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	<title>Iván Carrino &#187; crecimiento</title>
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		<title>La economía argentina creció 5,8% en el Primer Trimestre</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Jun 2025 15:08:38 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[De acuerdo con el INDEC, Argentina creció 5,8% anual en el primer trimestre del año. En este video analicé los datos, que son buenos, pero un poco por debajo de lo esperado.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>De acuerdo con el INDEC, Argentina creció 5,8% anual en el primer trimestre del año. En este video analicé los datos, que son buenos, pero un poco por debajo de lo esperado.</p>
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		<title>No Vuelven Más</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Jan 2019 10:30:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[ivancarrino]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[El retorno a “los años dorados” del kirchnerismo es un imposible técnico. La economía argentina está mal. Hace 8 años que el PBI no crece. Ahora como al mismo tiempo sí crece la población, el PBI per cápita (la cantidad de producción por habitante) viene cayendo desde el 2011. Este año, si todo sigue así, [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><strong>El retorno a “los años dorados” del kirchnerismo es un imposible técnico.</strong></p>
<p style="text-align: center;"><span id="more-3632"></span></p>
<p><!--more--></p>
<p>La economía argentina está mal. Hace 8 años que el PBI no crece.</p>
<p>Ahora como al mismo tiempo sí crece la población, el PBI per cápita (la cantidad de producción por habitante) viene cayendo desde el 2011. Este año, si todo sigue así, estaremos en una situación muy similar a la de 2009.</p>
<p>Es decir, <strong>10 años perdidos.</strong></p>
<p>En este contexto, es normal que aparezca la nostalgia colectiva por un pasado mejor.</p>
<p>Recientemente,  en la fila del supermercado, me puse a charlar con una mujer. Como sabía que me dedicaba la economía, me preguntó qué opinaba yo de <strong>Roberto Lavagna</strong>, ex Ministro durante el período 2002-2005.</p>
<p>No pude ni comenzar mi respuesta que me interrumpió para decirme:</p>
<blockquote><p><em>A mí me cae muy bien. Es honesto. Además, cuando él era ministro las cosas estaban mucho mejor.</em></p></blockquote>
<p>Dos días atrás, en un programa de TV, una economista <a href="https://twitter.com/ivancarrino/status/1087007466498469888">me dio</a> un argumento similar, refiriéndose al período 2003-2007 como un ejemplo de crecimiento económico.</p>
<p>Tal vez la prueba más clara de que hay una añoranza por los “años dorados” del kirchnerismo sean las últimas reuniones que algunos políticos con aspiraciones presidenciales han tenido con el ex Ministro Lavagna.</p>
<p>En algún lugar de la mente de muchos está la idea de que habría que volver a aquellos viejos buenos tiempos.</p>
<h3><strong>Los Años Dorados</strong></h3>
<p>Analizando algunos números, es cierto que hubo una época en donde el kirchnerismo podía mostrar un muy saludable desempeño económico.</p>
<p>Entre 2003 y 2007, por ejemplo, la economía creció a un impresionante 8,8% anual promedio. El desempleo, mientras tanto, bajaba del 17,3% al 8,5%, y la inflación –que en los primeros dos años se mantuvo en valores de un dígito pero luego comenzó a subir- era vista como una consecuencia de este fuerte crecimiento.</p>
<p>El primer kirchnerismo recibió una situación fiscal totalmente holgada. En el año 2004, el superávit fiscal del gobierno fue 3,5% del PBI, lo que le permitió al dúo Kirchner-Lavagna salir a gastar dinero público, generando un boom de consumo que contribuyó a la caída del desempleo.</p>
<p>Entre 2004 y 2007, el gasto público en Argentina creció a una tasa anual del 30,3% promedio, muy por encima de la inflación. La Base Monetaria, por su parte, también crecía a ritmo acelerado.</p>
<p>Mientras tanto,<strong> el dólar</strong>, esa fibra tan sensible para los argentinos, mantuvo una calma extraordinaria. Entre 2003 y 2005 cayó desde $ 3,3 a $ 3,0, para luego ubicarse en $ 3,2 hacia fines de 2007.</p>
<p>Por si esto fuera poco, no había “tarifazos” (porque las tarifas estaban congeladas por la <strong>ley de emergencia económica</strong>) y la luz tampoco se cortaba…</p>
<p>En resumidas cuentas, ¡todo andaba bien!</p>
<h3><strong>Imposible Técnico</strong></h3>
<p>Al ver este cuadro de situación es normal que la gente se pregunte si no es posible volver a una economía así.</p>
<p>La respuesta, sin embargo, <strong>es un rotundo NO</strong>.</p>
<p>Es que,  veamos…</p>
<p><strong>Luego de la devaluación de 2002, el tipo de cambio real alcanzó un máximo histórico. </strong>Como se ve en el gráfico de abajo, al abandonar la convertibilidad el tipo de cambio real (es decir, <strong>el poder de compra del dólar en Argentina</strong>) subió un impresionante 188%. Esto implicó que –de la noche a la mañana- todos los productos fabricados en el país se abarataran enormemente, lo que le dio impulso a las exportaciones.</p>
<p><img alt="" src="https://contraeconomia.com/wp-content/uploads/2019/01/2019.01.24.png" width="537" height="440" /></p>
<p>Esa situación, como se aprecia, es hoy muy diferente.</p>
<p><strong>Los salarios reales eran muy bajos. </strong>Otra consecuencia del abandono del 1 a 1 fue la fenomenal licuación de los salarios reales. Es decir, nuevamente de la noche a la mañana, lo que una empresa argentina o extranjera tenía que pagarle a un empleado se derrumbó. En términos concretos, si una empresa pagaba en diciembre de 2001 $ 100 a un empleado, en mayo de 2003 le estaba pagando solo $ 80 a precios de 2001.</p>
<p>En dólares la caída fue más pronunciada todavía. Los salarios llegaron a caer 70% en junio de 2002. En diciembre de 2003, <strong>el mismo trabajador que a fines de la convertibilidad cobraba USD 100, estaba cobrando solo USD 40</strong>.</p>
<p>La violenta reducción de los costos laborales promovida por la devaluación generó incentivos a la inversión, que pasó del 13% al 20% del PBI en pocos años.</p>
<p>Así que el crecimiento “a la China” no solo se daba por las altas tasas de crecimiento, sino porque se basó principalmente en <strong>mano de obra barata</strong> producto de la devaluación. Es decir, un remedio transitorio que solo dura hasta que se ajustan las variables.</p>
<p><strong>Había superávit fiscal. </strong>Otro factor característico de los “años dorados” K era el superávit fiscal. Sin pagar la deuda externa, licuando el gasto en salarios y con abultados ingresos por las retenciones a las exportaciones, la holgura fiscal le permitió al gobierno de Néstor Kirchner avanzar en una <strong>política demagógica de aumento del gasto público totalmente insostenible</strong>. Dicho aumento, al menos a corto plazo, generaron lo que el libro de texto keynesiano dice que debían generar: aumento del consumo, de las ventas, y de la actividad económica.</p>
<p>Hoy no hay margen para hacer lo mismo.</p>
<p>¿Por qué? Porque se acabó la plata. El otrora superávit se transformó en déficit récord, la gente se cansó de la estafa de la inflación y en los mercados nadie cree en la capacidad de pago de Argentina.</p>
<p>No existe escenario peor para aplicar políticas keynesianas.</p>
<p>Como se ve, hoy el tipo de cambio real es bajo, los salarios en dólares altos y se acabó la plata para hacer políticas de gasto populista como las que llevó a cabo Néstor Kirchner.</p>
<p>O sea que, técnicamente, es imposible volver a la “época dorada” del kirchnerismo.</p>
<h3><strong>Semilla de su destrucción</strong></h3>
<p>Antes de finalizar, y para no extenderme demasiado, es necesario resaltar que el regreso a la “década dorada” del kirchnerismo no solo es un imposible técnico, sino además, una idea muy poco recomendable.</p>
<p>Es que todas las políticas iniciadas en dicha época generaron la semilla de su propia destrucción. En resumidas cuentas:</p>
<p>&#8212;&gt; El incremento del gasto público se transformó en una crisis fiscal.</p>
<p>&#8212;&gt; El aumento de la emisión monetaria nos llevó al podio de la inflación mundial.</p>
