Los errores de la Nueva Derecha

Iván Carrino / Martes 4 de diciembre de 2018 / 25 Comentarios

Un trabajo fácticamente equivocado y con un estilo más propio de una cancha de fútbol que del debate de ideas.

Me compré El Libro Negro de la Nueva Izquierda el 2 de mayo de 2017. Ya conocía a Agustín Laje y, en general, me gustaba lo que escribía.

Solía publicar textos bien investigados, destacando siempre el valor de la libertad individual, muy al estilo de Ayn Rand. Estoy hablando de épocas en donde Agustín criticaba el populismo de Cristina Fernández, tiempo después de haber escrito largamente sobre la temática de los ’70, una que no encuentro especialmente interesante.

Para escribir El Libro Negro, de hecho, recuerdo que me pidió algunas referencias para buscar datos económicos, cosa que hice animadamente.

En 2015 leí el libro… O la mitad de él…

La sección que escribe Agustín me parece muy buena, tanto que hasta hemos hablado sobre el tema en un espacio radial que supe tener este año. Su planteo, en resumidas cuentas, es que la izquierda, esa que otrora luchaba por emancipar al proletariado de la prisión capitalista, ha perdido la batalla principalmente porque el trabajador la pasa fenómeno en las economías capitalistas.

Teléfonos celulares, hornos microondas, automóviles, ropa, salud, educación, hoy todo es increíblemente más accesible al “trabajador explotado” gracias al capitalismo.

Dicha  derrota, manifestada en el derrumbe del Muro de Berlín, sin embargo, no fue suficiente para terminar con las ideas de izquierda y, según explica Laje, la izquierda ahora busca nuevas “minorías explotadas” para de ahí volver a subvertir el orden social capitalista.

El feminismo radical es un claro exponente de esta narrativa[i].

Ahora bien, el Libro Negro no se limita solo a analizar el feminismo como nuevo frente abierto de la “batalla cultural”. En una segunda sección, escrita por el abogado Nicolás Márquez, se trata el tema del “homosexualismo”.

Esta sección es verdaderamente nefasta, así que a continuación me gustaría remarcar los principales errores del análisis allí volcado. Llama la atención que una persona tan formada y aparentemente sensata como Agustín Laje no los haya advertido.

El Lado Oscuro del Libro Negro

Recuerdo que en 2015, cuando terminé de leer la (a mi juicio) buena sección escrita por Agustín Laje, intenté avanzar con la Parte II, titulada “Homosexualismo Cultural”. Al ver que el autor usaba como sinónimo de “homosexual” y “homosexualidad” a “sodomita” y “sodomía”, dejé de leer. Me pareció un trato sencillamente despreciable que no merecía un segundo más de atención.

Los liberales que miramos la televisión podemos recordar, por ejemplo, a Javier Milei tratando al kirchnerismo de “sodomita del capital”, por lo que la palabra sodomía no podía tener connotaciones muy positivas que digamos.

Tratar así al prójimo no suena bien en ningún caso, a menos que queramos ofenderlo deliberadamente.

Dejé ahí el libro entonces y no volví al tema…

Hasta este año.

Ver a algunos liberales atacar (quizás sin darse cuenta) a minorías sexuales me hizo pensar que están cometiendo el mismo error que solemos criticar: el analizar en términos de conjuntos, como si “los hombres” fueran todos “violadores” o “los ingleses” fueran todos “piratas”. Ahora parece que “los gays” tienen “una agenda”, ¡y que van a imponer el comunismo!

Decidí, entonces, ir a la fuente y retomar la parte II de El Libro Negro de la Nueva Izquierda, un cúmulo de falacias, agravios gratuitos, descalificaciones de baja estofa y un paupérrimo nivel intelectual oculto bajo una prosa supuestamente elegante.

De sodomía y sodomitas

Nicolás Márquez utiliza la palabra sodomitas alrededor de 21 veces en el libro. La palabra sodomía,  por su parte, se repite 38. Siempre que están utilizados estos vocablos, el autor se está refiriendo, bien a los homosexuales, o bien a la homosexualidad.

Cuando comenté en Facebook que este trato me parecía despreciable, hubo quienes me “explicaron” que, “técnicamente”, el uso de la palabra era correcto.

¿Será? Veamos.

De acuerdo con la Real Academia Española (si es que de algo sirve), la palabra “sodomía” quiere decir “práctica del coito anal”.

¡Voilá! ¡Márquez tiene razón!

No, ni por un instante.

