La educación sexual, el liberalismo y la “invasión LGTB”

Iván Carrino / Domingo 18 de noviembre de 2018 / 23 Comentarios

Algunas precisiones en el debate para evitar la ensalada de conceptos.

“El liberalismo es el respeto irrestricto por el proyecto de vida del prójimo”

Alberto Benegas Lynch (h)

Antes de empezar quiero declarar mi más profundo rechazo por una frase que se usa muy a menudo para elogiar o destacar cierto contenido.

La frase dice más o menos así:

“Esto es buenísimo, ¡debería ser contenido obligatorio en las escuelas!”

Al parecer, somos todos muy liberales en todo, hasta que algo nos gusta y lo queremos imponer.

No. Los liberales no creemos en la obligación, sino en los acuerdos voluntarios.

Ahora sí, puedo continuar.

Hay un debate que está tomando cada vez más notoriedad y que, desde mi punto de vista, crea alguna confusión entre lo que es el respeto por la diversidad, el rol de la izquierda, los valores y el liberalismo.

La última batalla de ese debate parecería ser la propuesta de Reforma de la Ley 26.150 (de Educación Sexual Integral), que ha originado como respuesta un movimiento con una consigna muy clara: #ConMisHijosNoTeMetas.

A raíz de esta cuestión, me gustaría elaborar sobre dos puntos que creo merecen atención. El primero es la Educación Sexual Integral, su propuesta de reforma y el punto de vista liberal al respecto.

El segundo es el rol de la familia tradicional y por qué sí, o por qué no, hay que defenderla desde este mismo punto de vista.

ESI: la ley y su propuesta de reforma

El 4 de octubre del año 2006 el Senado y la Cámara de Diputados de la nación sancionaron la Ley 26.150: Programa Nacional de Educación Sexual Integral.

La misma sostenía que “todos los educandos tienen derecho a recibir educación sexual integral en los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada” de todo el país.

Los objetivos de la ley eran varios, pero interesa destacar 3, que copio textualmente:

1)      Promover actitudes responsables ante la sexualidad;

2)      Prevenir los problemas relacionados con la salud en general y la salud sexual y reproductiva en particular;

3)      Procurar igualdad de trato y oportunidades para varones y mujeres.

La educación de este tipo es obligatoria para todos los establecimientos educativos, pero con la salvedad que, de acuerdo con el artículo 5:

… cada comunidad educativa incluirá en el proceso de elaboración de su proyecto institucional, la adaptación de las propuestas a su realidad sociocultural, en el marco del respeto a su ideario institucional y a las convicciones de sus miembros.

La propuesta de reforma, que según este sitio tiene dictamen de mayoría en el Congreso, reemplaza algunas de las cuestiones que acabamos de destacar.

Por ejemplo, los objetivos quedan algo más amplios:

1)      Promover actitudes responsables ante la sexualidad, construyendo hábitos y comportamientos responsables y saludables;

2)      Prevenir los problemas relacionados con la salud en general y la salud sexual y reproductiva en particular; y

3)      Asegurar la igualdad de trato y oportunidades, la no discriminación y un acceso igualitario a la Educación Sexual Integral para las diversas identidades de género y orientaciones sexuales.”

O sea que en lugar de establecer igualdad de trato para “varones y mujeres”, el espectro queda ampliado para cualquier identidad de género, incluyendo a personas transgénero (una persona biológicamente mujer o varón, pero que se identifica con el género opuesto).

Por otro lado, propone reemplazar el artículo 5, violando ese margen de autonomía que les dejaba a las instituciones.

Así, se establece:

“Los contenidos que hacen a la aplicación de la presente y de las resoluciones del Consejo Federal de Educación deberán incluirse en la currícula y modalidad de todos los niveles educativos de forma obligatoria, constituyéndose en disposiciones de orden público, independientemente de la modalidad, entorno o ámbito de cada institución educativa, sea de gestión pública o privada.

El grado de avance del estado sobre las instituciones privadas y públicas, obviamente, es motivo de polémica.

Estado contra Privados

Desde el punto de vista liberal, el problema no es la ESI ni tampoco su reforma.

A ver, es claro que un artículo que dice que una medida “X” debe aplicarse “independientemente de la modalidad o ámbito de cada institución” es más invasivo de la propiedad privada que una medida que dice que tal medida debe aplicarse de forma obligatoria pero “en el marco del respeto a su ideario institucional y convicciones”.

No cabe duda de ello.

