien su pasivo no se modifica, su activo cae.</p>
<p>Los países financian sus desequilibrios corrientes de la misma forma. <b>Si existe un déficit de cuenta corriente, entonces la contrapartida será un superávit de la cuenta financiera (el país está endeudándose con el mundo), o bien una caída de las reservas (el país está consumiéndose sus ahorros)</b>. Al contrario, si el país tiene un superávit de cuenta corriente, entonces la contrapartida será un déficit de la cuenta capital y financiera (aumenta la posición neta de activos).</p>
<p>En economía internacional sabemos que las exportaciones menos las importaciones son iguales al ahorro menos la inversión (X – M = S – I). Es decir que <b>un déficit en la cuenta corriente responde a que el país invierte más de lo que ahorra</b>.</p>
<p>A priori, esto no tiene nada de malo. De hecho, contiene un elemento positivo: <b>si el país tuviese que vivir solo de su ahorro interno, no podría emprender todas las inversiones que está emprendiendo hoy</b>.</p>
<p>Ahora una poderosa implicancia de esta equivalencia es que si un país desea reducir su déficit de cuenta corriente, deberá reducir su inversión o aumentar el ahorro interno. Y -a menos que la política comercial pueda afectar estas variables (difícil)- entonces no será efectiva para equilibrar la balanza. Es decir,  cerrar la economía no mejorará la cuenta corriente.</p>
<p>Para Irwin:</p>
<blockquote><p><i>Este es el motivo por el que una simple observación nos muestra que algunos países abiertos al comercio tienen superávits de cuenta corriente, mientras que otros países, más cerrados, presentan déficits. Esos desequilibrios tienen todo que ver con los flujos de crédito internacional y casi nada que ver con la política comercial.</i></p></blockquote>
<p>Lo que se plantea es totalmente compatible con los datos empíricos. Con 81 puntos sobre 100, Australia ocupa el 5<sup>to</sup> puesto del mundo en el Índice de Libertad Económica que elabora la Fundación Heritage de los Estados Unidos. En cuanto a su libertad para el comercio internacional, el país tiene un puntaje de 86,2; quedando también como una de las economías más abiertas del planeta.</p>
<p><b>Gráfico 2. Cuenta Corriente y Financiera en Australia (1959-2016).</b></p>
<p><a href="https://www.ivancarrino.com/wp-content/uploads/2018/01/irwin2.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-3009" alt="irwin2" src="https://www.ivancarrino.com/wp-content/uploads/2018/01/irwin2.png" width="567" height="309" /></a></p>
<p><i>Fuente: Iván Carrino en base a Australian Bureau of Statistics.</i></p>
<p>De los datos de su Balanza de Pagos también se extrae que este país tiene un déficit comercial de proporciones, llegando a los AUSD 78.000 millones en 2014. Es decir que es una economía totalmente abierta y con déficit comercial.</p>
<p>“¡Eureka!”, dirán algunos, “¡El déficit refleja la apertura al comercio de Australia!”. Pero lo cierto es que no es así, sino que <b>refleja el enorme ingreso de capitales que dicho país recibe anualmente</b>.</p>
<p>Es que si bien Australia tiene un importante déficit de cuenta corriente, el superávit en la cuenta capital y financiera es igual de importante. De hecho, una cuenta es la casi perfecta contracara de la otra, tal como explica la teoría.</p>
<p>Otro dato importante es que en los últimos 25 años Australia ha crecido ininterrumpidamente, creando empleo de calidad, aumentando los salarios de sus ciudadanos y también su ingreso per cápita. Todo esto en paralelo con un “deterioro” de la cuenta corriente.</p>
<p>¡Viva el deterioro!</p>
<p>Argentina guarda alguna similitud con el caso australiano. Como se observa en el gráfico siguiente, la relación entre el saldo de la cuenta corriente y el de las cuentas capital y financiera es inversa.</p>
<p><b>Gráfico 3. Cuenta Corriente y Financiera en Argentina (1994-2016).</b></p>
<p><a href="https://www.ivancarrino.com/wp-content/uploads/2018/01/irwin3.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-3008" alt="irwin3" src="https://www.ivancarrino.com/wp-content/uploads/2018/01/irwin3.png" width="567" height="312" /></a></p>
<p><i>Fuente: Iván Carrino en base a INDEC.</i></p>
<p>Durante la década del ’90, el déficit de la cuenta corriente fue casi totalmente compensado por el superávit de la cuenta financiera, siendo la diferencia la acumulación de reservas. Durante los primeros años del kirchnerismo y hasta el año 2011, la balanza por cuenta corriente fue positiva, mientras del país se fugaban capitales, resultando en un déficit de la cuenta capital y financiera (los superávit de cuenta corriente no compensados por déficits de cuenta financiera fueron años de acumulación de reservas).</p>
<p>Por último, desde 2011 que el deterioro de la cuenta corriente es financiado con el superávit de la cuenta capital y financiera.</p>
<p>Ahora bien, ¿a qué se debe el fuerte deterioro de los últimos años? Irwin también puede ofrecer una respuesta:</p>
<blockquote><p><i>Un gobierno que se endeuda para cubrir el déficit fiscal puede ser una de las fuentes de absorción más fuertes del ahorro nacional y, por tanto, puede llevar a un déficit externo. Uno de los motivos del gran déficit de cuenta corriente de los Estados Unidos a principios de la década del ’80 fue el rápido incremento del déficit fiscal. La lección es que una reducción del desequilibrio de las cuentas públicas puede revertir el desequilibrio comercial de una nación.</i></p></blockquote>
<p>Los datos para Argentina son contundentes en este sentido. El resultado de la cuenta corriente siempre ha sido la contracara del resultado fiscal.</p>
<p><b>Gráfico 5. Resultado Fiscal y de Cuenta Corriente en % del PBI (1976-2016).</b></p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.ivancarrino.com/wp-content/uploads/2018/01/Def-Gemelos.png"><img class="aligncenter  wp-image-3998" alt="Def Gemelos" src="https://www.ivancarrino.com/wp-content/uploads/2018/01/Def-Gemelos.png" width="644" height="355" /></a></p>
<p><i>Fuente: Iván Carrino en base a Banco Mundial.</i></p>
<p>Es decir, que <b>el principal sospechoso detrás del déficit comercial de los últimos dos años en Argentina no es la política comercial aperturista (que no existe prácticamente), sino el desequilibrio fiscal, como siempre ha sido en la historia</b>. Esto deja en <i>offside</i>, por supuesto, a quienes dicen que preocuparse por el déficit fiscal es secundario, y que la principal preocupación debería ser el déficit externo.</p>
<p>El segundo es resultado del primero: el elevado desequilibrio fiscal se consume el ahorro interno y genera ingreso de capitales del exterior (reduciendo la posición neta de activos), que terminan siendo consumo de importaciones que exceden a las exportaciones.</p>
<h3><b>Conclusión</b></h3>
<p>El profesor Irwin resumió en el trabajo reseñado aquí siglos de historia del pensamiento sobre la economía internacional. Además, nos ofreció <strong>tres poderosos argumentos para defender un comercio libre entre los países</strong>. Por último, se observa que los datos para Argentina son totalmente compatibles con los postulados del profesor de Darmouth.</p>