En primer lugar, porque perfectamente puede haber una persona homosexual que no practique el sexo anal (mujeres lesbianas, por ejemplo, hombres célibes, vírgenes…). De acuerdo también con la RAE, homosexual es una persona “inclinada sexualmente hacia individuos de su mismo sexo”. Inclinarse sexualmente no quiere decir practicar el acto sexual, sino sentir atracción por personas del mismo sexo. Menos aún, claro, quiere decir qué tipo específico de relación sexual tiene la persona homosexual.

En segundo lugar, porque el coito anal no es una característica específica y definitoria del homosexual. ¿O acaso las mujeres heterosexuales no pueden realizar dicha práctica? ¿Serán ellas también unas sodomitas para Márquez?

En tercer lugar, porque incluso en el caso de quienes sí practican el coito anal y sí son homosexuales, ¿a quién se le ocurre definir a las personas por ello? ¿O acaso a los heterosexuales se nos conoce como “vaginistas” porque practicamos el coito vaginal?

La denominación de sodomita para con el/la homosexual no es solo técnicamente incorrecta e imprecisa, sino que refleja el halo de desprecio que el autor tiene con esta forma de vivir la sexualidad.

“La lucha no es contra el homosexual”

Antes de comenzar de lleno con su argumento, Márquez lanza una contundente aclaración, que reproduzco aquí abajo (las negritas son mías):

“… al referirnos a la homosexualidad de ahora en adelante, lo haremos aludiendo tanto a su militancia como a la ideología homosexualista que hay en ella, pero en modo alguno al individuo o a los individuos que, en prudencia y discreción mantienen en su vida privada una intimidad de tinte homosexual. Dicho de otro modo, los argumentos que expondremos a lo largo de nuestras anotaciones tendrán como blanco no al individuo que padece dicha tendencia, sino a aquellos que la ideologizan haciendo de esa inclinación un panegírico…”

Nótese la profunda contradicción de este párrafo. Busca separar sus críticas a la militancia homosexual de la persona homosexual en sí, pero al hacerlo tira dos bombas.

La primera: que está todo bien  con la homosexualidad, siempre que se mantenga en “prudencia y discreción”. ¿Le molestará igual a Márquez que una pareja heterosexual no mantenga dichas “prudencia y discreción”?

La segunda: que los homosexuales “padecen” una tendencia. De acuerdo a esta visión, los homosexuales son víctimas de algo feo que les pasa, y no individuos libres que, como todos los demás, elegimos en nuestra vida de acuerdo a nuestros principios, recursos, limitaciones y comodidades, cómo queremos vivirla.

Este tema no queda solo aquí, sino que se extiende y desarrolla un poco más adelante.

En una parte de la obra, donde aborda el tema de la “compasión” como un elemento también cooptado por la izquierda, sostiene:

“… la compasión es un noble sentimiento humano relacionado con la conciencia del sufrimiento ajeno y el consiguiente deseo de aliviarlo. Pero ocurre que este sentimiento es manipulado por la ideología del género, porque aquí no se percibe como compasivo a todo aquel que se acerque al homosexual con el fin de ayudarlo, sino a quien se acerca para ponderar sus hábitos (…)

O sea, con ese criterio, ante un amigo alcohólico la compasión no consistiría en intentar rescatarlo de su desarreglo, sino en proveerle mayores dosis de bebida para que no se enoje ni sufra abstinencia etílica (…) tal acción no favorecería a la persona sino a la permanencia de sus malos hábitos”.

O sea, el homosexual o bien “padece” su “condición”, o bien es un adicto como el alcohólico, o bien hay que ayudarlo a terminar con sus “malos hábitos”.

¡Menos mal que estos pensadores aclaran que no son homofóbicos y que son tolerantes con lo diverso!

Por último debemos comentar que si por militancia homosexual el autor se refiere a que algunos pidan cupos en las empresas privadas o subsidios específicos para determinadas orientaciones sexuales, etc. queda claro que uno puede oponerse perfectamente a esos reclamos (como lo he hecho yo, por ejemplo, en el caso del feminismo), sin pedir que los homosexuales no manifiesten amor en la vía pública ni sostener que son víctimas de una enfermedad o algo parecido.

Además, ¿cómo es este argumento de que está todo bien con ser homosexual pero no con promoverlo o demostrarlo? ¿Acaso aplicarían la misma fórmula a la heterosexualidad? ¿Quién es Nicolás Márquez para decir qué se puede promover y qué no acerca de prácticas que tienen que ver con la intimidad y las relaciones personales?