<p><strong>&#8212;&gt; </strong>El congelamiento de tarifas originó una crisis energética de proporciones.</p>
<p>&#8212;&gt; El boom de consumo conspiró contra la inversión, impidiendo el crecimiento sostenible.</p>
<p>Tenemos que dejar de mirar al pasado reciente para encontrar recetas que sirvan para el futuro. El crecimiento económico no depende del tipo de cambio o del gasto del gobierno, sino del ahorro, la inversión y el aumento de la productividad.</p>
<p>Hay que apuntar a eso, sino estamos condenados a volver repetir los errores de siempre.</p>
<p>Publicado originalmente en <a href="https://contraeconomia.com/2019/01/no-vuelven-mas/">ContraEconomía</a>.</p>
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		<title>Desigualdad no es pobreza</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Apr 2018 19:36:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[ivancarrino]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Recientemente en Argentina, el Instituto oficial de estadísticas divulgó un nuevo registro de la tasa de pobreza. De acuerdo con el INDEC; la pobreza en el país, que alcanzaba al 30,3% de la población en el segundo semestre de 2016, cayó al 25,7% a fines del año pasado. Luego de presentados los datos, el presidente [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;" align="center">Recientemente en Argentina, el Instituto oficial de estadísticas divulgó un nuevo registro de la tasa de pobreza. De acuerdo con el INDEC; la pobreza en el país, que alcanzaba al 30,3% de la población en el segundo semestre de 2016, cayó al 25,7% a fines del año pasado.</p>
<p>Luego de presentados los datos, el presidente de la nación dio su punto de vista en una conferencia de prensa.</p>
<p>Macri afirmó:</p>
<blockquote><p><i>“Estamos en el buen camino. Desde que tenemos estadísticas confiables hay 2,7 millones de personas que lograron salir de la pobreza y cerca de 610 mil que dejaron de vivir en la indigencia (…) Pero ningún dato económico positivo tiene sentido si detrás no se refleja una vida mejor para los argentinos. Aunque la argentina crezca como está pasando, si no trabajamos juntos, no se va a reducir <b>la brecha entre los que más tienen, y los que menos tienen.</b>”</i></p></blockquote>
<p>En una entrevista posterior, el presidente insistió con ese punto:</p>
<blockquote><p><i>“Este es un proceso en el cual el principal objetivo que yo he asumido como gobierno y como presidente es reducir la pobreza. Y otra cosa en que tenemos que trabajar mucho es en que <b>la diferencia entre los que más tienen y los que menos tienen sea cada vez menor.</b>”</i></p></blockquote>
<p>Por si no se percibe, aparece un problema en las declaraciones oficiales. Y es que se mezclan, como si fuesen conceptos similares, la pobreza y la desigualdad. En el discurso oficial parecería que reducir una cosa va de la mano de reducir la otra.</p>
<p>¿Es esto así? La respuesta es negativa.</p>
<h3><b>Menos pobreza, más desigualdad</b></h3>
<p>Imaginemos que estamos viendo la siguiente foto. En la imagen se observa una persona muy rica, que  vive con todas las comodidades, y también una persona pobre, que lucha todos los meses para poder conseguir  las cosas más básicas.</p>
<p>A priori el problema que uno observa está en la segunda parte de la imagen. <b>Lo que debería preocuparnos es la carencia de quien no tiene, más que la opulencia de quien sí tiene</b>.</p>
<p>Pero, claro, alguno podrá proponer que, si al que tiene le sacamos parte de sus ingresos y se la damos al que no tiene, entonces la persona pobre abandonará su precaria situación.</p>
<p>De hacer eso, es obvio, terminaremos con una menor pobreza (el pobre ahora tiene más bienes y servicios a disposición, gracias a la transferencia del rico), y una menor desigualdad. El pobre es más rico,  el rico es más pobre.</p>
<p>Ahora bien, aun cuando esta sea una posibilidad –en teoría- para reducir la pobreza, no es la única.</p>
<p>Piénsese en Juan, que ingresa USD 260 por mes (la línea de la pobreza según las estadísticas argentinas) y Josefina, que ingresa USD 5.000.</p>
<p>Si ambos individuos mejoraran sus ingresos, es seguro que se reducirá la pobreza, pero podría también crecer la desigualdad. Por ejemplo, si luego de 5 años Juan ingresa USD 1.000 al mes, mientras que Josefina ahora tiene un salario de USD 50.000, ambos estarán mejor y <b>ya no habrá pobreza, pero la “brecha de ingresos” entre ricos y pobres habrá aumentado</b>.</p>
<p>En este segundo escenario, la pobreza se redujo, pero la desigualdad aumentó.</p>
<p>Queda claro, entonces, que pobreza y desigualdad son dos temas separados, y que no es necesario, para reducir la pobreza, que caiga la desigualdad.</p>
<h3><b>Redistribución versus crecimiento</b></h3>
<p>En el apartado anterior  describimos las dos grandes bibliotecas que existen para abordar el tema de la pobreza. La primera sostiene que para reducirla es necesaria la redistribución, que al mismo tiempo que mejora a “los de abajo”, empeora a “los de arriba”.</p>
<p>La segunda teoría, por su parte, sostiene que <b>lo importante es que los de abajo mejoren, pero sin que por ello haya que empeorar a los de arriba</b>. Dentro de ese pensamiento, la clave para superar las carencias materiales no es la redistribución impuesta por el estado, sino el crecimiento económico, que permite a todos acceder a mayor cantidad de bienes y servicios.</p>
<p>La historia se inclina por el segundo abordaje. Según las estadísticas recopiladas por <a href="https://ourworldindata.org/extreme-poverty#the-link-between-economic-growth-and-poverty">Our World In Data</a>, en la medida que un país crece en términos económicos, la pobreza se reduce en todos los casos.</p>
<p><a href="https://www.ivancarrino.com/wp-content/uploads/2018/04/Crecimiento-y-Pobreza.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-3224" alt="Crecimiento y Pobreza" src="https://www.ivancarrino.com/wp-content/uploads/2018/04/Crecimiento-y-Pobreza.png" width="567" height="397" /></a></p>
<p>La relación entre crecimiento y caída de la pobreza también explica por qué no hay que atacar a los ricos para ayudar a los pobres.</p>
<p>Es que e<b>n una economía de mercado, para enriquecerse no queda otra que producir un bien o un servicio que sea valorado por los demás</b>. Así, el éxito empresarial es una señal de que la sociedad valora lo que la empresa hace. Como cuestión adicional, el país ahora tiene más y mejores bienes y servicios, pero también más demanda de mano de obra y mejores salarios.</p>
<p>El crecimiento económico y la mayor riqueza de quienes producen bienes y servicios para la gente es, entonces, la mejor vía para ayudar a los pobres.</p>
<p>En conclusión, desigualdad no es sinónimo de pobreza. Y pensar que son lo mismo puede llevarnos a pensar que para ayudar a los pobres hay que castigar a los ricos.</p>
<p>La realidad nos muestra que es todo lo contrario. Debemos promover el crecimiento económico y permitir que algunos se hagan muy, muy, ricos, de manera que funcionen los incentivos, haya más inversión, producción, y mejoras en las condiciones de vida para todos.</p>
<p>Originalmente publicado en <a href="https://es.panampost.com/ivan-carrino/2018/04/05/argentina-desigualdad-no-es-pobreza/">PanAm Post</a>.</p>
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		<title>El problema no es bajar la inflación, el problema es la inflación</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Mar 2018 11:00:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[ivancarrino]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Contraeconomía]]></category>
		<category><![CDATA[Inflación]]></category>
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		<category><![CDATA[Friedrich Hayek]]></category>
		<category><![CDATA[inflación]]></category>
		<category><![CDATA[John Maynard Keynes]]></category>
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		<category><![CDATA[recesión]]></category>
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		<description><![CDATA[De acuerdo con un alto funcionario del gabinete económico, bajar la inflación puede colapsar la economía. El tema no es nuevo. La inflación es, desde hace varios años, una de las principales preocupaciones de los argentinos. Esto es completamente comprensible. La suba de precios licúa los salarios, castiga el ahorro y, producto de la incertidumbre [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><strong>De acuerdo con un alto funcionario del gabinete económico, bajar la inflación puede colapsar la economía.<span id="more-3174"></span></strong></p>