<p>No debemos gravar las importaciones, porque eso equivale a gravar las exportaciones.</p>
<p>No debemos restringir las compras externas con el argumento de defender el trabajo local, porque lo único que eso genera es la protección de unos puestos a costa de otros.</p>
<p>Por último, no se debe cerrar la economía para evitar desbalances comerciales, sino recibir de buena manera el ingreso de capitales del extranjero, o bien, si el origen del desequilibrio es fiscal, ir a tocar las puertas del Ministerio de Hacienda.</p>
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		<title>El video que muestra por qué no se puede &#8220;vivir con lo nuestro&#8221;</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Oct 2017 10:03:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[ivancarrino]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Comercio Internacional]]></category>
		<category><![CDATA[Contraeconomía]]></category>
		<category><![CDATA[Liberalismo]]></category>
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		<description><![CDATA[Un supermercado alemán pasó un día sin productos importados. Se vivió una escasez peor que la de Venezuela. Estuve en Hamburgo en el año 2014. Fue en el marco de un programa de estudios organizado por la Fundación Naumann, que quiso llevarnos a conocer una de las ciudades más desarrolladas y opulentas de Europa. Hamburgo [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><strong>Un supermercado alemán pasó un día sin productos importados. Se vivió una escasez peor que la de Venezuela.</strong></p>
<p style="text-align: center;"><span id="more-2754"></span></p>
<p>Estuve en Hamburgo en el año 2014. Fue en el marco de un programa de estudios organizado por la Fundación Naumann, que quiso llevarnos a conocer <b>una de las ciudades más desarrolladas y opulentas de Europa</b>. Hamburgo es la segunda ciudad más poblada de Alemania. Tiene 1,9 millones de habitantes, y cuenta con el segundo puerto más grande del viejo continente.</p>
<p>La ciudad es un testimonio de los beneficios del libre comercio. Por su estratégica ubicación geográfica, desde la Edad Media que se erigió en un importante centro comercial.</p>
<p>Sin embargo, su explosión llegó en el siglo XIX. A partir de la segunda mitad del 1800, su población creció rápidamente. En 1888, finalmente la ciudad ingresó en el <i>Zollverein</i>, la Unión Aduanera que establecía aranceles cero para los miembros de la Confederación Germánica.</p>
<p>Hamburgo es hoy la ciudad más rica de Alemania, con un PBI per cápita que se estima en € 62.000 al año. Allí tiene su sede principal la cadena de supermercados EDEKA, fundada nada menos que en el año 1898.</p>
<h3><b>Viva la diversidad</b></h3>
<p>Hace poco más de un mes, los clientes de EDEKA en Hamburgo se encontraron con una sorpresa.</p>
<p>Al ingresar al supermercado, encontraron una imagen extraña para un país desarrollado: una escasez impresionante en casi todas las góndolas del local.</p>
<p>No había prácticamente nada. ¿Qué había pasado?</p>
<p>La cadena de supermercados había decidido mostrar <b>qué es lo que sucedería si sus tiendas decidieran mantener fuera todos los productos importados</b>.</p>
<p>“No hay nada de lo que comemos”, observaba una clienta preocupada.</p>
<p>Una pareja de ancianos se acercó a uno de los empleados, quien le explicaba a la señora:</p>
<blockquote><p><em>-       No hay nada de café, nada de té, nada de chocolate…</em></p>
<p><em>-       Oh… ¿nada de chocolate?</em></p></blockquote>
<p>Preguntó ella, algo sorprendida y decepcionada.</p>
<p>Un resumen de la experiencia puede verse en el video que figura aquí abajo (subtítulos en español disponibles).</p>
<p><iframe  id="_ytid_55425" width="480" height="270" src="https://www.youtube.com/embed/-fHOIZKSUCc?enablejsapi=1&#038;autoplay=0&#038;cc_load_policy=0&#038;iv_load_policy=1&#038;loop=0&#038;modestbranding=0&#038;rel=1&#038;showinfo=1&#038;playsinline=0&#038;autohide=2&#038;theme=dark&#038;color=red&#038;wmode=opaque&#038;vq=&#038;controls=2&#038;" frameborder="0" class="__youtube_prefs__" allowfullscreen data-no-lazy="1"></iframe></p>
<p>EDEKA estaba buscando dar <b>un mensaje acerca de la diversidad que implica el intercambio libre</b>. Cuando las fronteras se abren e ingresan los productos de afuera, el supermercado se vuelve más diverso, y los consumidores tienen una variedad para elegir increíblemente mayor.</p>
<p>Este mismo principio aplica a la inmigración y a la tolerancia con las minorías, ya sea que éstas sean étnicas, de género o de preferencias sexuales.</p>
<p>Una de las clientas comentaba al respecto de la medida:</p>
<blockquote><p><i>No tiene sentido, somos un país abierto. Acá no va eso de &#8220;los alemanes primero&#8221;.</i></p></blockquote>
<p>Otro, con un bebé en brazos, sostenía: “El mundo es tan variado como diferentes somos. Y eso es bueno”.</p>
<h3><b>Vivir con lo nuestro</b></h3>
<p>La decisión de EDEKA es un mensaje en dos sentidos. El primero, que <b>la diversidad es buena y nos aporta un mundo más amplio de donde nutrir nuestras propias experiencias</b>. Una persona aprende más si intercambia con “diferentes” que si lo hace todo el tiempo con “iguales”. Así que su acción puede entenderse, en algún punto, como una <b>crítica hacia los sentimientos nacionalistas</b> que hoy están tan de moda en Europa y los Estados Unidos.</p>
<p>Ahora el segundo punto es de especial interés para nuestras latitudes. Es que en nuestro país estamos todavía muy convencidos de que tenemos que <b>“vivir con lo nuestro”,</b> “no importar ni un clavo”, y producir todo puertas adentro para “fortalecer el mercado interno”.</p>
<p>Toda esta sarta de lugares comunes es <b>una condena inevitable a la pobreza</b>. Es que así como el intercambio entre las personas enriquece el espíritu, el intercambio de bienes y servicios nos hace más ricos materialmente.</p>
<p>Considérese lo siguiente: en Argentina las importaciones alcanzan al 10,2% del PBI. Uno podría pensar, entonces, que sin importaciones los argentinos solo deberíamos resignarnos a consumir 90% de lo que consumimos hoy en día. No parece tan grave.</p>
<p>Sin embargo, el problema sería mucho mayor. Es que el <b>80% de lo que importamos son bienes de capital y bienes intermedios para producir</b>. Es decir que sin importaciones no solo dejaríamos de encontrar bienes importados en las góndolas de los supermercados, sino que muchos productos “de origen nacional”, tampoco existirían, porque necesitan de insumos importados para elaborarse.</p>
<h3><strong> A los proteccionistas de todos los partidos</strong></h3>
<p>Restringir importaciones no solo frena la producción y reduce el consumo, sino que le ofrece al consumidor <strong>una variedad infinitamente menor de productos para elegir</strong>. Esto inevitablemente empeora la situación de los consumidores, pero generándoles ganancias a algunos productores privilegiados por las barreras.</p>