Ahora bien, desde el punto de vista liberal, el problema es la imposición de los contenidos desde el estado.

En los manuales de historia o geografía económica de la escuela secundaria es muy probable que los alumnos se encuentren con que Franklin D. Roosevelt sacó a Estados Unidos de la Gran Depresión gracias a su intervencionismo, o que Argentina tuvo una crisis económica en 1999-2002 como resultado del neoliberalismo.

Desde mi punto de vista, estos contenidos están fácticamente equivocados y preferiría enviar a mi hijo a un colegio que enseñara a los alumnos otra versión de los hechos.

Lo mismo ocurre con la Educación Sexual Integral. Entiendo perfectamente el reclamo de un padre o madre que sostiene que no quiere que a su hijo le digan que “está bien ser gay” (siempre asumiendo que es eso lo que le van a enseñar, y no simplemente a respetar e incluir a las diversas expresiones de la sexualidad).

Esos progenitores tendrían, en una sociedad liberal, la opción de enviar a su hijo a un colegio con sus valores y creencias, cosa que no pueden hacer con una educación nacional manejada por el estado.

Pero lo mismo me pasa a mí con el caso del neoliberalismo y Argentina. Mis hijos seguramente vayan a un colegio donde les digan que el neoliberalismo arruinó al país. Y yo me armaré de paciencia para contarles la otra mirada.

El problema no es el contenido en particular, sino la imposición.

La problemática de los contenidos educativos en las escuelas fue magníficamente explicada por Murray Rothbard. En su libro Poder y Mercado, publicado por Unión Editorial en 2006, explica que la propiedad pública implica necesariamente “enormes conflictos de casta”.

¿Qué son estos conflictos?

En sus palabras:

“… los empresas públicas [en este caso, la educación cuyos contenidos obligatorios maneja el estado] crean enormes conflictos de casta entre los ciudadanos, cada uno de los cuales tiene una idea diferente de la mejor forma de servicio.

En los últimos años, las escuelas públicas de EE.UU. han constituido un buen ejemplo de estos conflictos. Algunos padres prefieren escuelas segregadas racialmente, otros prefieren la educación integrada. Algunos quieren que se enseñe socialismo en las escuelas. No hay forma de que el gobierno resuelva estos conflictos. Solo puede imponer el deseo de la mayoría –o la interpretación burocrática de la misma – mediante la coerción y hacer que minorías, generalmente grandes, queden descontentas e insatisfechas. Cualquiera sea el tipo de escuela que se elija, algún grupo sufrirá”

Es decir, imaginemos que la ley de Educación Sexual Integral sostuviera valores católicos. Probablemente, los católicos estarían contentos (o una mayoría de ellos), pero quedarían descontentos los no católicos.

Lo mismo ocurre a la inversa.

Pero el punto central es que en la medida que tengamos una educación digitada y dirigida por el estado, incluso adentro de las puertas de las instituciones privadas, este problema no se va a resolver.

El gobierno será quien finalmente decida qué se enseña y qué no. En la letra de la ley, el conflicto de casta es irresoluble.

Un comentario final para esta sección es que seguramente me digan que lo que se enseña en el sistema educativo no es la interpretación burocrática del deseo de la mayoría, sino lo que “la ciencia” dice que es cierto.

De hecho, la ley 26.150 sostiene que “la definición de los lineamientos curriculares (…) será asesorada por una comisión interdisciplinaria de especialistas en la temática”.

Ahora bien, eso es caer en lo que William Easterly llamó La Tiranía de los Expertos, y que Gabriel Zanotti explicó bien  en su La epistemología y sus consecuencias filosófico-políticas. Allí plantea que, incluso aunque el gobierno supiera “la verdad”, no tiene derecho de imponerla por la fuerza.

La familia tradicional no es un valor en sí mismo

Debido a que la nueva Educación Sexual Integral propone incluir expresiones de identidad de género que no sean exclusivamente la del hombre y la mujer heterosexuales, muchos reaccionan sosteniendo que,  lo que se esconde detrás, es un ataque a los “valores tradicionales”, “la familia”, y que se viene una “invasión gay” producto de la militancia izquierdista del movimiento LGTB.

Aquí hay tres cuestiones de suma importancia.

En primer lugar, solo el 37% de las familias respetan el formato “tradicional” de mamá-papá-hijos. En segundo lugar, dicho formato no tiene nada de bueno ni de malo en sí mismo.