<p>El tema no es nuevo. La inflación es, desde hace varios años, una de las principales preocupaciones de los argentinos.</p>
<p>Esto es completamente comprensible. La suba de precios licúa los salarios, castiga el ahorro y, producto de la incertidumbre que genera, <strong>aleja las inversiones reduciendo el crecimiento económico</strong>.</p>
<p>A nuestro país en particular se le suma su larga historia inflacionista, que lo llevó a quitarle trece ceros a la moneda, sufrir dos hiperinflaciones y… para peor, no aprender de los errores.</p>
<p>Durante la década de los 2000, cuando prácticamente toda la región logró dominar la inflación, nosotros y Venezuela fuimos las ovejas negras del grupo. Viva el mercado interno, el déficit fiscal, y que lo pague la “soberanía monetaria”. Así terminó el cuento: <strong>los dos países con las mayores inflaciones de la región, cepo cambiario y crisis</strong>.</p>
<p>En este contexto, no solo sorprende que algunos analistas todavía duden de los beneficios de reducir la inflación, sino que deslicen esas ideas los propios miembros del gobierno.</p>
<p>Eso fue lo que recientemente hizo el Jefe de Gabinete del Ministerio de Hacienda.</p>
<p>En medio de <a href="https://www.youtube.com/watch?v=NMy5CwBR3UI">una correcta entrevista con  Nelson Castro</a>, Guido Sandleris deslizó que <strong>“lo difícil no es bajar la inflación, sino hacerlo sin que genere un colapso en la actividad económica”</strong>.</p>
<p>Para el economista, bajar la inflación es una prioridad de “Cambiemos”, pero hay que hacerlo de alguna manera precavida, porque el costo puede ser el colapso de la actividad.</p>
<p>¿Es esto así?</p>
<h3><strong>Comentario Keynesiano</strong></h3>
<p>¿De dónde proviene la idea de que bajar la inflación conlleva necesariamente costos para la economía?</p>
<p>Indagando en pensadores pasados, uno inevitablemente tiene que llegar al economista inglés, John Maynard Keynes. Es que fue Keynes quien, en su Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero, explicó la relación entre –precisamente- el dinero, la tasa de interés, la actividad y el empleo.</p>
<p><strong>Para Keynes, la clave del crecimiento es la “demanda efectiva”</strong>, que podría definirse como el gasto total de una economía. Cuando más gastamos, más invierten las empresas, más contratan trabajadores, y entonces mejor nos va a todos.</p>
<p>Ahora para que dichos gasto e inversión se incrementen, el gobierno puede acceder a una “herramienta de política económica” como la cantidad de dinero. Así, <strong>al imprimir más dinero, puede reducir la tasa de interés, impulsar la demanda y finalmente el crecimiento.</strong> Aunque, claro, esto tendrá efecto en el nivel de precios.</p>
<p>En palabras de Keynes:</p>
<blockquote><p><em>… debemos considerar en primer lugar el efecto de los cambios en la cantidad de dinero sobre la magnitud de la demanda efectiva; y <strong>el crecimiento de ésta irá, en términos generales, a aumentar la cantidad de ocupación y a elevar el nivel de precios</strong>. Así (…) tendremos, de hecho, una situación en que <strong>los precios ascienden gradualmente a medida que la ocupación crece</strong>.</em></p></blockquote>
<p>Como se observa, para el padre de la llamada Revolución Keynesiana, la inflación es la característica distintiva de una economía que crece y que va camino a obtener el pleno empleo.</p>
<p>Se sigue de esto, entonces, que una caída de la inflación, o la deflación, es característica de lo contrario. Menos dinero es mayor tasa de interés, menor demanda efectiva y, por tanto, caída de actividad y aumento del desempleo.</p>
<p>La Curva de Phillips, que plantea que existe una relación negativa entre inflación y desempleo es una elaboración que deriva directamente del planteo keynesiano.</p>
<h3><strong>Contrarrevolución y evidencia empírica</strong></h3>
<p>La idea de que la inflación es buena para el crecimiento nunca fue bien recibida por los economistas liberales.</p>
<p>Friedrich A. Hayek, economista austriaco, se opuso marcadamente a Keynes en la década del ‘30 y planteó que la inflación es la causa de las crisis y el desempleo, no su remedio.</p>
<p>Sin embargo, en esa época nadie lo escuchó. Hubo que esperar recién hasta finales de los ’70, cuando el mundo se encontró con <strong>una situación imposible para la teoría keynesiana: la <em>estanflación</em></strong><em>.</em></p>
<p>En dichos años, Estados Unidos y Europa atravesaban momentos de alta inflación con desempleo y no encontraban la forma de salir del embrollo. Este escenario dio lugar al <strong>resurgimiento de los liberales que, encabezados por Milton Friedman</strong>, explicaron que no existía tal “Curva de Phillips” en el largo plazo, y que <strong>más inflación  no implicaba menor desempleo</strong>.</p>
<p>Alternativamente: bajar la inflación no destruía fuentes de trabajo ni colapsaba la actividad económica.</p>
<p>Más adelante en el tiempo se analizaron casos empíricos de procesos de desinflación. <a href="http://www.nber.org/papers/w5209">William Easterly y Michael Bruno</a>, por ejemplo, encontraron que terminar con una “crisis inflacionaria” (que ellos definen como dos años de inflación por encima de 40% anual) genera un <strong>cambio positivo en el crecimiento económico per cápita de 3,3 puntos porcentuales</strong>.</p>
<p>Este resultado, si bien no tan marcado, se mantiene para cuando se termina con procesos inflacionarios sostenidos de entre 20-40% de inflación anual. <strong>El crecimiento per cápita de los países pasa a un 1,2% anual, contra un 0% de crecimiento promedio durante la vigencia de la crisis inflacionaria</strong>.</p>
<p>Estos hallazgos quedan bien ilustrados por algunos países de Sudamérica, como México, Chile o Colombia, quienes redujeron sus tasas de inflación, al mismo tiempo que su economía comenzaba a crecer de manera marcada.</p>
<p><img alt="" src="https://contraeconomia.com/wp-content/uploads/2018/02/2018.03.01.png" width="764" height="558" /></p>
<p>Entre 1990 y 1997, Chile pasó de tener una inflación de 27% anual a una de 6%. Su PBI per cápita se multiplicó por 2,3 en dicho período. En México bajó de 159% a 8% en 6 años, período en el cual el PBI per cápita se multiplicó por 2,6.</p>
<p>En Colombia, la caída de la inflación fue más lenta, pero durante toda la década del noventa se verificó una desinflación con crecimiento, el cual se disparó una vez que la inflación se estabilizó en un dígito anual.</p>
<h3><strong>Argentina no es la excepción</strong></h3>
<p>A pesar de la teoría y los datos, algunos siguen insistiendo con que Argentina es la excepción a la regla y que “acá seguro no funciona”. Sin embargo, <a href="http://www.bcra.gov.ar/Institucional/DescargaPDF/DownloadPDF.aspx?Id=225">un reciente análisis</a> hecho por el propio Banco Central mostraba que la relación entre inflación y crecimiento es negativa también en nuestro país.</p>
<p><img class="aligncenter" alt="" src="https://contraeconomia.com/wp-content/uploads/2018/02/2018.03.01a.png" width="582" height="494" /></p>
<p>El presidente de la institución, lo explicaba así:</p>
<blockquote><p><em>&#8230; los años de menor crecimiento en Argentina no se vieron acompañados de baja inflación y viceversa. Si algo parecería indicar el grafico, es <strong>que los años de mayor inflación son los de peor desempeño económico, no los mejores</strong>.</em></p></blockquote>
<p>Cerrando el asunto, la frase del Jefe de Gabinete del Ministerio de Hacienda puede ser anecdótica en medio de una entrevista bastante larga y con conceptos correctos en general. Sin embargo, la idea de que bajar la inflación implica costos de magnitudes incalculables está muy extendida en nuestro país.</p>
<p>Por eso viene bien para volver a aclarar el punto: b<strong>ajar la inflación no es el problema, el problema es tener inflación</strong>.</p>
<p>Publicado originalmente en ContraEconomía.</p>