<p>Estos empresarios pueden beneficiarse por tener un mercado cautivo, al que no le quedará otra que comprar “lo nuestro” o “lo único que hay”. El perjuicio social es inocultable.</p>
<p>La acción de EDEKA es una muestra gráfica de cómo cerrarse al mundo perjudica tanto en términos económicos como en términos sociales.</p>
<p><strong>Es un mensaje para los proteccionistas y nacionalistas de todos los partidos y de todo el mundo</strong>.</p>
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		<title>Ni Macri ni Cristina: libre comercio</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Jun 2017 18:12:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[ivancarrino]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Otros Medios]]></category>
		<category><![CDATA[comercio]]></category>
		<category><![CDATA[comercio internacional]]></category>
		<category><![CDATA[importación]]></category>
		<category><![CDATA[proteccionismo]]></category>

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		<description><![CDATA[A pesar de las críticas, el comercio es deseable tanto desde el punto de vista económico como desde la óptica moral. La apertura comercial no goza de buena prensa. Al menos no en Argentina. Por los últimos años, la economía se fue cerrando. Al principio con la estrategia del “dólar competitivo”. Luego con restricciones burocráticas. [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;" align="center"><b></b><strong><span style="color: #808080;"><i>A pesar de las críticas, el comercio es deseable tanto desde el punto de vista económico como desde la óptica moral.</i></span></strong></p>
<p>La apertura comercial no goza de buena prensa. Al menos no en Argentina. Por los últimos años, la economía se fue cerrando. Al principio con la estrategia del “dólar competitivo”. Luego con restricciones burocráticas. Finalmente, con el cepo y la arbitrariedad de las DJAI, terminamos construyendo un muro contra el comercio.</p>
<p>Con el cambio de gobierno, muchos se apresuraron a denunciar la salvaje apertura importadora que llegaría de la mano de Macri.</p>
<p>Sin embargo, esto no sucedió. Lo único que hizo el nuevo gobierno fue liberar el tipo de cambio (<b><span style="text-decoration: underline;">reduciendo</span></b> los incentivos a importar, ya que con dólar a $ 15 es más caro que con dólar a $9) y sustituir las DJAI por un sistema aprobado por la Organización Mundial de Comercio. Pero lejos estamos de abrirnos.</p>
<p>En primer lugar, porque el 20% de la industria sigue protegido por el nuevo sistema “SIMI”, que implica licencias no automáticas para “sectores sensibles”. En segundo, porque el país está comercialmente integrado solo con el MERCOSUR, grupo dentro del cual todos son partidarios del proteccionismo. Por último, porque de acuerdo con el Banco Mundial, nuestro arancel para productos manufacturados (8,6%) es el doble que el de Colombia, cinco veces el de Perú, y 13 veces más alto que el de Chile.</p>
<p>La Argentina no es un país abierto al comercio. Ni con Cristina, ni con Macri.</p>
<p>Esta es una mala noticia. ¿Por qué? Porque tener más libertad no solo es bueno desde el punto de vista económico, sino también desde el punto de vista moral.</p>
<p><b>Más libertad, más progreso</b></p>
<p>El argumento favorito de los enemigos del comercio es que la apertura comercial genera desempleo. Si así fuera, los países que menos trabas imponen a su comercio, más desempleo tendrían. Sin embargo, éste no es el caso.</p>
<p>Si tomamos tres de los países más comercialmente libres del planeta según la Fundación Heritage, comprobaremos que el desempleo allí es considerablemente bajo. Hong Kong, por ejemplo, mostró en 2016 un 3,4% de desocupación; Suiza, 4,6%; y Singapur, 1,8%. Envidiable.</p>
<p>Otro dato interesante es que, si ampliamos el análisis, la diferencia de riqueza entre los más abiertos y los más “protegidos” es sustancial. Los que abren sus fronteras tienen un PBI per cápita 5,3 veces más alto que los que las cierran.</p>
<p>La apertura comercial genera riqueza porque permite que la gente compre bienes más baratos y utilice lo que se ahorra para invertir en la economía local. Así, no solo mejora los salarios reales, sino que aumenta la capacidad de ahorro e inversión. A las empresas también les conviene, ya que tienen más facilidades para abastecerse de insumos y, al mismo tiempo, un mercado más grande para vender.</p>
<p>Como decía Adam Smith, la división del trabajo depende del tamaño del mercado, y a mayor división del trabajo, más especialización, eficiencia y riqueza. ¿Para qué cerrarse e impedir este proceso?</p>
<p><b>La dimensión moral</b></p>
<p>Los beneficios de la libertad no son solo económicos sino también morales. Imaginemos una pareja en una plaza siendo cariñosos el uno con el otro. Acto seguido, una persona le hace un tacle de rugby a uno de los integrantes de la pareja.</p>
<p>Claramente, a cualquier observador esto le parecería una verdadera atrocidad. O, como mínimo, una violenta falta de respeto.</p>
<p>Con el comercio sucede lo mismo: impedir los acuerdos comerciales no es otra cosa que impedir una transacción voluntaria en la cual ambas partes se están beneficiando. Eso implica violentar las decisiones de la gente: ¿con qué derecho?</p>
<p>Por si esto fuera poco, el proteccionismo implica discriminar a los extranjeros. Es como si la pareja de nuestro ejemplo fuera disuelta porque uno de los dos es inmigrante y el otro, en realidad, debería “comprar nacional”. Si no aceptamos este argumento para estos casos, ¿por qué lo aplaudimos en el marco de la economía?</p>
<p>Hay que abrir la economía y hacerlo con firmeza. Redundará en una mayor libertad para todos y en una mejora económica sustancial.</p>
<p>Versión completa de la nota publicada originalmente en <a href="https://www.pagina12.com.ar/46388-la-vuelta-al-mundo-con-la-barrera-baja">Página12</a>.</p>
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		<title>Trump perjudicará a México, pero también a Estados Unidos</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Jan 2017 20:27:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[ivancarrino]]></dc:creator>
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		<category><![CDATA[Donald Trump]]></category>
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		<description><![CDATA[El nuevo presidente de Estados Unidos propone librar una guerra comercial con México para beneficiar a Estados Unidos. El resultado será una pérdida para ambos. La izquierda en el mundo se encuentra en una encrucijada. Por un lado, desprecia a Donald Trump por su rechazo a la libre inmigración, por sus malas formas políticas, y [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em><span style="color: #808080;">El nuevo presidente de Estados Unidos propone librar una guerra comercial con México para beneficiar a Estados Unidos. El resultado será una pérdida para ambos.</span></em></p>