Por último, resulta curioso que quienes luchan por defender a la “familia tradicional” y quieren mostrarse como los paladines del liberalismo, no hacen otra cosa que quejarse por los resultados de la libertad que buscan exaltar.

Es que fue el capitalismo de libre mercado el que ha ido transformando a la familia en el  último siglo.

De acuerdo con un trabajo de Steven Horwitz, la familia tradicional no tiene nada de especial, sino que fue una circunstancia histórica derivada de la Revolución Industrial de mediados-fines del siglo XIX.

Antes de dicha revolución, la familia era sencillamente una unidad de producción agrícola. Padre, madre y todos los hijos posibles tenían que trabajar día y noche en el campo para producir los bienes que proveyeran su subsistencia.

Más tarde, el incremento del ingreso per cápita y la aparición de las fábricas permitieron un cambio económico sustancial, que tuvo su efecto en la organización familiar.

Según el trabajo:

Mientras que en tiempos preindustriales, las mujeres y los hombres compartían muchas de las tareas en la unidad de producción familiar, la industrialización trajo una división del trabajo por género donde los hombres ocuparon la esfera pública del trabajo y la política y las mujeres lo privado. La esfera del hogar.

Se gastó una gran cantidad de energía durante la era victoriana, argumentando que esta división del trabajo era realmente una forma de igualdad, ya que hombres y mujeres fueron asignados a sus “esferas separadas” en las que cada uno sobresalía. Los géneros no eran desiguales, solo eran “diferentes”.

Cualesquiera que fueran los méritos de esta forma familiar, dos cosas eran ciertas: primero, la riqueza creada por el orden del mercado había liberado a las mujeres y los niños de la necesidad de un trabajo en gran medida desagradable en la industria. En segundo lugar, la forma y funciones de la familia continuaron evolucionando.

Este último punto es crucial porque muchos hablan hoy de la familia “tradicional” como si hubiera habido una forma familiar particular que había existido durante siglos hasta los cambios de los últimos 40 años. Pero incluso un estudio superficial de la historia económica y social indica que la forma y las funciones de la familia han experimentado cambios significativos, al menos desde los primeros días de la industrialización, si no antes.

El trabajo de Horwitz continúa investigando la evolución de la institución familia y explica desde un punto de vista económico el aumento en la tasa de divorcios e incluso la aparición del reclamo por el matrimonio homosexual.

O sea que así como el capitalismo dio origen a lo que se supone que es la familia tradicional, también es el que explica el desmembramiento de ésta.

Finalmente, debemos aclarar que la “familia tradicional” no tiene nada de bueno o malo en sí mismo.

De hecho, como escribí en 2010, puede ocurrir que una familia de “mamá-papá-hija” sea absolutamente nefasta, mientras que una de “papá-papá-hijo” o “mamá-mamá-hijo/hija/hijos e hijas” sea increíblemente buena.

A la hora de los vínculos familiares, no parece que sea relevante el tema del género.

Aclarando la confusión

El objetivo de este posteo era dejar en claros dos puntos que me parece que se confunden en el debate por la educación sexual.

El primero es que el liberalismo se opone a la obligatoriedad de contenidos en la educación.

Los liberales creemos en una sociedad diversa también en materia educativa.

Un mundo liberal tendría colegios con la ESI de 2006,  otros con la ESI de 2018, otros con la ESI de 2058 y otros sin ESI o con la educación que quiera dar la religión que profese la institución en cuestión.

Eso es verdadera libertad y diversidad.

El segundo punto es que no hay nada de liberal en defender un modelo de organización social específico y que no cambie en el tiempo. Los liberales sabemos que el mercado es un proceso y que las instituciones sociales van modificándose en consecuencia.

En este sentido, no hay nada que haga de la “familia tradicional” un valor para defender. Tenemos que respetar la libertad de asociación, y eso implica “papá-mamá”, “papá-papá”, “mamá sola” y todas las variantes que los propios involucrados juzguen como positivas.

No hay una organización social “óptima” objetivamente determinable. Y, incluso si le hubiera, nadie debería tener el poder para imponérsela a otro.

Entre otras cosas, pero fundamentalmente, de eso se trata el liberalismo.

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Comentarios

    • Iván Carrino

      Domingo 18 de noviembre de 2018 a las 5:15 pm

      Gracias Gabriel, me esperaba ese comentario, ya que vos escribiste ese fantástico artículo que cito aquí, sobre la epistemología y sus consecuencias Todavía me queda leer los otros que me mandaste. Abrazo!