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		<title>Es un error que el Gobierno haya cambiado la meta de inflación</title>
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		<pubDate>Sun, 31 Dec 2017 10:47:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[ivancarrino]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Inflación]]></category>
		<category><![CDATA[La Nación]]></category>
		<category><![CDATA[cambio]]></category>
		<category><![CDATA[crecimiento]]></category>
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		<description><![CDATA[Argentina acarrea una historia de larga decadencia económica. De encontrarse entre los primeros países del mundo a comienzos del Siglo XX, pasamos a ocupar el puesto setenta y tantos. En 1895, nuestro país tenía el 97% del PBI per cápita de Australia. Hoy tenemos solo el 43%. El proceso de decadencia es largo. Pero la [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Argentina acarrea una historia de larga decadencia económica. De encontrarse entre los primeros países del mundo a comienzos del Siglo XX, pasamos a ocupar el puesto setenta y tantos.</p>
<p>En 1895, nuestro país tenía el 97% del PBI per cápita de Australia. Hoy tenemos solo el 43%.</p>
<p>El proceso de decadencia es largo. Pero la caída se profundiza en el período de 1975 a hoy.</p>
<p>¿Quiere saber por qué?</p>
<p>La respuesta es la inflación.</p>
<p>Salvo en 1978 y 1986, <b>desde 1973 y hasta 1990 la tasa de inflación nunca bajó del 100% anual</b>. Gustavo Lázzari y Pablo Guido explicaron que ése constituyó “el período de inflación alta más prolongado de la historia del mundo”.</p>
<p>La inflación es un cáncer para la economía. Destruye el poder de compra del salario, arruina el ahorro, impide planificar y distorsiona el sistema de precios generando falsos auges y posteriores depresiones.</p>
<p>A la Argentina, la inflación la borró del mapa.</p>
<p>Después de 1990 tuvimos 10 años de estabilidad, pero el gasto y la deuda generaron una nueva crisis sin precedentes. El resultado fue volver a probar con la receta inflacionista, que con los Kirchner terminó en el cepo y un estancamiento económico que se prolongó por 6 años.</p>
<p>¿Quién querría tener más inflación?</p>
<p>Curiosamente, no son pocos y <b>acaban de obtener una victoria dentro del equipo económico del gobierno</b>.</p>
<p>Es que para algunos, incluido el ex Ministro de Economía, Alfonso Prat-Gay, el ritmo planteado de desinflación era excesivamente veloz, lo que obligó a tener tasas “demasiado altas que generan atraso cambiario”.</p>
<p>Para atacar estos problemas, pidió elevar las metas de inflación.</p>
<p>Es decir, tener más inflación para que haya tasas más bajas y un dólar más competitivo. O sea, lo que efectivamente anunciaron Peña, Dujovne, Caputo y Sturzenegger el jueves pasado.</p>
<p>Hay dos problemas con esta propuesta.</p>
<p>El primero es que la<b> tasa de interés de la política monetaria no es “alta”, como se dice</b>. Al 30 de octubre de este año, y <b>en el mejor de los casos, la “espectacular inversión” en los títulos del Banco Central rindió 3,2 puntos en términos reales</b>.</p>
<p>Una tasa de interés de 3,2 puntos no parece ser problemática para la inversión. De hecho, de acuerdo con Orlando Ferreres, la Inversión Bruta Fija creció 13,4% interanual en octubre y promedia un aumento de 11,1% en los últimos 6 meses. Es decir, crece al mayor ritmo de los últimos 4 años, cuando la tasa era negativa contra la inflación.</p>
<p>Lo mismo pasa con el crédito. Está volando en términos reales, poco afectado por la “alta” tasa de interés.</p>
<p>El segundo punto es el tipo de cambio.</p>
<p>Según la mirada más heterodoxa, la apreciación del tipo real de cambio es preocupante y desinflar más lento ofrecería un dólar más competitivo.</p>
<p>¿Es esto realmente así?</p>
<p>A priori, no parece. <b>Si la tasa de interés baja de su nivel actual, el dólar puede subir, pero igual subirían los precios</b>, de manera que no se revertiría la apreciación real.</p>
<p>Yendo a lo más fundamental, <b>el concepto en sí mismo es desacertado</b>. Es que países como Chile, Perú, Colombia e incluso Brasil, han vivido un largo proceso de apreciación real de su moneda desde 2003 a 2013, sin que eso resultara en un obstáculo para su crecimiento.</p>
<p>Para sorpresa de algunos, <b>en paralelo con el “dólar barato”, la economía de estos países creció, con baja inflación, bajo desempleo y aumento del salario real.</b></p>
<p>¿Por qué en Argentina debería ser diferente?</p>
<p>El Banco Central es la institución pública <b>cuyo único rol en Argentina y cualquier país serio del mundo es tener una inflación baja y estable</b>. N<b>o se puede imprimir crecimiento</b>.</p>
<p>A corto plazo, es posible que una mayor laxitud monetaria tenga como contrapartida una mayor actividad, pero a largo plazo sabemos que solo trae <b>inflación, crisis y pobreza</b>.</p>
<p>Argentina debe crecer mirando el largo plazo. Y ahí el camino son las reformas estructurales. <b>Más libertad económica, más inversión, crecimiento y reducción de la pobreza</b>. Bajar la inflación es un componente más en ese combo de cambios profundos.</p>
<p>Ya probamos el atajo inflacionista. Nos fue peor que mal. Es una lástima que hayamos vuelto a caer en el error.</p>
<p>Originalmente publicada en <a href="http://www.lanacion.com.ar/2096679-es-un-error-que-el-gobierno-haya-cambiado-la-meta-de-inflacion">La Nación</a>.</p>
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		<title>El Banco Central no puede imprimir felicidad</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Nov 2017 12:20:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[ivancarrino]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Contraeconomía]]></category>
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		<category><![CDATA[política monetaria]]></category>
		<category><![CDATA[tasa de interés]]></category>

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		<description><![CDATA[Algunos viven en un mundo paralelo donde empapelar todo con billetes resulta en crecimiento, salarios altos y caída de la pobreza. Es increíble lo que sucede en Argentina. Tras décadas de inflaciones crónicas, hiperinflaciones y megadevaluaciones, todavía creemos que la receta para crecer es que el Banco Central haga una política monetaria expansiva que estimule [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><strong>Algunos viven en un mundo paralelo donde empapelar todo con billetes resulta en crecimiento, salarios altos y caída de la pobreza.</strong></p>
<p><span id="more-2909"></span></p>
<p><!--more--></p>
<p>Es increíble lo que sucede en Argentina. Tras décadas de inflaciones crónicas, hiperinflaciones y megadevaluaciones, todavía creemos que la receta para crecer es que el Banco Central haga una política monetaria expansiva que estimule la inversión y el consumo.</p>
<p>Si solo el Banco Central bajara “un poquito” la <strong>tasa de interés</strong>, habría más dinero para consumir y los empresarios de la sagrada industria nacional podrían acceder más fácilmente al crédito. Más producción nacional y, encima, más consumo. ¡Una maravilla!</p>
<p>Más aún, si el Banco Central inflara “un poquito más” <strong>el dólar</strong>, ¡qué bien nos vendría! La industria tendría un tipo de cambio más alto. Menos importaciones, más exportaciones, y a crecer gracias al aumento de la demanda agregada. ¿Cómo se nos ocurrió antes?</p>
<p>La caricatura que muestro en los párrafos anteriores es solo eso, una caricatura. Pero <strong>la realidad no se le aleja demasiado.</strong></p>
<p>En la última reunión de la Unión Industrial Argentina, empresarios y analistas, coincidieron <a href="http://www.lanacion.com.ar/2086616-fuerte-cuestionamiento-de-la-uia-al-banco-central-por-las-altas-tasas-de-interes">en criticar al Banco Central por su política de “tasas altas”</a>. Además, afirmaron que <strong>el dólar está barato</strong>.</p>
<p>Algunos, incluso, se animaron a ponerle número a su tipo de cambio ideal: entre $ 23 y $24.</p>
<p>¿A dónde nos lleva todo esto? ¿Es cierto que hay tasas altas que frenan la inversión? ¿Es cierto que el dólar barato impide crecer? ¿Qué debería hacer el Banco Central?</p>
<h3><strong>La tasa contra la actividad</strong></h3>