<p style="text-align: justify;">La izquierda en el mundo se encuentra en una encrucijada. Por un lado, desprecia a Donald Trump por su rechazo a la libre inmigración, por sus malas formas políticas, y por sus propuestas de desregulación económica.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, a la hora de hablar sobre comercio internacional, no hay nadie más proteccionista que el nuevo presidente norteamericano.</p>
<p style="text-align: justify;">En <a href="https://www.elcato.org/los-errores-de-trump-sobre-el-nafta-son-enormes" target="_blank">una nota</a> de hace unos meses, el Wall Street Journal sostenía sobre su postura proteccionista: “<em>El Sr. Trump es tan delirante en temas comerciales, que hace que Hillary Clinton y los Demócratas parezcan sensatos</em>”.</p>
<p style="text-align: justify;">La más reciente novedad llega antes de que Trump asuma la presidencia. La empresa automotriz <a href="http://www.cronista.com/internacionales/Efecto-Trump-Ford-cancelo-una-inversion-millonaria-en-Mexico-20170104-0027.html" target="_blank">Ford decidió cancelar un proyecto de inversión</a> de USD 1.600 millones en la localidad mexicana de San Luis de Potosí. La decisión se tomó con el objetivo de invertir USD 700 millones en una fábrica en Michigan, emblema de la industria automotriz y sede del primer documental de Michel Moore, quien narraba las penurias de una ciudad tras el cierre de la fábrica de General Motors y su traslado a México.</p>
<p style="text-align: justify;">Este giro en la política de la empresa está directamente relacionado con las promesas de campaña de Trump, quien sugirió que quienes tercericen su producción en México, deberán sufrir altos aranceles a la importación de sus productos.</p>
<p style="text-align: justify;">Es decir, si Ford elegía, para ahorrar costos, abrir una nueva fábrica en México, perdería ese beneficio a la hora de vender los autos allí producidos a Estados Unidos, porque el país subirá sus aranceles de importación.</p>
<p style="text-align: justify;">Michael Moore, uno de los más críticos de Donald Trump, debería estar festejando esta decisión. En definitiva, gracias a la amenaza proteccionista, ahora habrá empleo en Michigan y las empresas lo pensarán dos veces antes de ir a México.</p>
<p style="text-align: justify;">La lectura superficial de esta medida es precisamente esta: México perderá inversiones, pero las obtendrá Estados Unidos. Lo lamentamos hermanos mejicanos, pero nuestro presidente quiere que nosotros vivamos mejor, así que les toca perder para que nuestros trabajadores consigan empleo.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, esa no es toda la realidad y, si bien México evidentemente se verá perjudicado, también lo harán los propios norteamericanos.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo primero es muy fácil de ver. Si bajo amenazas directas o indirectas, las empresas norteamericanas reducen su inversión en México, el país de 122 millones de habitantes se perjudicará al tener menor demanda de mano de obra y menos empresas que compitan para subir los salarios de sus ciudadanos.</p>
<p style="text-align: justify;">El stock de inversión extranjera directa de Estados Unidos en México era de USD 108.000 millones en 2014, con lo que se trata del principal inversor extranjero en ese país. Si se reduce este monto, México deberá hacer mayores esfuerzos por atraer inversión de otros países, de manera de mantener el crecimiento de su economía.</p>
<p style="text-align: justify;">Si uno centra su mirada en lo que sucederá en Michigan, todo parece color de rosas. Ahora Ford, en lugar de llevarse su inversión al extranjero, hundirá USD 700 millones de capital en suelo estadounidense. Previsiblemente, esto genere demanda de materias primas, mano de obra, y haga crecer la producción de dicho estado.</p>
<p style="text-align: justify;">Buena noticia para Michael Moore, pero no tan buena para el resto de los norteamericanos.</p>
<p style="text-align: justify;">Es que cuando Ford decidió inicialmente invertir en México lo hizo para “mejorar la rentabilidad de la compañía”, ahorrando costos. Y lo que necesitan los Estados Unidos y cualquier país del mundo son empresas rentables.</p>
<p style="text-align: justify;">Piénsese un instante en el accionista de Ford. Si la empresa es rentable, él recibirá un dividendo mayor. Con este mayor dividendo, podrá consumir más o bien aumentar su ahorro o sus inversiones. Si aumenta el ahorro, entonces habrá más fondos disponibles para realizar nuevas inversiones, porque bajará la tasa de interés. Si lo destina a inversiones, entonces subirá el precio de otras acciones que coticen en Estados Unidos, incrementando la riqueza del resto de los accionistas y posibilitando nuevos proyectos de inversión.</p>
<p style="text-align: justify;">Otro efecto negativo del proteccionismo es que la inversión forzada de Ford competirá en el mercado por los recursos escasos (mano de obra, tierra, materias primas), subiendo sus precios. Esto funcionará como una barrera para que se desarrollen nuevos emprendimientos. En comercio internacional, esto se llama “distorsión en la producción”, ya que se sabe que una producción forzada por aranceles sustrae recursos valiosos de la sociedad, llevándolos a una industria determinada, pero en detrimento de todas las demás.</p>
<p style="text-align: justify;">Es decir, la política de Trump puede ser positiva para la industria automotriz norteamericana, pero será desastrosa para la construcción, la minería, la agricultura, el comercio y el transporte, actividades que, entre otras, ascienden nada menos que al 99,1% del PBI estadounidense.</p>
<p style="text-align: justify;">En la medida que se materialice, la demagogia proteccionista de Trump afectará con fuerza a México. Sin embargo, al reducir la rentabilidad de las empresas estadounidenses y subir el precio de los insumos de producción, también afectará a la economía norteamericana.</p>
<p style="text-align: justify;">En definitiva, el cuento proteccionista siempre termina igual. Con una clase privilegiada, que subsiste al calor de la protección, y una sociedad mayormente empobrecida por las distorsiones que genera. En Estados Unidos no será diferente.</p>
<p style="text-align: justify;">Publicado originalmente en <a href="https://elliberal.igdigital.com/2017/01/05/trump-perjudicara-mexico-tambien-estados-unidos/">Inversor Global</a>.</p>
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		<title>Cómo el proteccionismo perjudica a los más pobres</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Nov 2016 20:26:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[ivancarrino]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Además de la muerte de Fidel Castro, dictador comunista que condujo los destinos de Cuba por casi 60 años, el fin de semana pasado se festejó en muchos países del mundo el “Black Friday” o “Viernes Negro”. El Viernes Negro es una celebración originaria de los Estados Unidos, que sigue al día de acción de gracias, y que [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Además de la muerte de Fidel Castro, dictador comunista que condujo los destinos de Cuba por casi 60 años, el fin de semana pasado se festejó en muchos países del mundo el “Black Friday” o “Viernes Negro”.</p>
