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	<title>Iván Carrino &#187; La Nación</title>
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		<title>Los neomalthusianos se equivocan: la humanidad tiene motivos para el optimismo</title>
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		<pubDate>Sun, 12 Feb 2023 23:14:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[ivancarrino]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[La Nación]]></category>
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		<description><![CDATA[Publicado originalmente en La Nación. En 1766 nació Thomas Robert Malthus, quien a sus 39 años tomó posesión de la cátedra de Historia Moderna y Economía Política del East India College. Según John Maynard Keynes, esa fue la primera cátedra de economía política que se estableció en Inglaterra. Malthus pasó a la historia gracias a [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Publicado originalmente en <a href="https://www.lanacion.com.ar/economia/los-neomalthusianos-se-equivocan-la-humanidad-tiene-motivos-para-el-optimismo-nid12022023/">La Nación</a>.</p>
<p>En 1766 nació Thomas Robert Malthus, quien a sus 39 años tomó posesión de la cátedra de Historia Moderna y Economía Política del East India College. Según John Maynard Keynes, esa fue la primera cátedra de economía política que se estableció en Inglaterra.</p>
<p>Malthus pasó a la historia gracias a la publicación de “Un Ensayo Sobre el Principio de la Población, y su efecto en el futuro progreso de la sociedad…”. Su visión fue eminentemente lúgubre. El autor planteaba que la humanidad estaba condenada producto del crecimiento de la población.</p>
<p>En palabras del inglés, “si no se controla a la <b>población</b>, ésta crece en forma geométrica. La <b>subsistencia</b> (por el contrario), crece solo en forma aritmética”. Esto quería decir que mientras los seres humanos crecíamos de forma exponencial, los recursos necesarios para nuestra supervivencia lo harían de forma lineal. Este pronóstico llegaba al punto en que la sociedad ya no podía crecer más, resultado de las enfermedades y hambrunas generalizadas que sobrevendrían.</p>
<p>A pesar del revestimiento matemático de la teoría de Malthus, la historia mostró lo erróneo de sus predicciones. Incluso antes de que su libro saliera a la venta, la realidad ya refutaba sus ideas: entre 1700 y 1798, la población de Inglaterra había crecido un 49,1%, mientras que el PBI nominal había aumentado un 93,8%. Es decir, los ciudadanos ingleses no solo no tenían menos elementos con los cuales sobrevivir, sino un 30% más de bienes y servicios por persona para consumir.</p>
<p>Décadas de teoría económica y datos sobre crecimiento per cápita no lograron desalentar a una nueva camada de pensadores “malthusianos”. En 1968, el biólogo norteamericano Paul Erlirch publicó un libro titulado “La Explosión Demográfica”. Erlich sostuvo allí que el camino de la hambruna era inevitable y que “para 1970, cientos de millones morirán de hambre”. Erlich sigue siendo hoy un intelectual respetado y está directamente ligado con los movimientos ambientalistas.</p>
<p>Estos movimientos también agitan un argumento malthusiano: el crecimiento económico encontrará, tarde o temprano, el límite de la naturaleza y eso traerá consecuencias catastróficas. En 2019, Greta Thunberg dijo frente a las Naciones Unidas que estábamos “en el inicio de una <b>extinción masiva</b>”.</p>
<p>El problema de todas estas teorías es que están en franco contraste con los datos. En el último libro de Marian L. Tupy y Gale L. Pooley, “Superabundance”, se muestra que –por una enorme cantidad de medidas objetivas- como el ingreso real per cápita, la esperanza de vida al nacer, la mortalidad infantil, la oferta de alimentos per cápita, el alfabetismo, y hasta la probabilidad de morir producto de una catástrofe ambiental como un terremoto, inundación o sequía, la humanidad nunca ha estado mejor.</p>