¿A quién daña la homosexualidad, la transexualidad, la castidad o el poli-amor, siempre que ocurran en el marco de relaciones consentidas?

No hay argumentos racionales para responder esta pregunta. Y mucho menos los hay desde la perspectiva individualista. Porque está claro que si el argumento va a ser que “hay que promover la especia y la reproducción”, entonces resulta que – en un abrir y cerrar de ojos-  nos convertimos en una raza animal a conservar.

No es la idea.

Peligroso argumento numérico

A poco de comenzar el primer capítulo de su sección, titulado “Comunismo y Sodomía”, el abogado y escritor aborda el tema de la cantidad de homosexuales que habitan el planeta.

Su objetivo es refutar “uno de los mitos más exitosamente repetidos por la militancia homosexual”, que el 10% de la población es gay y que, por tanto, sus “proclamas y reclamos no forman parte de una ‘necesidad de la sociedad’ sino de discutibles pretensiones de un sector marginal convertido en poderoso”.

Entrar en esta discusión es sumamente peligroso y rememora discursos de políticos populistas con claros proyectos autoritarios.

¿O nos olvidamos cuando, luego de multitudinarias marchas contra el gobierno de Cristina Fernández, sus funcionarios y hasta la propia CFK las minimizaban aduciendo que eran parte de un sector minúsculo que  quería “viajar a Miami”?

Para el caso, los liberales también somos una minoría en un país que siempre vota al peronismo o a cualquiera de sus variantes… ¿deberíamos dejar de ser liberales? ¿Deberían prescribirnos del debate púbico? ¿Deberían dejarse de lado nuestros reclamos?

A uno puede no gustarle un argumento o una forma de vivir, pero el número de personas que defiende ese argumento o forma de vivir no dice absolutamente nada sobre los mismos… A menos que estemos cediendo a los argumentos totalitarios de quienes decimos ser acérrimos enemigos.

El SIDA como castigo

Como si este autor rayano en barrabrava de “La Doce” no pudiera dejar lugar común y frase desafortunada sin decir, en repetidas ocasiones describe que varios de los militantes, algunos con “obsesiva faloadicción” (sic), murieron de SIDA producto de sus indeseables actividades.

De Paul Varnell, dice que murió de sida por sus “costumbres”.

De Guy Hocquenghem, dice que murió de SIDA por su “desaforada vida sexual”.

De Paco Vidarte, dice que murió de SIDA por “sus hábitos licenciosos”.

Y podría seguir, pero… ¿a quién se le ocurre? ¿Qué clase de persona escribe estas cosas?

Sostener este tipo de afirmaciones es propio de un “hater”, de un resentido y de un ignorante.

En primer lugar, porque incluso cuando el SIDA fuera una enfermedad propia de los homosexuales –que no lo es- existen prácticas absolutamente seguras para prevenirlo: por ejemplo, ¡el uso de preservativo!

Ahora lo peor de todo es que ni siquiera es cierto que esta enfermedad sea un castigo divino para los homosexuales como a Márquez le gustaría. Es que, si bien en Estados Unidos la población gay es la más afectada por el virus, no ocurre lo mismo en España. De acuerdo con el Ministerio de Salud de dicho país, 50% de las infecciones llega como resultado del intercambio heterosexual.

Si tomamos al mundo como un todo, ocurre lo mismo. De acuerdo con la Fundación Henry Kaiser, dedicada a temas de salud pública en Estados Unidos, en el mundo “la mayoría de las infecciones de HIV son trasmitidas de manera heterosexual”. El mismo dato es refrendado por el escritor James Finn, tomando información de Naciones Unidas.

Conclusión

La Nueva Derecha es, como la vieja, y como el liberalismo, antiizquierdista y antimarxista.

Sin embargo, ahí se acaban las coincidencias.

Los liberales respetamos de manera irrestricta el proyecto de vida de los demás. Y la palabra “respeto” es clave porque es muy superior a “tolerancia”. En temas de orientación sexual, no se trata de “tolerar” algo desagradable, sino de aceptar y valorar formas diversas de llevar la vida.

¿Desde qué pedestal moral vamos a juzgar las decisiones individuales de los demás?

Claro que podemos juzgar moralmente determinados actos, como el robo, la estafa, el asesinato, la corrupción, el acoso… ¿Pero cuándo la elección sexual de una persona se volvió sujeto de ese escrutinio?

Ahora bien, en el caso de El Libro Negro de la Nueva Izquierda, ni siquiera se trata de ser o no liberal. Se trata de tener ciertos códigos. De tener don de gente, de no ser un “bully”, un barrabrava, y de no ridiculizar aquello que nos es ajeno.