<p style="text-align: justify;">El Viernes Negro es una celebración originaria de los Estados Unidos, que sigue al día de acción de gracias, y que se considera como el primer día de la temporada de compras de navidad. Para festejar y estimular sus ventas, los vendedores ofrecen fuertes descuentos y promociones varias.</p>
<p style="text-align: justify;">Como muchas tradiciones norteamericanas, este viernes de compras se ha extendido a otras partes del mundo, y Sudamérica no es la excepción. Argentina, y también Chile, tienen su propia celebración, con descuentos en shoppings y supermercados.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora el dato que llamó la atención este fin de semana fue la <strong>importante cantidad de argentinos que cruzaron la frontera</strong> con el país vecino en busca de buenas oportunidades para sus compras de navidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Según Jorgelina do Rosario, del diario <a href="http://www.infobae.com/economia/2016/11/25/el-combo-finde-largo-y-black-friday-atrae-a-miles-de-argentinos-de-compras-a-chile/" target="_blank">Infobae</a>, ceca de 30.000 argentinos cruzaron la frontera para adquirir, principalmente, productos electrónicos e indumentaria.</p>
<p style="text-align: justify;">El fenómeno no es nuevo. Durante el fin de semana largo del 15 de octubre, la cola en la frontera argentino-chilena llegó a los 15 kilómetros, y en agosto se estimaba que 1,5 millones de argentinos habían cruzado la cordillera para hacer shopping en el país vecino.</p>
<p style="text-align: justify;">El motivo principal del éxodo de argentinos a Chile es que allí <strong>los precios son significativamente más baratos que en nuestro país</strong>. Según un informe publicado en la pantalla de<a href="https://www.youtube.com/watch?v=mq2zXSbvjuE&amp;index=1&amp;list=PL-4I35YERBxIzhreDcC4R0zghzh7ICZAZ" target="_blank"> Canal 13</a>, una notebook puede conseguirse en Chile 49 % más barata que en Argentina, mientras que en indumentaria los descuentos llegan a superar el 60 %.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo que reflejan estos datos son las consecuencias del proteccionismo sobre los consumidores nacionales. Gracias a las barreras arancelarias y las “licencias no automáticas de importación”, los productos argentinos se venden el mercado local con <strong>poca competencia</strong>, por lo que los precios son mucho más altos que en otros países.</p>
<p style="text-align: justify;">En este contexto, <strong>es lógico que los que pueden hacerlo viajen al país vecino para ahorrar en sus compras</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, esto refleja <strong>la cara más oscura del proteccionismo comercial: el efecto contra los más pobres de la sociedad</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Al imponer aranceles a la importación con el objetivo de proteger a los productores locales, los precios son más altos de lo que podrían ser.</p>
<p style="text-align: justify;">Debemos aclarar que estos precios no se explican por los costos de producción, como la logística o los impuestos. En realidad, el proceso es inverso. Dado que las trabas generan menor nivel de competencia, los precios suben y se pueden pagar costos más altos. La relación es del precio al costo, no del costo al precio.</p>
<p style="text-align: justify;">Con precios más altos, quienes tienen dinero para hacer un viaje lo “invertirán” en cruzar la cordillera y adquirir productos más baratos.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero esto deja como resultado que <strong>los principales perjudicados del proteccionismo son los que menos ingresos tienen</strong>. Aquellos que en Argentina no cuentan con el dinero suficiente para viajar al extranjero permanecen presos de los productores locales. Así, deben pagar entre 2 y 5 veces más por la indumentaria y la electrónica que quisieran consumir. Un ataque fulminante contra el poder de compra de sus ingresos.</p>
<p style="text-align: justify;">Los gobiernos suelen imponer barreras proteccionistas para defender “el trabajo nacional”, con la esperanza de que ese trabajo redunde en un beneficio para los que menos tienen. Sin embargo, los resultados de esas políticas son exactamente inversos. Al condenarlos a pagar más por los productos que consumen, empeoran su situación económica y les impiden salir de la pobreza.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La pobreza se supera cuando los ingresos crecen en términos reales. Y tanto la teoría económica como la evidencia empírica demuestran que la apertura al comercio es una forma efectiva para conseguirlo</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Frente a esta realidad, el gobierno nacional debería reflexionar y abandonar viejas recetas. Seguir reduciendo aranceles y trabas para importar (como lo hicieron con las <a href="https://es.panampost.com/raquel-garcia/2016/10/14/gobierno-argentino-eliminara-arancel-de-importacion-a-las-computadoras/" target="_blank">notebooks</a>) es el camino a seguir. Esperemos que sigan abriendo fronteras, más allá de lo que digan los abogados del ultra-intervencionismo.</p>
<p style="text-align: justify;">Publicado originalmente en <a href="https://es.panampost.com/ivan-carrino/2016/11/29/como-el-proteccionismo-perjudica-a-los-mas-pobres/">PanamPost</a>.</p>
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		<title>No, Estados Unidos no se convirtió en potencia gracias al proteccionismo</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Nov 2016 15:24:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[ivancarrino]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[En muchos debates suele afirmarse que, gracias a frenar las importaciones, Estados Unidos desarrolló su economía. Esta teoría no tiene sustento. El debate sobre el libre comercio lleva casi dos siglos. En 1776, Adam Smith criticó los argumentos del mercantilismo reinante y el mundo comenzó a volcarse al libre intercambio de bienes y servicios. Pero [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><b><i><span style="color: #808080;">En muchos debates suele afirmarse que, gracias a frenar las importaciones, Estados Unidos desarrolló su economía. Esta teoría no tiene sustento</span>.</i></b></p>
<p>El debate sobre el libre comercio lleva casi dos siglos. En 1776, Adam Smith criticó los argumentos del mercantilismo reinante y el mundo comenzó a volcarse al libre intercambio de bienes y servicios.</p>