<p>El argumento en contra de las altas tasas de interés es el siguiente: dado que el consumo y la inversión dependen del costo de endeudarse, si ese costo es bajo, entonces hay más consumo y más inversión. Si el costo es alto, lo contrario.</p>
<p>El razonamiento no está mal, pero adolece de dos problemas.</p>
<p>El primero es que <strong>la tasa de interés de la política monetaria no es “alta”, como se dice</strong>. Al 30 de octubre de este año, la Lebac a 35 días había rendido 22,7%, la de 65 días, 21,39% y la de 90 días, 20,2%. La inflación, por su parte, avanzó 19,4%.</p>
<p>Es decir que, <strong>en el mejor de los casos, la “espectacular inversión” en los títulos del Banco Central rindió 3,2 puntos en términos reales</strong>.</p>
<p>¿Qué clase de competencia con la inversión en la economía real es un rendimiento de 3,2 puntos reales?</p>
<p>Adivinaste,<strong> ninguna</strong>.</p>
<p>De hecho, si efectivamente fuera competencia, eso indicaría que el negocio que se desea emprender no agrega suficiente valor a la sociedad y no debe llevarse a cabo. Pero es un tema puntual, no representa un riesgo para la economía en su conjunto.</p>
<p>El segundo punto es que la tasa de política monetaria no es una buena referencia. Un mejor indicador para ver si es viable invertir, o no, es <strong>la tasa del Riesgo País, que ha bajado sustancialmente desde el fin del kirchnerismo</strong>.</p>
<p>Esto podría estar explicando el aumento de la inversión.</p>
<p>De acuerdo con los <a href="http://www.ojf.com/index.php?option=com_content&amp;view=article&amp;id=55&amp;Itemid=19&amp;lang=es">datos de Orlando Ferreres</a>, la <strong>Inversión Bruta Fija creció 13,4% interanual</strong> en octubre y promedia un aumento de 11,1% en los últimos 6 meses. Es el mejor registro de los últimos 4 años, ¡cuando la tasa era negativa en términos reales!</p>
<p><img class="aligncenter" alt="" src="https://contraeconomia.com/wp-content/uploads/2017/11/2017.11.30_tasas.png" width="537" height="440" /></p>
<p>Por último, si la tasa fuera tan “alta”, el crédito se resentiría. Pero no es lo que sucede hoy.</p>
<p>De acuerdo con los datos compilados por <a href="http://diegogiacomini.blogspot.com.ar/2017/11/hay-un-bombeo-artificial-del-credito.html">Diego Giacomini</a>:</p>
<blockquote><p><em>“los créditos hipotecarios se expanden a un ritmo de +44% en términos reales, y los créditos prendarios aumentan +40% por arriba de la inflación”</em></p></blockquote>
<h3><strong>Dólar barato</strong></h3>
<p>Las críticas contra el BCRA no son solo de los industriales, sino también de economistas de enorme prestigio dentro del país.</p>
<p>En el mismo evento que comentamos, el Director de la Maestría en Economía de la UBA, Martín Rapetti, sostuvo que la <a href="http://www.cippec.org/textual/la-macroeconomia-del-gradualismo/">“apreciación real del peso es preocupante”</a> y que para contrarrestar esto <strong>el Banco Central debería ir más despacio con la baja de la inflación</strong>.</p>
<p><em>Apreciación real del peso</em> quiere decir que la inflación sube más de lo que sube el dólar y, por tanto, dicha moneda tiene menos poder de compra en Argentina. Eso nos hace ser un país “caro” y dificultaría la competitividad de la economía y el crecimiento.</p>
<p>Si la tasa de interés fuera más baja de lo que es hoy, se argumenta, esto no sucedería. Los inversores elegirían el dólar en lugar de las Lebac y, por tanto, la divisa subiría.</p>
<p>¿Es esto realmente así?</p>
<p>A priori, no parece. <strong>Si la tasa de interés baja de su nivel actual, tal vez el dólar subiría, pero igual subirían los precios</strong>, de manera que no podemos saber si se revertiría la apreciación real.</p>
<p>Yendo a lo más fundamental, <strong>el concepto en sí mismo es desacertado</strong>. Es que países como Chile, Perú, Colombia e incluso Brasil, han vivido un largo proceso de apreciación real de su moneda desde 2003 a 2013, sin que eso resultara en un obstáculo para su crecimiento.</p>
<p><img class="aligncenter" alt="" src="https://contraeconomia.com/wp-content/uploads/2017/11/2017.11.30_tasas1.png" width="536" height="441" /></p>
<p>Para sorpresa de algunos, <strong>en paralelo con el “dólar barato”, la economía de estos países creció, con baja inflación, bajo desempleo y aumento del salario real. ¿Por qué en Argentina debería ser diferente?</strong></p>
<p>Entiendo que haya preocupaciones con la competitividad y el déficit de cuenta corriente, que siempre se revirtió de manera violenta en el pasado. Pero las críticas en este sentido deberían dirigirse a la política fiscal.</p>
<p>No a la institución pública <strong>cuyo único rol en Argentina y cualquier país serio del mundo es tener una inflación baja y estable</strong>.</p>
<p><img class="aligncenter" alt="" src="https://contraeconomia.com/wp-content/uploads/2017/11/2017.11.30_tasas2.png" width="535" height="449" /></p>
<p><strong>El Banco Central no puede imprimir felicidad</strong>. A corto plazo, es posible que más laxitud monetaria tenga como contrapartida una mayor actividad, pero a largo plazo sabemos que solo trae <strong>inflación, incertidumbre, crisis y pobreza</strong>.</p>
<p>De hecho, la crisis que atravesamos en 2016 no fue más que el resultado de ese <strong>excesivo foco en el corto plazo</strong>, que pedía políticas expansivas para la felicidad del pueblo, hasta que chocó con la pared de la realidad.</p>
<p>Por una vez Argentina debería mirar el <strong>largo plazo</strong>. Y ahí el camino del crecimiento es por vía de reformas estructurales. <strong>Más libertad económica, más inversión, crecimiento y reducción de la pobreza</strong>. Bajar la inflación es un componente más en ese combo de cambios profundos.</p>
<p>Intentémoslo una vez, en lugar de seguir empapelando el camino a la pobreza.</p>
<p>Publicado originalmente en <a href="https://contraeconomia.com/2017/11/el-banco-central-no-puede-imprimir-felicidad/">Contraeconomia.com</a></p>
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		<title>No, el crecimiento no es tirado por la demanda</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Sep 2017 12:46:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[ivancarrino]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[La falacia keynesiana más extendida desconoce principios básicos de lógica económica. Ayer por la tarde estuve en la Universidad Nacional de Moreno. Gracias a la invitación de Facundo Ramírez, de la agrupación “Nueva Opción Estudiantil”, participé en un animado debate sobre economía, política económica y, en última instancia, diferentes visiones sobre cómo superar la pobreza [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><strong>La falacia keynesiana más extendida desconoce principios básicos de lógica económica.</strong></p>
<p style="text-align: center;"><span id="more-2635"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Ayer por la tarde estuve en la Universidad Nacional de Moreno. Gracias a la invitación de Facundo Ramírez, de la agrupación “Nueva Opción Estudiantil”, participé en un animado debate sobre economía, política económica y, en última instancia, diferentes visiones sobre cómo superar la pobreza en Argentina.</p>
<p>Había estado allí hace un año, en otro debate que recuerdo se extendió por casi tres horas, en las que tanto los alumnos como los disertantes no bajamos el nivel de pasión y entusiasmo.</p>
<p>Recuerdo de esa fecha algo que me llamó la atención. Uno de los expositores, nada menos que el decano del Departamento de Economía y Administración, sostenía que <b><i>“todo el mundo sabe que el crecimiento es impulsado por la demanda”</i></b> y que las únicas restricciones a este fabuloso dispositivo de avance económico eran de índole político.</p>
<p>El razonamiento era así: si el gobierno emprendiera una política fiscal y monetaria expansiva, el consumo crecería sin cesar y no habría límites para el crecimiento económico. Sin embargo, los políticos son demasiado pacatos, o neoliberales, o sencillamente enemigos del pueblo, y se preocupan en exceso por el equilibrio fiscal.</p>
<p>Recientemente volví a leer este análisis en el medio digital <a href="http://www.visiondesarrollista.org/daniel-schteingart-argentina-pais-mas-se-desindustrializo-ultimo-cuarto-del-siglo-xx/">“Visión Desarrollista”</a>. En una entrevista, el analista consultado sostenía:</p>