Finalmente, el libro de Nicolás Márquez no tiene ningún argumento contundente contra la “militancia homosexualista”. Es solo un panfleto discriminador, plagado de prejuicios y desbordante de falacias ad-hominem propias de una revista de chimentos.

Confío en que –a pesar del éxito de esta obra- ideas tan agresivas y atrasadas no prosperarán en el debate público. Y que, como viene ocurriendo, la sociedad occidental continuará siendo cada vez más inclusiva y respetuosa de la diversidad individual.



[i] Si bien a mí el texto de Agustín me pareció muy bueno, es también interesante ver la crítica realizada por la economista María Blanco, quien en las páginas 197 a 203 de su libro de 2017, Afrodita Desenmascarada, sostiene que la relación que hace Agustín entre feminismo y pedofilia es “forzada” y que algunas autoras que él cita son realmente marginales y no representantes del movimiento feminista.

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Update – Fe de Erratas 11/12/2018: En la sección donde abordo el tema SIDA, tomo datos de una nota de El País con supuesta referencia al contagio heterosexual del SIDA. Revisando los datos del Ministerio de Salud en uno de los últimos informes publicados sobre la temática en España, encuentro que de los 2430 nuevos casos de diagnóstico de la enfermedad, 53,2% tienen como modo de transmisión el intercambio sexual de hombres con hombres, seguido de 27,3% por el intercambio de parejas heterosexuales (Tabla 9 del informe: VIGILANCIA EPIDEMIOLÓGICA DEL VIH y SIDA EN ESPAÑA, disponible aquí  https://www.mscbs.gob.es/ciudadanos/enfLesiones/enfTransmisibles/sida/vigilancia/InformeVIH_SIDA_2016.pdf).

Obviamente, eso no va contra mi punto principal, que es el de demostrar que el SIDA no es una enfermedad propia de los homosexuales, sino que también pueden ser víctima los heterosexuales. Otra argumento que he recibido es que entre hombres homosexuales existe una mayor proporción de VIH que en la población heterosexual. Ese dato, aunque cierto, no quita que el SIDA pueda prevenirse,  con preservativo. Es por ello que asumir que, porque existe esa mayor proporción, el SIDA es producto de ser homosexual es nuevamente incorrecto.

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Comentarios

  1. Gabriel Zanotti

    Martes 4 de diciembre de 2018 a las 8:18 am

    Coincido, y mi posición con respecto a la homsexualidad y otras prácticas, desde un punto de vista JURÍDICO, es LA MISMA que la tuya, aunque mantengo mi reserva desde un punto de vista moral. Yo también, por lo demás, considero que el libro de María Blanco es insuperable en este tema. No reproduzco tu art. en mi muro para no produndizar la grieta que ya se ha producido: tengo esperanzas (tal vez vanas) de ver cómo reaccionan los de la nueva derecha ante mis propias aclaraciones.

    Responder
    • Iván Carrino

      Miércoles 5 de diciembre de 2018 a las 7:58 am

      ¡Gracias Gabriel! Pero es como te decía en Twitter, vos podés tener tus reservas, pero tu actitud siempre es de respeto. Aquí se ensalza poco menos que el odio al diferente y con argumentos realmente de dudosa calidad.

      Yo entiendo que *específicamente en este tema* no podemos considerarnos los dueños de la verdad, y sigo bastante lo que plantea Alberto de diferencias tolerancia de respeto por lo siguiente, que seguramente habrás leído más de una vez:

      “No se requiere que compartamos ni siquiera que comprendamos los proyectos de vida del prójimo, se necesita, eso sí, que se los respete. No cabe aquí el uso de la expresión “tolerancia” puesto que se trata de una extrapolación ilegítima del campo de la religión al del derecho. Los derechos no se toleran, se respetan. El recurrir a la expresión “tolerancia” implica cierto tufillo a arrogancia y presunción del conocimiento. Trasmite la idea de que algunos poseen la certeza y la verdad absoluta y deben tolerar los errores de otros.” (https://independent.typepad.com/elindependent/2011/10/el-liberalismo-como-respeto-al-pr%C3%B3jimo.html)

      Abrazo!

      Responder
  2. Fabio Gonzalez

    Martes 4 de diciembre de 2018 a las 10:29 am

    No es muy común encontrar la fascinante coincidencia , al menos en nuestras pampas,de un pensamiento abiertamente liberal ,como el de Ivan Carrino, sin trampas . Con pluma ágil y entrenada, se va convirtiendo por derecho propio en un bravo espadachin del pensamiento y la filosofia liberales puesto que su mirada vive atenta no sólo a las variables economicas sino a todo el acontecer humano. Un joven y auténtico liberal. ¡ Cuánta falta hacia ! Bienvenido.