      Responder
    • Hernan

      Lunes 19 de noviembre de 2018 a las 11:44 am

      El tema es el Estado si lo dexendes crustianamente sabras que Dios es el soberano y no el estado eso al estado no le gusta ñor que obedeceras a dios o de ultima a la iglesia.el estado dicta la curricula en argentina y debe garantizar la educacion…decile no al estado y vemos!

      Responder
  1. Julian

    Domingo 18 de noviembre de 2018 a las 5:57 pm

    Ivan muy claro e interesante lo que decís. Podes explciar porque oponerse a que el Estado imponga contenidos educativos obligatorios no es sinónimo a estar en contra de las libertades individuales. Todo lo contrario. Comparto en todo pero no me animaría a afirmar que el género carece de importancia a la hora de formar vínculos familiares. Gracias por tu trabajo, saludos!

    Responder
  2. MARIA RAMIREZ

    Domingo 18 de noviembre de 2018 a las 7:33 pm

    Me encanta la nota, muy clara. Me gustaría hacer dos cuestionamientos: 1. si la sociedad no se levanta contra la historia que se enseña por qué sí lo hace con la ESI. (Me parece más importante la versión de la historia que la de la ESI) y 2. Si un padre quiere enseñarle odio y discriminación a su hijo, tiene derecho a hacerlo sin que la educación le muestre otra mirada?

    Parto de la premisa de que decir que “ser gay está mal” es un acto de violencia

    Responder
    • Iván Carrino

      Domingo 18 de noviembre de 2018 a las 10:05 pm

      Gracias María. Obviamente hay temas que son más sensibles que otros para un gran número de personas, y las cuestiones que hacen a la “vida íntima” entiendo que tienen esas características. Igualmente, recuerdo cuando la organización Junior Achievement daba clases sobre emprendedurismo en las escuelas públicas y Página 12 salió a gritar “Adoctrinamiento neoliberal”: https://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-203535-2012-09-17.html

      El punto dos exige demasiadas aclaraciones: ¿qué es enseñar odio? “Ser gay está mal” no es algo que coincida con mi punto de vista del mundo, y no creo que contribuya a una sociedad abierta, tolerante y respetuosa de la diversidad, pero es parte de la libertad. Te diría que, en última instancia, ni siquiera el padre va a poder “manejar la mente de su hijo”. Muchos casos hay de padres de izquierda e hijos de derechas, por ejemplo.

      Responder
  3. Lucio

    Domingo 18 de noviembre de 2018 a las 9:28 pm

    Hola Iván. Interesante la nota. Sin embargo me parece que hay riesgos que no están tenidos en cuenta en tu desarrollo.
    Digamos que hay mayorías que creen que la homosexualidad está mal. Digamos que esas mayorías se organizan y mediante acuerdos voluntarios crean sus escuelas y dictan los contenidos que quieren. También hay minorías que consideran que la orientación sexual es una característica que no es ni buena ni mala. En principio también podrían organizarse y crear instituciones educativas que transmitan ese pensamiento. Probablemente en ciudades grandes eso no sea una dificultad. Pero vayamos a pueblos pequeños, dónde las minorías no son lo suficientemente numerosas como para tener una escuela acorde a su visión. Esas familias, y esos chicos/as se verían obligadas a tener que pasar por clases que enseñan que la orientación sexual que alguno de ellos puede elegir es condenable. Cabe recordar que esto no es un mero ejemplo ilustrativo, sino que ha sucedido a lo largo de la historia. No solo con gays. Podemos sumar negros, judíos, etc.
    Pensemos también que esta actitud se extiende a otros ámbitos de la sociedad, por ejemplo el mercado de trabajo. Y como las empresas son manejadas por mayorías que creen que ser gay, negro, judío, boliviano es algo malo, excluyen a ciertos candidatos, dejándolos relegados a lugares marginales. Y qué si eso se extiende a dueños de bares, o líneas de colectivos, que empiezan a poner carteles que prohíben que cierta minoría consuma esos servicios. Nuevamente, no es sólo un caso ilustrativo, sino que se pueden ver numerosos ejemplos de esto en la historia.
    Me parece que es idealista e irreal creer que los derechos de las minorías se protegerían solos, sin la necesidad de instituciones que regulen lo que se enseña, las prácticas de contratación, cómo deben ser los derechos de admisión, etc. No podemos tener educaciones intolerantes, que les enseñen a las flexibles mentes infantes que ser gay, judío, negro, extranjero, es algo malo. Por más que eso sea un acuerdo voluntario entre algunos. No podemos tener empresas que no contraten gays, judíos, negros, extranjeros solo por ser negros, judíos, gays, extranjeros, etc. De más está volver a recordar que las legislaciones antidiscriminatorias surgieron porque los acuerdos libres, desregulados, llevaron a resultados discriminatorios.