<blockquote><p><i>Diría que tengo una visión keynesiano-estructuralista del proceso de crecimiento. Tengo un par de premisas. La primera, el crecimiento es tirado por la demanda. Y la inversión tiende a reaccionar ante la demanda.</i></p></blockquote>
<p>Ciertas ideas, evidentemente, se resisten a perecer. De hecho, desde al menos la década del ’30 que se consideran como <b>vacas sagradas del pensamiento económico</b>.</p>
<p>En lo que queda de esta nota, intentaré mostrar por qué hemos vivido equivocados.</p>
<h1><b>Un problema de lógica</b></h1>
<p>El primer problema al que se enfrenta la idea de la demanda como motor del crecimiento es de pura lógica. Decimos que hay crecimiento económico cuando existe una mayor cantidad de bienes disponibles para consumir. En la jerga técnica, cuando la Frontera de Posibilidades de Producción se desplaza a la derecha. Si eso sucede, la producción crece y, por tanto, las posibilidades de consumo.</p>
<p>Ahora cualquiera puede comprobar simplemente mirando su economía personal o familiar que, para consumir más, primero va a tener que generar un ingreso mayor. O sea, para aumentar mi “demanda” de bienes y servicios, primero debo incrementar mi ingreso.</p>
<p>Si un trabajador quiere incrementar su demanda de caloventores, tendrá que empezar por conseguir un aumento de salario. ¿Y cómo podría conseguirlo? Aumentando su nivel de producción.</p>
<p><b>Antes de demandar, hay que producir.</b> Si no produzco nada que tenga valor en el mercado, entonces no voy a tener ingresos y mi demanda será igual a 0 (cero). La producción, entonces, viene antes de la demanda y ésta es resultado, no causa, del crecimiento económico.</p>
<h1><b>El gobierno no es Warren Buffett</b></h1>
<p>A pesar de este problema de lógica fundamental, uno todavía podría pensar lo siguiente:</p>
<p style="padding-left: 30px;">1) El gobierno no puede aumentar el gasto a nivel agregado, puesto que lo que gasta en un sector lo debe haber tomado de otro previamente.</p>
<p style="padding-left: 30px;">2) Sin embargo, si tomó dinero de un sector improductivo para asignarlo a uno productivo, entonces esa inversión pública generará beneficios que se paguen solos.</p>
<p style="padding-left: 30px;">3) Al mejorar la eficiencia económica, el gasto público podría incrementar el crecimiento de la economía, generando una producción total de mayor valor que antes.</p>
<p>Ahora bien, este supuesto es demasiado irreal. Equivale a <b>suponer que el Ministro de Economía es Warren Buffett </b>y que tiene una capacidad extraordinaria para asignar los recursos de la manera más efectiva posible.</p>
<p>Pero la cosa no es así. En primer lugar, el gobierno tiene <b>un problema de incentivos</b>. Sus decisiones de gasto están principalmente afectadas por las elecciones y por los grupos de poder que lo influyen. Así, suele gastar con criterios “sociales” y “políticos”, ambos muy alejados de la eficiencia económica.</p>
<p>El otro problema es el de <b>la información</b>. Y, en este punto, ni Warren Buffett podría hacerlo bien: desde las oficinas centrales del gobierno no se tiene la capacidad para conocer las múltiples y cambiantes necesidades de tan vasta cantidad de individuos. <b>Solo los empresarios en un mercado libre son capaces de identificar y satisfacer, en un proceso de prueba y error, las necesidades de la gente</b>.</p>
<p>Con problemas de incentivos e información a la orden del día, el gasto gubernamental es todo lo contrario de la imagen idealizada que se tiene de él. A la postre, siempre termina sacándole a los productivos para darle a los improductivos.</p>
<p>El resultado, en este contexto, es menor, no mayor crecimiento.</p>
<h1><b>La oferta agregada es la clave</b></h1>
<p>Para ir concluyendo, también conviene señalar una de las lecciones más básicas de la Macroeconomía: que el nivel de precios y de producción lo determina la intersección de la demanda y la oferta agregadas.</p>
<p>Es decir, así como en un mercado concreto, oferta y demanda determinan precios y cantidades, en el plano macro sucede algo parecido. Y aquí la forma de la curva de oferta agregada se vuelve clave. Es que <b>el gobierno puede incrementar la demanda agregada todo lo que quiera, pero si la oferta es vertical (y hay consenso de que, a largo plazo, así es), entonces nada pasará con el crecimiento</b>.</p>
<p><a href="https://www.ivancarrino.com/wp-content/uploads/2017/09/2017.08.31.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-2638" alt="2017.08.31" src="https://www.ivancarrino.com/wp-content/uploads/2017/09/2017.08.31.png" width="547" height="429" /></a></p>
<p>A largo plazo, la oferta agregada es vertical, ya que no responde al nivel de precios. En ese contexto, <b>las políticas fiscales y monetarias expansivas no generan crecimiento, sino (como se ve en el gráfico) solo más inflación</b>.</p>
<p>Un ejemplo concreto de esto es, sin dudas, el período 2011-2015, cuando el déficit fiscal se multiplicó, la cantidad de dinero hizo lo propio y la economía, lejos de crecer, se estancó en términos agregados.</p>
<p><b>El crecimiento no es tirado por la demanda. </b>Hay que producir para obtener ingresos y recién después demandar/consumir.</p>
<p>Creer que el gobierno, solo a fuerza de decretos y leyes, puede impulsar el crecimiento es otorgarle un poder mágico que, en la práctica, solo ofreció veranitos de corto plazo para terminar en crisis tiempo después.</p>
<p>Publicado originalmente en <a href="https://contraeconomia.com/2017/08/no-el-crecimiento-no-es-tirado-por-la-demanda/">contraeconomia.com</a></p>
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		<title>La desigualdad no daña a las sociedades</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Jul 2017 20:21:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[ivancarrino]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Respuesta a Mr. Wilkinson. Las redes sociales son un mundo realmente fascinante. Lo mismo que antes hacíamos en un grupo pequeño, en familia o solos en el living de nuestra casa, hoy podemos compartirlo con miles. Miramos un programa de TV, comentamos algo en Twitter, y otros pueden sumarse a nuestra idea o bien dar [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><b><i>Respuesta a Mr. Wilkinson.</i></b></p>
<p style="text-align: justify;">Las redes sociales son un mundo realmente fascinante. Lo mismo que antes hacíamos en un grupo pequeño, en familia o solos en el living de nuestra casa, hoy podemos compartirlo con miles. Miramos un programa de TV, comentamos algo en Twitter, y otros pueden sumarse a nuestra idea o bien dar un punto de vista diferente.</p>
<p style="text-align: justify;">A los que vivimos de analizar la coyuntura y las ideas que dan forma a nuestras sociedades, nos sirve tanto para difundir una mirada, como para nutrirnos de otras distintas.</p>
<p style="text-align: justify;">Precisamente eso es lo que me pasó hace unas semanas.</p>
<p style="text-align: justify;">En un lapso de dos o tres días, dos usuarios de la famosa red del pajarito me compartieron el link a una <a href="https://www.ted.com/talks/richard_wilkinson?language=es">charla TED</a> protagonizada por el “epidemiólogo social” británico <b>Richard Wilinkinson</b>. El intrigante título de la misma era: <b>“Cómo la desigualdad daña a las sociedades”.</b></p>
<p style="text-align: justify;">En realidad, la presentación de 15 minutos realizada por Wilkinson es un resumen de la obra “The Spirit Level”, que escribió en conjunto con Kate Pickett en el año 2010. Dicho trabajo plantea que <b>la desigualdad de ingresos entre las personas de un país es la responsable por una serie de diferentes “males sociales”</b>.</p>
<p style="text-align: justify;">Los autores miden la desigualdad como la diferencia entre lo que ingresa el 20% más rico y el 20% más pobre de un país. Luego crean un índice de “males sociales” que está compuesto por diversos indicadores, tales como: el nivel de confianza, las enfermedades mentales (incluyendo el alcoholismo y la drogadicción), la mortalidad infantil, la obesidad, el desempeño escolar de los niños, la cantidad de hijos de los adolescentes, la tasa de homicidios y de encarcelamientos y, por último, la movilidad social.</p>