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  3. Bryan Bustamante

    Martes 4 de diciembre de 2018 a las 11:02 am

    Hay algo en lo que no concuerdo.
    Libertad individual es no es estado de naturaleza, no es libertinaje. El liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del otro, y los tres derechos básicos son: a la vida, a la propiedad y a la libertad. El liberalismo es el respeto irrestricto en estos tres derechos mencionados. No en la identidad de valores morales. Si yo por ejemplo, tengo algo en contra de las prácticas homosexuales (que no lo tengo) porque tengo una concepción moral distinta por “X” motivo, pero no tengo actitudes totalitarias que impidan las prácticas, no por eso dejo de ser liberal.
    Te cito, Iván: “En la economía, respetarás
    a tu prójimo incluso cuando éste desee viajar en Uber y no en los taxis
    gubernamentalmente avalados. Respetarás a tu prójimo incluso cuando éste
    sea miembro de un partido político distinto al tuyo y sus ideas te parecen
    abominables.” Para mí “respeto” en este contexto significa no agresión, no impedir que sean del partido que sean, no impedir que tomen Uber, no poseer actitudes totalitarias. Decir lo que quiera, criticar que tomen Uber o sean de tal partido, no entra en conflicto con lo mencionado.
    Mientras que esos conservas no intenten imponer su concepción moral al resto de los individuos mediante la coerción y la coacción estatal, está todo bien…

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    • Eric

      Miércoles 5 de diciembre de 2018 a las 1:58 am

      Tal cual, no pierden la etiqueta de liberal en la medida que su rechazo por la forma de vida del otro no se transforme en un impulso hacia una legislación que efectivamente le complique la vida a ese ser, cosa que sí pasaba en el Segundo Mundo y en el libro se toman el trabajo de dejar en claro.

      Responder
    • Iván Carrino

      Miércoles 5 de diciembre de 2018 a las 7:52 am

      Interesante Bryan,

      Ahora bien, en la cita que hacés de mi escrito sobre el liberalismo económico, si mirás lo que escribo antes de ese párrafo aparece una frase de Benegas Lyngh (h) que, completa, dice esto:

      “No se requiere que compartamos ni siquiera que comprendamos los proyectos de vida del prójimo, se necesita, eso sí, que se los respete. No cabe aquí el uso de la expresión “tolerancia” puesto que se trata de una extrapolación ilegítima del campo de la religión al del derecho. Los derechos no se toleran, se respetan. El recurrir a la expresión “tolerancia” implica cierto tufillo a arrogancia y presunción del conocimiento. Trasmite la idea de que algunos poseen la certeza y la verdad absoluta y deben tolerar los errores de otros.”

      El párrafo es muy poderoso, y totalmente “hayekiano”. O sea, uno puede decir, siendo liberal puedo hacer lo que quiera mientras no mate a nadie, no golpee a nadie y no le robe o estafe a nadie… Pero el liberalismo de Hayek también era una actitud humilde ante la vida, donde yo no tengo la verdad absoluta sobre la mejor forma de vivir y, por tanto, “tolero que tengas estos hábitos malos”. Ah sí, ¿y cómo sabés que son malos?

      Específicamente en el tema de la elección sexual me parece que es imposible pararse en un pedestal moral y levantar el dedo acusador… ¿con qué argumento? ¿con que te vas a morir de SIDA?

      Dicho esto, en el caso de Márquez mi comentario sobre el liberalismo es un comentario que busca decir: “yo como liberal encuentro que esto es incorrecto”, pero luego digo que esto excede totalmente al liberalismo. Es simplemente una cuestión de educación y no ser un canchero de cuarta que se burla de los demás.

      Saludos!

      Responder
  4. Jose Luis Patiño

    Martes 4 de diciembre de 2018 a las 4:15 pm

    Excelente Iván! Sin duda esta “nueva derecha” es en realidad medieval. Me cansé de leer en Prensa Republicana referencias al ocultista Julius Evola, asesor de Musolini. Evola proponía el regreso al tradicionalismo esotérico que nada tiene que ver con los valores católicos que pone la nueva derecha como pantalla. En “Rebelión contra el mundo moderno” Evola decía lo mismo que Marquez. Nada nuevo. Antimarxismo, pero también antiliberalismo y anticapitalismo.