<p>Por si esto fuera poco, los autores de la obra también se toman el trabajo de analizar cuántas horas de trabajo le lleva al ciudadano promedio del mundo comprar determinados recursos. Es que si la teoría de los malthusianos fuera cierta, y el crecimiento poblacional fuera a agotar los recursos existentes, la lógica económica indicaría que éstos deberían ser cada vez más caros. Sin embargo, Tupy y Pooley muestran que <b>el ciudadano promedio del mundo tardó (entre 1960 y el año 2018) entre 87,3% y 93,4% menos tiempo de trabajo</b> en obtener bienes tales como cacao, azúcar, aceite de coco, trigo, maíz, café, té o goma.</p>
<p>El análisis luego lo extienden a una enorme serie de recursos, productos y hasta servicios, y lo aplican a diferentes naciones y períodos del tiempo en la historia, llegando siempre a la misma conclusión: incluso cuando la humanidad ha experimentado un considerable crecimiento, <b>casi la totalidad de los bienes y servicios que necesitamos para sobrevivir se han vuelto más abundantes</b>. Cada vez necesitamos menos tiempo de trabajo para alcanzar los bienes que nos garantizan una mejor calidad de vida.</p>
<p>¿Cuál es la explicación de esta “Superabundancia”? La tesis del libro es que las ideas catastrofistas, incluso cuando tengan sentido desde un análisis estático e ingenieril, no pasan la prueba del análisis económico, que tiene en cuenta la capacidad humana de ingenio, innovación y adaptación a los problemas.</p>
<p>Esa capacidad -operando en libertad y en un marco institucional saludable- es la que permitió que “la porción de pizza por persona crezca más rápido que el ritmo al que se sumaban más personas a la mesa”. Y será también la que, en el futuro, si se presentan problemas ambientales, los terminará resolviendo. Los neomalthusianos se equivocan. La humanidad tiene motivos para el entusiasmo.</p>
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		<title>Es un error que el Gobierno haya cambiado la meta de inflación</title>
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		<pubDate>Sun, 31 Dec 2017 10:47:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[ivancarrino]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Inflación]]></category>
		<category><![CDATA[La Nación]]></category>
		<category><![CDATA[cambio]]></category>
		<category><![CDATA[crecimiento]]></category>
		<category><![CDATA[inflación]]></category>
		<category><![CDATA[metas de inflación]]></category>
		<category><![CDATA[Stuzenegger]]></category>
		<category><![CDATA[tipo de cambio]]></category>

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		<description><![CDATA[Argentina acarrea una historia de larga decadencia económica. De encontrarse entre los primeros países del mundo a comienzos del Siglo XX, pasamos a ocupar el puesto setenta y tantos. En 1895, nuestro país tenía el 97% del PBI per cápita de Australia. Hoy tenemos solo el 43%. El proceso de decadencia es largo. Pero la [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Argentina acarrea una historia de larga decadencia económica. De encontrarse entre los primeros países del mundo a comienzos del Siglo XX, pasamos a ocupar el puesto setenta y tantos.</p>
<p>En 1895, nuestro país tenía el 97% del PBI per cápita de Australia. Hoy tenemos solo el 43%.</p>
<p>El proceso de decadencia es largo. Pero la caída se profundiza en el período de 1975 a hoy.</p>
<p>¿Quiere saber por qué?</p>
<p>La respuesta es la inflación.</p>
<p>Salvo en 1978 y 1986, <b>desde 1973 y hasta 1990 la tasa de inflación nunca bajó del 100% anual</b>. Gustavo Lázzari y Pablo Guido explicaron que ése constituyó “el período de inflación alta más prolongado de la historia del mundo”.</p>