<p>Pero tras 240 años de crecimiento económico y de mejora en las condiciones de vida, el libre comercio no deja de ser un tema polémico. <b>Donald Trump</b> es tal vez quien más ha instalado el debate a nivel mundial. El excéntrico millonario argumenta que los tratados de libre comercio que firmaron los Estados Unidos están quitándoles el empleo a los norteamericanos.</p>
<p>Afirmaciones como las de Trump encuentran eco en un sinnúmero de políticos a través del globo.</p>
<p>En Argentina, el ex candidato presidencial Sergio Massa propuso recientemente que las importaciones se suspendieran por 120 días. Más acá en el tiempo, Ricardo Alfonsín, hijo del expresidente del mismo nombre, sugirió <a href="https://twitter.com/RICALFONSIN/status/791766914448130049">en su cuenta de Twitter</a> que “ningún país en el mundo se ha desarrollado industrialmente, optando por el libre comercio” y que los países desarrollados se industrializaron gracias a las restricciones a la importación.</p>
<p>El argumento de Alfonsín no es nuevo. De hecho, <b>es muy común escuchar que, antes de ser la primera potencia mundial, durante la segunda mitad del siglo XIX, Estados Unidos tenía una política marcadamente proteccionista</b>. A renglón seguido, se sostiene que gracias ello el país se desarrolló.</p>
<p>¿Qué hay de cierto en esta teoría? <b>¿Es verdad que Estados Unidos, referente de las fronteras comerciales abiertas, fue proteccionista y que creció gracias a esa política?</b></p>
<p>La respuesta es negativa.</p>
<p>En un <a href="http://www.dartmouth.edu/~dirwin/docs/Growth.pdf">trabajo</a> titulado “<i>El Crecimiento y las Tarifas aduaneras en la Segunda Mitad del Siglo XIX</i>”, Douglas Irwin, profesor de la Universidad de Dartmouth, investiga qué efectos tuvieron, sobre el desarrollo de la economía norteamericana, los altos aranceles proteccionistas existentes.</p>
<p>El profesor afirma:</p>
<p><i>“En la segunda mitad del Siglo XIX, los Estados Unidos experimentaron un rápido crecimiento económico y emergieron como un poder industrial a nivel global. Durante este período, también mantuvieron elevadas tarifas aduaneras que dejaron fuera de las fronteras a los productos manufacturados en el exterior.”</i></p>
<p>A pesar de reconocer la correlación, Irwin advierte que eso no quiere decir que el proteccionismo haya generado crecimiento. <b>Correlación no es lo mismo que causalidad.</b></p>
<p>Para el autor, el crecimiento económico de la segunda mitad del Siglo XIX en Estados Unidos fue originado por el aumento en la cantidad de población y la mayor acumulación de capital. No por los aranceles.</p>
<p>Entre 1870 y 1913, el PBI per cápita de EEUU avanzó 1,8% por año, mucho más que el 1,0% de crecimiento de la más liberal Inglaterra. Sin embargo, en Estados Unidos <b>la población creció 2,1% por año (contra 1,2% en Inglaterra), y el stock de capital no residencial avanzó 5,5% anual</b>, mientras que en Inglaterra sólo lo hizo al 1,7%.</p>
<p><b>La mayor abundancia de capital y de recursos humanos lucen como elementos mucho más explicativos del mayor crecimiento económico que las trabas al comercio</b>. Estas últimas, a lo sumo, pueden beneficiar a los sectores protegidos, pero no a toda la economía.</p>
<p>Un segundo punto que destaca Irwin es que la acumulación de capital no fue consecuencia del proteccionismo, sino que se dio <b>a pesar de él</b>. Las trabas a las importaciones encarecen los productos extranjeros y, al hacer más onerosos los bienes necesarios para la producción, <i>“pueden haber resultado muy dañinas para la acumulación de capital y el crecimiento”.</i></p>
<p>Uno podría pensar que la “sustitución de importaciones” impuesta por las trabas pudo haber generado mayor acumulación de capital por la demanda de los sectores protegidos. Sin embargo, a la luz de los datos, esta tesis también se cae. De acuerdo a un estudio citado por investigador de Dartmouth, <b>el mayor crecimiento de la ratio capital/producto se dio en el sector no transable de la economía</b>. Es decir, en aquellos sectores que no compiten con las importaciones, como la vivienda o el desarrollo de caminos. Además, <b>en estos sectores fue donde más rápido creció la productividad, muy por encima de la protegida industria manufacturera</b>.</p>
<p>Otra comparación importante que trae el autor es la diferencia entre los Estados Unidos “proteccionistas” de mediados del siglo XIX y los Estados Unidos más “liberales” del período 1950-1922.</p>
<div id="attachment_2331" style="width: 578px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://www.ivancarrino.com/wp-content/uploads/2016/11/ProteccionismoUSA.png"><img class="size-full wp-image-2331" alt="Fuente: Tariffs and Growth in Late Nineteenth Century America -  Douglas Irwin" src="https://www.ivancarrino.com/wp-content/uploads/2016/11/ProteccionismoUSA.png" width="568" height="163" /></a><p class="wp-caption-text">Fuente: Tariffs and Growth in Late Nineteenth Century America &#8211; Douglas Irwin</p></div>
<p>En 1950 el arancel promedio había bajado al 10% y continuó haciéndolo hasta el 5% en 1992. <b>Durante este segundo período, el PBI per cápita creció más rápidamente que durante la era proteccionista</b>, pero gracias fundamentalmente a la mejora en la eficiencia productiva, y no tanto al influjo de grandes cantidades de nueva población. El acceso a bienes importados más baratos del exterior puede haber sido determinante en esta mayor eficiencia.</p>
<p>Los defensores del proteccionismo suelen mencionar a los Estados Unidos como un ejemplo paradigmático de cómo las trabas a las importaciones pueden dar lugar a un proceso de sostenido crecimiento económico. Sin embargo, como demuestra Douglas Irwin, correlación no implica causalidad.</p>
<p><b>El crecimiento económico de Estados Unidos cuando fue proteccionista no fue mayor que el de su etapa de bajos aranceles</b>. Además, <b>no fue producto del proteccionismo, sino del cada vez mayor número de habitantes, de la mayor acumulación de capital y del desarrollo de sectores no vinculados a la protección arancelaria</b>.</p>
<p>Los motivos por los cuales es bueno abrirse al mundo exceden la experiencia puntual de un país determinado en un momento del tiempo. Pero <b>es bueno recordar que, ni siquiera en este caso, la tesis proteccionista tiene asidero.</b></p>
<p>Publicado originalmente en <a href="https://es.panampost.com/ivan-carrino/2016/11/01/estados-unidos-proteccionismo/">PanamPost</a>.</p>
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		<title>¿De quiénes nos protegen los proteccionistas?</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Aug 2016 16:49:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[ivancarrino]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Inversor Global]]></category>
		<category><![CDATA[comercio internacional]]></category>
		<category><![CDATA[Henry George]]></category>
		<category><![CDATA[libre comercio]]></category>
		<category><![CDATA[proteccionismo]]></category>