    Responder
    • Esteban

      Miércoles 5 de diciembre de 2018 a las 12:55 am

      A que te refieres con derecha medieval? Exactamente con el término medieval? Desde mi punto de vista el libro con expresiones incluso insinuosas para la discusión no compartidas por unos y aceptada por otros es una absoluta realidad la que expone y se apega a datos e información concreta y verídica. Y cito a Marquez y Laje quienes argumentan que: “quien no crea que esto sea correcto o esté en desacuerdo entonces que escriba el Libro negro del libro negro de la nueva izquierda.” dando a entender que mejor propongan una respuesta escrita y debatible y no una censura cobarde como suele darse en muchos países incluso Argentina su propio pais. El libro se escribió hace 2 años aprox y hoy día es más actual curiosamente y lo que escribieron y argumentaron hace 2 años esta en lo correcto aún mas 2 años despues, tenían razón este par de cabrones. De hecho, en 2 años la capacidad de debate de Laje y Marquez se ha afinado aún más al punto que el medio de “callarlos” es violentando o tratando de violentar su libre derecho de expresión (algo mil veces demostrable también) y no discutiendo con ellos con argumentos claros en un terreno público para una abierta opinión y análisis como debiera ser, últimamente se les intimidó de esta forma en España (demostrable) y no lograron nada prq cuando no se tienen argumentos o preparación para debatir es mejor quedarse en la trinchera como lo hacen la izquierda progre y los lobby de hoy dia (también tenían razón en esto, laje y marquez). El comentario hecho por este señor está bien realizado pero me gustaría ver más la prudente propuesta de un debate de ideas y las consultas concretas de forma personal cara a cara antes que leer lo que un papel o tablet aguante en una “crítica” que son buenas que se den pero de ahí no pasan. Espero quizás el libro en otros idiomas y posiblemente el volumen 2 para que se amplie y se exponga aún más como es realmente la. Nefasta ideología de género que es una realidad demostrable. 100% y NO un supuesto falso argumento de “medievales cavernicolas”. Soy de Costa Rica en donde también trataron de callarlos a Laje y Márquez (demostrable) hace 1.5 años aproximadamente cuando aún eran unos desconocidos. Saludos

      Responder
  5. Diego Novaresse

    Martes 4 de diciembre de 2018 a las 4:37 pm

    He escuchado varias veces a Nicolás Márquez en conferencias y en varias de ellas argumentó que la homosexualidad formaría parte de un proceso patológico el cual tiene cura, y que está siendo tratado por especialistas… También tienen conductas más riesgosas para su salud, padecen más ETS y viven menos que la media de la población.

    Quizás esto no figure en el libro..

    Responder
  6. Facundo Erramuspe

    Martes 4 de diciembre de 2018 a las 5:22 pm

    Soy docente, si hubiera “discriminado” alumnos por su orientación (algunos hoy son travestis), seguramente me cuestionaría muchas cosas. El “exceso” siempre es un arma de doble filo. Coincido con lo que expresas Ivan. Excelente análisis.

    Responder
  7. Carlos Agustin Barberan

    Martes 4 de diciembre de 2018 a las 6:20 pm

    Estimado Ivan:
    Ante todo felicitarte de publicar con tal altura una opinión sobre el libro y estar dispuesto a recibir comentarios al respecto.
    Por lo que aprovechando el espacio para hacer una pequeña acotación que entiendo que seria muy sano para poder aclarar las posiciones que hay al respecto.
    Ciertamente el tema que trata Nicolas Marquez en su parte del libro es sin duda el mas polémico en todo el libro. Polémico por una serie de factores (ya que el tema que desarrolla involucra las unas de las decisiones mas personales que puede hacer todo ser humano y abarca el aspecto mas intimo que tiene el desarrollo de la corporalidad humana), pero principalmente a raíz de una “Notada Militancia del Lobby LGBTIQ” hoy la sociedad prácticamente no tiene derecho a que se debata este tema abiertamente o peor aun el intentar hacerlo puede llegar un acto de discriminación o hasta un delito.
    Y si bien comparto que el lenguaje usado por Nicolas no es el mas feliz, en ningún momento el libro no propone lo que falsamente le endilgan a la gente de derecha de “prohibir al homosexual de que no se exprese o viva según su preferencias”.
    Ahora diferente es que obliguen a la gente a tener que aceptar que cualquier elección sexual (entre las que esta ser homosexual) tiene que ser moralmente aceptada (como de hecho pasa y que hoy en día es cada vez mas impuesto por el lobby de”Genero”) o peor aun que se obliga a aceptar que lo correcto es ser moralmente indiferentes respecto al tema. Y en este punto me sumo al comentario hecho por Gabriel y por Bryan.
    Ciertamente hay que respetar las decisiones de todos, pero toda la humanidad esta llamada a descubrir la verdad, mas allá de que después se quiera o no vivir siguiendo la misma (siempre que después se este dispuesto a aceptar las consecuencias morales de no seguir la misma).
    Por lo que creo que lo mas Justo es que se pueda organizar un coloquio al respecto donde tanto Vos como Nicolas puedan dar su punto de vista y se llegue a un entendimiento de por lo menos cuales son las posturas en disputa y se pueda hablar de este tema tan relevante para nuestra actualidad, pero tristemente cada vez mas, no se permite que hayan voces disidentes.
    Nuevamente felicitaciones y espero tu respuesta.
    Saludos.