<p>La inflación es un cáncer para la economía. Destruye el poder de compra del salario, arruina el ahorro, impide planificar y distorsiona el sistema de precios generando falsos auges y posteriores depresiones.</p>
<p>A la Argentina, la inflación la borró del mapa.</p>
<p>Después de 1990 tuvimos 10 años de estabilidad, pero el gasto y la deuda generaron una nueva crisis sin precedentes. El resultado fue volver a probar con la receta inflacionista, que con los Kirchner terminó en el cepo y un estancamiento económico que se prolongó por 6 años.</p>
<p>¿Quién querría tener más inflación?</p>
<p>Curiosamente, no son pocos y <b>acaban de obtener una victoria dentro del equipo económico del gobierno</b>.</p>
<p>Es que para algunos, incluido el ex Ministro de Economía, Alfonso Prat-Gay, el ritmo planteado de desinflación era excesivamente veloz, lo que obligó a tener tasas “demasiado altas que generan atraso cambiario”.</p>
<p>Para atacar estos problemas, pidió elevar las metas de inflación.</p>
<p>Es decir, tener más inflación para que haya tasas más bajas y un dólar más competitivo. O sea, lo que efectivamente anunciaron Peña, Dujovne, Caputo y Sturzenegger el jueves pasado.</p>
<p>Hay dos problemas con esta propuesta.</p>
<p>El primero es que la<b> tasa de interés de la política monetaria no es “alta”, como se dice</b>. Al 30 de octubre de este año, y <b>en el mejor de los casos, la “espectacular inversión” en los títulos del Banco Central rindió 3,2 puntos en términos reales</b>.</p>
<p>Una tasa de interés de 3,2 puntos no parece ser problemática para la inversión. De hecho, de acuerdo con Orlando Ferreres, la Inversión Bruta Fija creció 13,4% interanual en octubre y promedia un aumento de 11,1% en los últimos 6 meses. Es decir, crece al mayor ritmo de los últimos 4 años, cuando la tasa era negativa contra la inflación.</p>
<p>Lo mismo pasa con el crédito. Está volando en términos reales, poco afectado por la “alta” tasa de interés.</p>
<p>El segundo punto es el tipo de cambio.</p>
<p>Según la mirada más heterodoxa, la apreciación del tipo real de cambio es preocupante y desinflar más lento ofrecería un dólar más competitivo.</p>
<p>¿Es esto realmente así?</p>
<p>A priori, no parece. <b>Si la tasa de interés baja de su nivel actual, el dólar puede subir, pero igual subirían los precios</b>, de manera que no se revertiría la apreciación real.</p>
<p>Yendo a lo más fundamental, <b>el concepto en sí mismo es desacertado</b>. Es que países como Chile, Perú, Colombia e incluso Brasil, han vivido un largo proceso de apreciación real de su moneda desde 2003 a 2013, sin que eso resultara en un obstáculo para su crecimiento.</p>
<p>Para sorpresa de algunos, <b>en paralelo con el “dólar barato”, la economía de estos países creció, con baja inflación, bajo desempleo y aumento del salario real.</b></p>
<p>¿Por qué en Argentina debería ser diferente?</p>
<p>El Banco Central es la institución pública <b>cuyo único rol en Argentina y cualquier país serio del mundo es tener una inflación baja y estable</b>. N<b>o se puede imprimir crecimiento</b>.</p>
<p>A corto plazo, es posible que una mayor laxitud monetaria tenga como contrapartida una mayor actividad, pero a largo plazo sabemos que solo trae <b>inflación, crisis y pobreza</b>.</p>
<p>Argentina debe crecer mirando el largo plazo. Y ahí el camino son las reformas estructurales. <b>Más libertad económica, más inversión, crecimiento y reducción de la pobreza</b>. Bajar la inflación es un componente más en ese combo de cambios profundos.</p>
<p>Ya probamos el atajo inflacionista. Nos fue peor que mal. Es una lástima que hayamos vuelto a caer en el error.</p>
<p>Originalmente publicada en <a href="http://www.lanacion.com.ar/2096679-es-un-error-que-el-gobierno-haya-cambiado-la-meta-de-inflacion">La Nación</a>.</p>
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