<p style="text-align: justify;">Al cruzar estos datos llegan a una alarmante conclusión: <b>en cada una de estas variables, a los países más desiguales les va peor.</b> Esto sería una muestra indiscutible de que la desigualdad es la responsable y de que es necesario combatirla.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Es esto así? Si bien la conclusión y el relevamiento de datos resultan asombrosos, lo cierto es que el argumento padece de una serie de falencias importantes.</p>
<p style="text-align: justify;">A continuación, veremos por qué las conclusiones de Wilkinson son incorrectas.</p>
<p style="text-align: justify;"><b>Una falla metodológica</b></p>
<p style="text-align: justify;">El primer obstáculo insoslayable con el que se cruza el argumento de Wilkinson y Pickett es de índole metodológico. Es que lo que los autores intentan hacer es relacionar dos variables “macroagregadas” como si una determinara a la otra, algo que es incorrecto desde el punto de vista teórico.</p>
<p style="text-align: justify;">En sendos lugares de su charla, Wilikinson sostiene que nos va a mostrar lo que “la desigualdad <i>le hace</i>” a “nuestras sociedades”. ¿Ahora qué es la desigualdad? ¿Cómo es que actúa? ¿Acaso se trata de una persona, con inteligencia y voluntad? No, de ninguna manera.</p>
<p style="text-align: justify;">Decir que la desigualdad “hace” algo es como decir que la patria quiere tal o cual cosa. Sin embargo, eso es incorrecto. La patria, a lo sumo, es una suma de individuos, que a veces pueden ser varios millones, y que en ningún caso deberían tomarse como un todo homogéneo.</p>
<p style="text-align: justify;">Aquí ocurre lo mismo. No podemos aceptar sin más la relación entre dos variables agregadas si no existe un mecanismo que nos explique cómo ellas afectan la conducta particular de los individuos.</p>
<p style="text-align: justify;">Tomando un ejemplo de los propios autores de la obra: <b>¿cómo es que la desigualdad hace que una persona sea alcohólica? ¿Es que una persona decide tomar en exceso, o cae presa de esta adicción porque su vecino es 3, 4 o 50 veces más rico que él?</b> ¿Cuál es el vínculo <i>necesario</i> entre una cosa y la otra?</p>
<p style="text-align: justify;">La realidad es que <b>no existe tal vínculo, y cualquiera que quiera establecerlo, o está forzando el argumento, o directamente nunca tuvo contacto con una persona alcohólica</b>.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta falla metodológica es muy grave y por tanto debería hacernos dudar de la aparente solidez de las conclusiones de Wilkinson.</p>
<p style="text-align: justify;"><b>La movilidad social es clave</b></p>
<p style="text-align: justify;">Cuando se habla de desigualdad, suele criticarse que “los de arriba” ganan mucho más que “los de abajo”. Sin embargo, este es un análisis estático. Después de todo, los que un día están “abajo”, en otro momento pueden terminar estando “arriba”. Es decir, una vez que consideramos la movilidad social, el fantasma de la desigualdad pierde un poco de sentido.</p>
<p style="text-align: justify;">Si los pobres pueden mañana dejar de serlo, y si producto del crecimiento económico y la mejora de la tecnología, cada vez están mejor: ¿qué problema hay si entre las personas hay más o menos diferencia de ingresos?</p>
<p style="text-align: justify;">Para Wilkinson, sin embargo, el caso es distinto. En uno de los cuadros que muestra en su presentación sostiene que a mayor desigualdad, menor es la movilidad social.</p>
<p style="text-align: justify;"> <a href="https://www.ivancarrino.com/wp-content/uploads/2017/07/spiritlevel.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-2561" alt="spiritlevel" src="https://www.ivancarrino.com/wp-content/uploads/2017/07/spiritlevel.png" width="567" height="455" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">En dicho cuadro, Estados Unidos figura tanto como el extremo de la elevada desigualdad, como el de la baja movilidad social. Así, en el país del norte no solo las diferencias entre ricos y pobres serían las más elevadas, sino que la posibilidad de los pobres de convertirse en ricos serían las más bajas.</p>
<p style="text-align: justify;">Esto choca con otros datos.</p>
<p style="text-align: justify;">De acuerdo con <a href="https://poseidon01.ssrn.com/delivery.php?ID=720026113081004108122024124090096102019014069017088036022084096118021100072071031100025100029023038019107086116109099028029087042047011052015004025066009015029067029035087041088122001016111115120116003123076082025002024005074107119004065002071031081026&amp;EXT=pdf">estudios citados por Steven Horwitz</a>, Estados Unidos tiene una elevada movilidad social. Por ejemplo, entre 1975 y 1991, los datos disponibles muestran que el <b>94,9% de los hogares que se encontraban en el quintil más bajo de ingresos, se movieron hacia arriba en la escalera social</b>, con un 29% yendo a parar al quintil más rico del país.</p>
<p style="text-align: justify;">Años posteriores otros analistas corrigieron estos datos. Si bien no tan asombrosos, <b>entre 1996 y 2005, el 57,6% de los hogares de menores ingresos ascendieron en la escalera</b>, con 9,9% llegando al segundo quintil de ingresos y 5,3% llegando a la cima de la pirámide.</p>
<p style="text-align: justify;">A partir de estos números, suena extraño que se concluya que Estados Unidos tiene la menor movilidad social de todos los países analizados. El tema al menos amerita un poco más de investigación.</p>
<p style="text-align: justify;"><b>La violencia es consecuencia de los igualitaristas</b></p>
<p style="text-align: justify;">Otra de las cuestiones que argumenta Wilkinson es que la mayor desigualdad se correlaciona con una mayor violencia o inseguridad.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora de nuevo: ¿bajo qué mecanismo? ¿Qué explica que una persona salga de su casa para delinquir?</p>
<p style="text-align: justify;">Una explicación que darían los autores es que a mayor brecha salarial, más frustración personal y más tendencia a hacer cosas ilegales.</p>
<p style="text-align: justify;">Podría ser.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero también podría perfectamente encajar otra teoría. <b>Cuanto más se sostiene que la desigualdad es injusta y que los ricos de alguna manera deberían darle a los pobres para reducir la brecha (cosa que Wilkinson hace sin tapujos), más se legitima la idea de que los pobres tienen derecho a asaltar el patrimonio de los ricos.</b></p>
<p style="text-align: justify;">Una vez que esta idea está legitimada: ¿qué frenos morales tendrán las personas a la hora de convertirse en ladrones,  secuestradores o incluso asesinos?</p>
<p style="text-align: justify;">Wilkinson establece una relación de causalidad desde desigualdad a violencia. Otra distinta es posible: cuanto más se insiste sobre los problemas que genera la desigualdad, menos tapujos a la hora de atacar a “los que más tienen”.</p>
<p style="text-align: justify;"><b>Conclusión</b></p>
<p style="text-align: justify;">El argumento de Wilkinson puede sonar convincente en una primera lectura. Sin embargo, como hemos visto aquí, sufre de insoslayables problemas metodológicos, presenta datos que merecen mayor debate y, por último, dan por ciertas relaciones de causalidad que podrían ser completamente diferentes.</p>
<p style="text-align: justify;">Los “males sociales” no son producto de la desigualdad, sino de lo que individuos de carne y hueso le hacen a los demás y a ellos mismos. Análisis de este tipo no contribuyen a resolver estos problemas.</p>
<p style="text-align: justify;">Publicado originalmente en <a href="http://contraeconomia.com/2017/07/01/la-desigualdad-no-dana-a-las-sociedades/">contraeconomia.com</a></p>
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		<title>El lado bueno de la desigualdad</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Jan 2017 16:14:08 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Inversor Global]]></category>
		<category><![CDATA[crecimiento]]></category>
		<category><![CDATA[desigualdad]]></category>
		<category><![CDATA[Edward Conrad]]></category>