    Responder
  8. Agustín Sueiro

    Martes 4 de diciembre de 2018 a las 10:35 pm

    Muy interesante la crítica. Estaría muy bueno que la Nueva Derecha realmente adopte prácticas de la verdadera vieja derecha y del paleoconservadurismo, que estaba muy cerca de los ideales liberales, y que se diferencian rotundamente del neoconservadurismo y del conservadurismo estructural.

    Responder
  9. Eric

    Miércoles 5 de diciembre de 2018 a las 1:54 am

    En sus conferencias y charlas en los medios suelen ser, tanto Márquez como Laje, tipos que van al grano con cierto punto y se cuidan de no bifurcarse y de no abrir varios frentes de batalla a la vez. A veces aplican la lógica de manera impecable, pero otras veces me parece que cometen ciertas falacias de generalización apresurada, ciertos saltos al vacío que son, dentro de la estructura de la ideología de género, posibilidades pero de muy baja probabilidad de ocurrencia. De todas formas, a mí en lo particular, me parece que sería incapaz de discutir con esta gente, debido a que mi formación es infinitamente inferior en varios temas (ése en particular) y por tanto me remito a las pequeñas cosas que puedo entender, desde mi cosmovisión… a mí también me molestó el masivo uso de “sodomía/sodomita” como término preferido de Márquez. A veces lo veo más como un bruto que como un intelectual; tiene cierta falta de tacto a la hora de comunicarse. Podría dejar en claro que siente rechazo a la homosexualidad en general pero ahorrándose esos términos sacados, pareciera, de un pastor evangelista brasileño. A Laje lo veo más cuidadoso en ese aspecto. Presiento que ambos rechazan la homosexualidad per se pero la toleran. Respecto a eso, quisiera destacar un detalle en donde no estoy de acuerdo en esta nota: se habla de que la tolerancia y el respeto son cosas que están a distinto nivel, cuando en realidad el respeto es algo que está adentro del concepto de tolerancia. De hecho la tolerancia es el pilar fundamental de la democracia, porque el ciudadano tolerante es el que convive, respeta y acepta aunque quiera para sí o para los demás otra cosa (por eso vota a un partido, pierde y acepta vivir como el resto dictó a través de su victoria). En ese sentido, más allá de las desafortunadas expresiones de Márquez, entendiendo prácticamente a los homosexuales como desgraciados a los que habría que ayudar a cambiar, remarco la tolerancia que hay en ellos, tanto en Márquez como en Laje, pues ellos pueden desaprobar la homosexualidad pero jamás -al menos así lo aseguran- estarían de acuerdo con establecer leyes que la castiguen y le hagan la vida imposible al homosexual. Eso es lo más importante.

    Responder
  10. Jack

    Jueves 6 de diciembre de 2018 a las 12:10 am

    Como siempre la formas les importan más que el fondo.
    Me extraña que a un economista poco le importen las cifras. Si Laje habla del sida es por que este se presenta mayoritariamente entre la población lgbti, lo cual nada tiene que ver con que Márquez lo diga de una u otra forma, tiene que ver con una triste realidad que no hay que tapar con un tratado sobre el buen o mal uso de la palabra sodomía.
    Que es torpe o no al expresar sus ideas al final es lo de menos, lo verdaderamente importante es lo que nadie le ha refutado y es el adoctrinamiento de los niños en la ideología de género ( qué obviamente vas a negar a priori), se está abusando de niños de menos de 10 años sometiendolos a una intensa carga de información sexual prematuramente que nada bueno les va a traer, ej: alentarles a masturbarse, tocarse entre ellos… a niños de 5 años!!!!
    Trataste de refutar a Márquez y no pudiste, solo lograste hacer lo que todos han hecho: gritarle homofóbico.