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		<description><![CDATA[Las políticas proteccionistas buscan protegernos de los productos importados. Sin embargo, eligen ignorar los motivos por los que esos productos quieren ingresar al país. El lunes y martes de la semana que viene estaré en Rosario. Es que la ciudad santafesina será, nuevamente, el lugar donde se lleve a cabo el Congreso Internacional La Escuela Austriaca [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #808080;"><em><strong>Las políticas proteccionistas buscan protegernos de los productos importados. Sin embargo, eligen ignorar los motivos por los que esos productos quieren ingresar al país.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;">El lunes y martes de la semana que viene estaré en Rosario. Es que la ciudad santafesina será, nuevamente, el lugar donde se lleve a cabo el <a href="http://www.escuelaaustriaca.org/" target="_blank">Congreso Internacional La Escuela Austriaca en el Siglo XXI</a>.</p>
<p style="text-align: justify;">La escuela austriaca de economía es una corriente de pensamiento cuyo punto de partida data del Siglo XIX, cuando en 1871 Carl Menger publicó su obra <strong>Principios de Economía</strong>. Sin embargo, las influencias de esta escuela pueden rastrearse mucho antes, desde Adam Smith  y Richard Cantillon, hasta la célebre Escuela de Salamanca del Siglo XVI.</p>
<p style="text-align: justify;">Como venía diciendo, el lunes y el martes estaré en la Universidad Católica de Rosario, escuchando a los referentes más importantes de esta escuela, quienes presentarán sus trabajos frente a un auditorio de académicos y estudiantes. Quien escribe estas líneas también hará lo propio y, sinceramente, espero que todo salga como en años anteriores.</p>
<p style="text-align: justify;">Estuve en este congreso en 2014 y también en 2012 y debo decir que ambas fueron experiencias fantásticas y de mucho aprendizaje. Son de estas cosas que le hacen bien a la mente y que nos permiten pensar “fuera de la caja”, como suele decirse, y también reflexionar sobre nuestros problemas actuales.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero vamos a lo que quería contar hoy. Preparando mi presentación para el Congreso, me topé con una muy buena frase de Henry George, economista norteamericano y padre del “Georgismo”, que defendía la imposición de un único impuesto sobre la tierra.</p>
<p style="text-align: justify;">La frase en cuestión se refiere al comercio internacional y dice lo siguiente:</p>
<p style="text-align: justify;"><em>“La protección implica prevención (…) ¿Qué es lo que previene la protección mediante el arancel? El comercio. (…) Pero el comercio, del cual la “protección” intenta preservarnos y defendernos, no es como una inundación, un terremoto o un tornado, algo que aparece sin intervención humana. El comercio implica acción humana”</em></p>
<p style="text-align: justify;">En lo primero que pensé luego de leerla fue en la discusión que está teniendo nuestro país en la actualidad. A parecer, <strong>lo peor que nos puede pasar a nivel económico no es la inflación del 40%…. tampoco es una presión impositiva que se lleva 200 días de nuestro trabajo por año..</strong>. tampoco haber coqueteado con el chavismo bolivariano por muchos años…</p>
<p style="text-align: justify;">Nada de eso. <strong>Para muchos sectores y referentes de la opinión pública, lo peor que puede pasarle a nuestro país es… ¡que crezcan las importaciones!</strong></p>
<p style="text-align: justify;">En efecto, las compras al extranjero están creciendo. No en dólares, porque sus precios caen en el mundo, pero sí en cantidades. En los primeros meses del año, las cantidades importadas han crecido 9,1%. Dentro de éstas,  se ve un fuerte crecimiento de los vehículos automotores (+45,7%), otro importante avance de los bienes de consumo (+22%), un aumento de la compra de combustibles y lubricantes (+14,7%) y un menor incremento de los bienes de capital, que también crecen, pero al 7,0%.</p>
<p style="text-align: justify;">Frente a esta situación, muchos ponen el grito en el cielo. Y si bien no coincido con el reclamo, puedo comprenderlo. Es normal que aquellos que tienen que competir con los bienes importados se sientan incómodos. En tiempos de Juegos Olímpicos,<strong>podemos pensar que para Juan Martín del Potro sería más fácil que simplemente le entregaran la medalla de plata, en lugar de tener que librar verdaderas batallas tenísticas con rivales como Novak Djokovic o Rafael Nadal</strong>. Así que entiendo que sea preferible, para algunos empresarios, no competir y vender en un mercado cautivo producto del proteccionismo del gobierno.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, esto no es para nada beneficioso para los consumidores. De hecho, de un reciente estudio de la CAME puede concluirse que, <strong>de no haber barreras arancelarias en el país, los consumidores argentinos podríamos comprar indumentaria hasta un 78% más barata de lo que lo hacemos hoy en día</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Es aquí, entonces, donde cobra relevancia la frase de Henry George, porque nos lleva a preguntarnos por qué existe la necesidad o voluntad de importar. <strong>La importación no es una inundación, sino el acto voluntario de millones de consumidores que encuentran que es más ventajoso comprar algo hecho en el extranjero que algo fabricado en el suelo nacional. Ni más ni menos que la acción humana en libertad.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Pero esto jamás puede ser un problema para la sociedad como conjunto.</p>
<p style="text-align: justify;">Si los consumidores tienen mayor ingreso disponible producto del ahorro que les generan las importaciones, bienvenido sea. Tendrán más dinero para consumir otros bienes y servicios que sí pueden elaborarse en el país; o bien tendrán dinero para ahorrar, lo que reducirá el costo que las empresas enfrentan para endeudarse y aumentar su inversión.</p>
<p style="text-align: justify;">La economía no es un juego de suma cero. Y tampoco lo es el comercio. Tenemos que abrir la cabeza, si no queremos que los abrazos que nos “protegen”, terminen matándonos de asfixia.</p>
<p style="text-align: justify;">Publicado originalmente en <a href="http://inversor.global/2016/08/de-quienes-nos-protegen-los-proteccionistas/">Inversor Global</a>.</p>
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		<title>Proteccionismo es pobreza</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Jul 2016 15:17:04 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Comercio Internacional]]></category>
		<category><![CDATA[Inversor Global]]></category>