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		<description><![CDATA[El nuevo enemigo de los intervencionistas es la desigualdad de ingresos y riqueza. Sin embargo, cuando la desigualdad es resultado del éxito de los emprendedores, se vuelve netamente positiva. La revolución industrial fue un  momento de inflexión en la historia económica mundial. Por décadas y décadas la humanidad había permanecido con una bajísima tasa de [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em><span style="color: #808080;"><strong>El nuevo enemigo de los intervencionistas es la desigualdad de ingresos y riqueza. Sin embargo, cuando la desigualdad es resultado del éxito de los emprendedores, se vuelve netamente positiva.</strong></span></em></p>
<p style="text-align: justify;">La revolución industrial fue un  momento de inflexión en la historia económica mundial. Por décadas y décadas la humanidad había permanecido con una bajísima tasa de crecimiento y una muy modesta expectativa de vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Entre el año 1500 y el 1800, un británico promedio no podía esperar vivir más allá de los 40 años. Eso cambió radicalmente después de la Revolución Industrial. A nivel mundial, el ingreso per cápita comenzó a crecer a pasos acelerados, al igual que la esperanza de vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Todo esto se dio, además, en el medio de un exponencial crecimiento poblacional. Así, las agoreras predicciones de Thomas Malthus quedaron refutadas. El desarrollo del capitalismo, la propiedad privada y el comercio internacional dieron lugar a este fenómeno y -a pesar de algunos contratiempos debidos a las guerras- <strong>el progreso humano no cesó desde entonces</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Claro que los defensores de la intervención estatal en la economía, los mercantilistas y los marxistas no iban a dejar que esta historia saliera a la luz tan fácilmente. Así que difundieron la idea de que, a pesar de todo el progreso derivado de la Revolución Industrial, la desigualdad había sido una de las partes más repudiables de todo el proceso.</p>
<p style="text-align: justify;">Como consecuencia del crecimiento económico, argumentaban, la riqueza de algunos creció desproporcionadamente en comparación con la de otros y eso es digno del máximo de los repudios…</p>
<p style="text-align: justify;">Por curioso que parezca, en la actualidad el debate es bastante similar. El mundialmente conocido economista Thomas Piketty puso a la desigualdad en el centro de la escena nuevamente en 2014, cundo publicó “El Capital en el Siglo XXI”. Allí pronosticaba que la desigualdad seguiría una trayectoria creciente a nivel mundial y que los ricos serían cada vez más ricos en comparación con los pobres.</p>
<p style="text-align: justify;">Para mitigar el supuesto problema que significa esta desigualdad, Piketty y otros que se han sumado a su cruzada, abogan por cobrar más impuestos a los altos ingresos, a la riqueza acumulada y también a las herencias.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>El estado tiene que sacarle a los ricos, darle a los pobres, y así conseguir una sociedad más igualitaria.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La verdad es que el caso de Piketty no es tan fuerte como parece. Tanto desde el punto de vista teórico, como en su correlato con los datos, los postulados del francés fueron <a href="http://blogs.elconfidencial.com/economia/laissez-faire/2016-12-26/thomas-piketty-estrellato-mediatico-economista-frances-economia_1309136/" target="_blank">seriamente cuestionados</a>.</p>
<p style="text-align: justify;">Las críticas mencionadas apuntan a desechar la idea de que efectivamente exista una desigualdad creciente de ingresos y patrimonios. Sin embargo, <strong>pocos se animaron a defender por sí misma la desigualdad</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Al parecer, todos deberíamos desear una sociedad igualitaria.</p>
<p style="text-align: justify;">Ese no es mi caso. Y tampoco el de <strong>Edward Conrad.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">En su nuevo libro, “<a href="https://www.amazon.com/Upside-Inequality-Intentions-Undermine-Middle/dp/1595231234" target="_blank">El lado positivo de la desigualdad</a>”, el investigador y ex director de la firma financiera Bain Capital, plantea que la enorme diferencia de ingresos que existe entre los norteamericanos, lejos de ser un problema, es un activo que ese país tiene.</p>
<p style="text-align: justify;">Conrad plantea que las diferencias que se observan entre los ricos y los pobres de Estados Unidos son principalmente el resultado del enorme éxito que está teniendo el famoso “1%”. De acuerdo con su argumento:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>A medida que la economía crece, valora más la innovación. Así, los innovadores que alcanzan el éxito a través de toda la economía, como Steve Jobs y Bill Gates, se enriquecen mucho más de lo que previos innovadores lo hicieron en el pasado. Y se enriquecen más que los doctores, los maestros de escuela, los conductores de colectivos… cuya paga está limitada al número de personas que pueden servir.</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Es decir, a medida que avanza la globalización y la tecnología de la información mejora nuestra capacidad de comunicarnos, también se incrementa la capacidad de las empresas y los individuos de llegar a una mayor cantidad de consumidores.</p>
<p style="text-align: justify;">Justin Bieber, que comenzó subiendo videos a YouTube, hoy tiene un mercado potencial de 7 mil millones de personas gracias al avance de la globalización y la tecnología. Lo mismo pasa con los CEO de las compañías multinacionales exitosas. <strong>Manejan negocios que cambian la vida de miles de millones, y eso exige una compensación acorde.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Así, “el aumento de la desigualdad de los ingresos es un subproducto de una economía que ha desplegado su talento y su riqueza más efectivamente que otras economías”. No por casualidad, Estados Unidos es más desigual que Europa, pero históricamente ha crecido a ritmos muy superiores.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando uno tiene éxito en una economía globalizada, <strong>las ganancias que recibe pueden sonar desproporcionadas, pero es lo que mantiene los incentivos alineados y a la economía en crecimiento</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Como sugiere Conrad:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>Los retornos más altos por el éxito incrementan la oferta de talentos debidamente entrenados, y estos altos retornos motivan a los innovadores, los emprendedores y los inversores para que tomen riesgos. Estos dos efectos relajan los obstáculos al crecimiento, lo que permite que la economía crezca más rápido.</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Para estimular la innovación y el crecimiento, hay que permitir que los innovadores y los empresarios exitosos cosechen la totalidad de las ganancias que la sociedad, eligiendo en el mercado libre, quiere otorgarles.</p>
<p style="text-align: justify;">Castigar el éxito con más impuestos logrará el objetivo contrario. Habrá menos innovación, menos crecimiento económico y, por tanto, salarios más bajos y más pobreza.</p>
<p style="text-align: justify;">Es hora de sacarse de encima los prejuicios y mirar el lado positivo de la desigualdad.</p>
<p style="text-align: justify;">Publicado originalmente en <a href="https://elliberal.igdigital.com/2017/01/26/el-lado-bueno-de-la-desigualdad/">Inversor Global</a>.</p>
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		<title>&#8220;Está el riesgo de repetir lo de los &#8217;90&#8243;</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Sep 2016 02:47:09 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Entrevista completa con Radio Dos de Corrientes, FM 99.3; sobre la marcha de la economía en 2016 y el proyecto de Presupuesto 2017. .]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Entrevista completa con Radio Dos de Corrientes, FM 99.3; sobre la marcha de la economía en 2016 y el proyecto de Presupuesto 2017.</p>
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