    Responder
  11. Alintro

    Jueves 6 de diciembre de 2018 a las 10:29 pm

    Muy de acuerdo en general. Laje se nota una persona que si bien tiene sus prefencias morales, es más “abierto” y razonable. Pero guste o no Marquez es un tipo bastante más intolerante y poco serio. Y si bien la intolerancia no es ningun delito (o no debería), sí que es algo condenable. Y tratar a todo un grupo de personas de formas tan innecesariamente insultantes y descalificativa debería recordar a los autodenominados liberales, o libertarios, las veces que se les acusa de “facho neoliberal queres matar a los pobres”.

    Responder
  12. Marcelo

    Lunes 10 de diciembre de 2018 a las 10:27 am

    Estimado Ivan,

    En relación a la pregunta que haces, y la cito “¿A quién daña la homosexualidad, la transexualidad, la castidad o el poli-amor, siempre que ocurran en el marco de relaciones consentidas?”; creo que la respuesta no es tan simple “a nadie”. Diria, como responden los abogados “Depende”, de que?:

    Si el quehacer homosexual, no demanda, a través de su múltiples movimientos, que la comunidad heterosexual (específicamente, aquella que ve en la práctica homosexual, temas profundamente éticos y morales) No demanda que ellos renuncien a ver los temas éticos (forzándolos a través de las modificaciones de las leyes); si todo esto NO ocurre, entonces, la respuesta sería nuevamente “depende”: si el que responde es quien no ve temas éticos y morales en la práctica homosexual: la respuesta seria “a nadie”, si el que responde es quien ve temas profundamente éticos y morales en la práctica homosexual, la respuesta seria “a todos”.

    Responder
  13. Joseph Warrior

    Lunes 10 de diciembre de 2018 a las 9:32 pm

    Estoy totalmente de acuerdo con Jack, este señor Iván Carrino, que intuyo es Argentino disque liberal, cae en la misma falacia que intenta desvelar y atacar, primero criticando la forma, que por lo de más, lingüísticamente está correcta, quizás malamente o equivocadamente generalizada como adjetivo en el texto, (todo aquel, hombre y mujer que tienen sexo anal, se le llama sodomita, por que realiza sodomia), y realiza sus primeras reflexiones cual fémina isterica escandaliza por la forma, se despega final y totalmente del tema y problemática de fondo, que es querer imponer una idea al resto de la sociedad por coercion del estado, descalificando a otro grotescamente como troglodita del lenguaje, perdiéndose en lo vanal y dejando de lado lo importante. Carrino, como liberal deberías entender y aceptar que como Nicolás hay muchos, incluso del mundo científico y psicológico que postulan que la homosexualidad es un desorden, cosa que comparto, los datos lo demuestran (dato no relato, % de retorno al género original en adolescentes, índice de suicidios.. Etc). Y por último, Nicolás como yo y muchos Liberales, que sin dejar de serlo, pensamos igual y debemos tener la libertad de expresarlo como nos venga en gana, (debería mirar algunos videos de Milei en lo económico), siempre con el debido respeto a que un adulto puede hacer lo que le venga en gana con sus tendencias sodomitas en el ámbito personal, pero no caigas en descalificar toda una teorizacion por como tu moralidad progre, acepta y tolera estas tendencias, poniendo tu moralidad por sobre la moralidad de Nicolas, y que tu, por tu corrección verborreica y pueril, sea más o menos válida, te duela o no, los liberales son más cercanos a la derecha, esa tan retrógrada según tu, pero que en todo lugar en donde esta, deja que gente de estas minorías puedan expresarse e incluso renegar del mismo modelo que le da libertad de hacerlo. Por lo demás a ti ni te conozco, y Laje, Nicolás y Milei son ya un referente acá en Chile y en toda América de las ideas liberales. En resumen, puedes sodometizarte tu opinión que finalmente no tiene ningún argumento contundente sobre el “Loby LGBT… ” que plantea Márquez, siendo sólo un panfleto descalificador de sus formas, plagado de prejuicios a él y desbordante de falacias ad-hominem, propias de una revista de chimentos PROGRES.

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    • Iván Carrino

      Martes 11 de diciembre de 2018 a las 2:57 pm

      “siempre con el debido respeto a que un adulto puede hacer lo que le venga en gana con sus tendencias sodomitas en el ámbito personal”

      Parecería que tenemos una diferencia bien grande en lo que consideramos “respeto”. Saludos.

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