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		<description><![CDATA[Por las trabas a la importación, los argentinos estamos condenados a pagar hasta 5 veces más por los productos que consumimos. Salgo de mi casa y me dirijo al supermercado. La decisión e ir al supermercado “A” en lugar de ir a otro negocio de provisiones tiene que ver con la cercanía, los precios que [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><strong><em><span style="color: #808080;">Por las trabas a la importación, los argentinos estamos condenados a pagar hasta 5 veces más por los productos que consumimos.</span></em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">Salgo de mi casa y me dirijo al supermercado. La decisión e ir al supermercado “A” en lugar de ir a otro negocio de provisiones tiene que ver con la cercanía, los precios que allí se consiguen, la calidad de los productos y la variedad que pueda encontrar.</p>
<p style="text-align: justify;">En el camino, me asaltan dos individuos. Me toman por la fuerza y me dicen que me quede tranquilo. Que nada va a pasarme si hago lo que ellos me dicen. A poco de caminar entre empujones y forcejeos, llegamos a otro lugar. Se parece bastante al supermercado al cual me dirigía, pero me doy cuenta que no es el que yo había elegido. Están los alimentos y las bebidas, están los productos de limpieza, están los aderezos y hasta el stand de comidas para llevar.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, no veo ni la misma calidad, ni la misma variedad, y ni de cerca los mismos precios. Los sujetos que me arrastraron hasta ahí me explican que sí, que en realidad ésta es la mejor calidad que se puede conseguir, que aproveche que los precios están lo más bajo posibles y que, además, considere que al comprar en este mercado estoy haciéndole un enorme favor a todos los que allí trabajan y al barrio que lo rodea.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Pregunto: ¿si el nuevo supermercado es tan fabuloso, para qué me obligaron a entrar?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Por muy alejado e inverosímil que el ejemplo anterior pueda parecer, es exactamente así como funciona el proteccionismo. Mediante trabas a las importaciones, que pueden tomar la forma de tarifas aduaneras, tipos de cambio artificialmente elevados o restricciones burocráticas varias, los gobiernos buscan frenar el ingreso de productos del extranjero, favoreciendo deliberadamente a los productores locales pero a costa de los consumidores.</p>
<p style="text-align: justify;">Una muestra reciente de los costos del proteccionismo fue provista por la Cámara Argentina de la Mediana Empresa. En un comunicado de prensa, que buscaba criticar la habilitación con restricciones del servicio “Puerta a Puerta” para compras al extranjero, divulgaron un cuadro comparativo de los precios de algunos productos cuando éstos venían fabricados de China o cuando éstos eran fabricados por la sagrada “industria nacional”.</p>
<p style="text-align: justify;">El cuadro, que puede verse más abajo, es más que elocuente sobre el costo que implica restringir el comercio internacional.</p>
<p><a href="https://s3-sa-east-1.amazonaws.com/igdigital-ar/wp-content/uploads/2016/07/27185345/Ivan-news-27.1.png" rel="prettyPhoto"><img class="aligncenter" alt="Ivan-news-27.1" src="https://s3-sa-east-1.amazonaws.com/igdigital-ar/wp-content/uploads/2016/07/27185345/Ivan-news-27.1.png" width="692" height="433" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Como se observa, incluso pagando aranceles del 50% sobre los precios de los productos importados, la indumentaria resulta hasta 67,3% más barata si su origen es China. Así, restringir el ingreso de esos productos al mercado local, está haciendo que los argentinos paguemos hasta 3 veces más por un “vestido casual” para favorecer a los empresarios textiles.</p>
<p style="text-align: justify;">Aún con aranceles, lo mismo ocurre en la industria juguetera, en los productos de decoración para el hogar y en la electrónica. Allí, los precios son de dos a tres veces más altos que los de origen extranjero.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora bien, si se redujeran los aranceles a cero, los productos importados serían todavía más baratos. Para el caso de la indumentaria, los consumidores argentinos podrían pagar hasta 78,2% menos de lo que se paga por un producto “Made in Argentina”. Es decir, pagamos hasta 5 veces más.</p>
<p style="text-align: justify;">El proteccionismo genera pobreza. Si pudiéramos comerciar libremente con el mundo, los ingresos reales de los consumidores nacionales crecerían. Al gastar menos en este tipo de bienes, tendríamos más ingreso disponible que podríamos utilizar para gastar en otros bienes y servicios que nuestra economía produzca. <strong>En tiempos en que mucho se debate acerca del salario real de los trabajadores, ¿qué mejor política que incrementarlo mediante la posibilidad de comprar bienes y servicios con hasta el 78,2% de descuento?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Los costos del proteccionismo recaen especialmente sobre los más pobres.  En definitiva, quien está más arriba en la pirámide de ingresos, puede hacer el esfuerzo de pagar de más por los productos que consume. Sin embargo, con escasos ingresos, éste no es un lujo que puedan darse los que menos tienen.<br />
Frente a la contundente evidencia respecto de los beneficios del comercio internacional, la respuesta frecuente es que ese beneficio se vería contrarrestado con una masiva oleada de despidos. Este argumento es erróneo. Basta mirar lo que sucede en Chile o Perú, quienes hace años tienen políticas de apertura comercial y no han tenido problemas de empleo.</p>
<p style="text-align: justify;">Además, <a href="https://igdigital.com/2016/06/si-hay-avalancha-importadora-habra-recesion-2/" target="_blank">un análisis más extenso</a> indica que <strong>los países más abiertos al comercio internacional, no solo no tienen problemas de empleo, sino que son, en promedio, 5 veces más ricos que aquéllos que deciden levantar todo tipo de trabas y barreras</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Si hay problemas de fondo que dañan la competitividad de algunos sectores, como la carga tributaria feroz, la elevada inflación o las incontables regulaciones, entonces lo que deben encararse son reformas estructurales. Pero<strong>acudir al proteccionismo es simplemente agregarle problemas a los problemas, y empobrecernos a todos para favorecer a sólo algunos</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Con altas <a href="https://www.wto.org/english/res_e/statis_e/statis_bis_e.htm?solution=WTO&amp;path=/Dashboards/MAPS&amp;file=Tariff.wcdf&amp;bookmarkState=%7b%22impl%22:%22client%22,%22params%22:%7b%22langParam%22:%22en%22%7d%7d" target="_blank">regulaciones comerciales</a>, el país tiene más de 30% de pobreza, inflación de las más altas del mundo y una economía estancada hace 4 años. No sería mala idea probar, aunque sea una vez, con reformas que prioricen la libertad y el bienestar de los consumidores.</p>
<p style="text-align: justify;">Publicado originalmente en <a href="https://igdigital.com/2016/07/proteccionismo-es-pobreza/">Inversor Global</a>.</p>
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