    Responder
    • Iván Carrino

      Domingo 18 de noviembre de 2018 a las 10:12 pm

      Estimado Lucio,

      Vamos por partes. En el caso de las escuelas en pequeños pueblos, te diría que pasa algo similar cuando uno tiene que ver un médico para alguna enfermedad un poco más “específica” de lo normal. En pueblos pequeños, la división del trabajo es menor, por lo que la diversidad de opciones es menor. Ahora con educación pública y contenidos obligatorios, la diversidad es menor todavía.

      Sobre el caso de la discriminación en el mercado laboral, está estudiado que los mercados tienen incentivos naturales a no discriminar. Te pongo un ejemplo: un anti-negros decide no contratar personas de color. Eso el mercado libre lo permite, pero el empleador se termina perjudicando en la medida que puede haber un empleado negro que sea más productivo que un blanco a la misma tasa salarial. Finalmente, si contrata al blanco sobre el negro, está perdiendo una oportunidad de ganancia (más sobre este tema acá: https://fee.org/articles/how-free-markets-break-down-discrimination/)

      Por último, la idea de que “no podemos tener educación intolerante” me hace pensar que por décadas y décadas tuvimos una educación que si bien no calificaría de “intolerante” (puedo equivocarme) sí no era “inclusiva” como se busca que sea ahora… Y sin embargo, el mundo es cada vez más abierto y respetuoso, por lo que el punto no me parece suficientemente fuerte.

      Saludos!

      Responder
      • Lucio

        Domingo 18 de noviembre de 2018 a las 11:24 pm

        Respecto del primer punto, dada la insuficiente diversidad, prefiero un sistema que respete a todas las expresiones y características que pueden tener las personas. Es claro que tenemos una diferencia ideológica en este punto.

        Desde ya que hay incentivos naturales a no discriminar en las políticas de contratación. También es grande la evidencia de que esos incentivos son insuficientes y que la discriminación existe. Por ejemplo: https://www.nber.org/papers/w9873
        Rossi escribió uno similar (con belleza) hace unos años para argentina si no me equivoco.

        Respecto del tercer punto, creo que hay un gran problema para identificar causalidad. El sistema educativo también se fue volviendo más inclusivo, no sé bien cómo atribuir efectos. En cualquier caso, me es suficiente escuchar los relatos de chicos gays que fueron bullyados toda su infancia solo por ser gays, o de judíos que les pegaban todos los días solo por ser judíos (de esos dos casos he escuchado ejemplos en primera persona), para sostener que no podemos tener sistemas educativos así.

        Responder
      • Iván Carrino

        Lunes 19 de noviembre de 2018 a las 12:47 pm

        Sobre el primer punto, te diría que lo que vos querés es que el estado imponga una visión sobre el tema que vos entendés como más respetuosa de todas las expresiones y características. Pero eso no resuelve el conflicto de castas y, además, concentra más el contenido. La solución es la competencia, a pesar de que haya mercados más chicos (con menos variedad), y otros más grandes (más variedad).

        Sobre lo segundo, está bueno el caso que traés, pero ahí tenés dos formas de abordarla. Una es la de la libertad y el mercado como proceso: es un proceso de descubrimiento darse cuenta que estás perjudicando por discriminar. El otro es el de la imposición de No-Discriminar, pero desde mi punto de vista eso viola la libertad y creo que la libertad está justamente para que la gente pueda equivocarse y aprender de sus errores. Si no contratás a Lakisha, mal por vos digamos.

        Coincido en lo que decís del Bullying y me parece reprochable 100%, pero pensá que hace pocoa ños había gente a la que se le restringía una carrera profesional por ser homosexual (el caso de la Película Código Enigma, por ejemplo, basado en una historia real). Es un avance social que luego se incluyó en las escuelas. No fue un avance producto de una mente iluminada y directora de un proceso social, porque eso no existe.

        Saludos!

        Responder
  4. Luciano

    Domingo 18 de noviembre de 2018 a las 10:55 pm

    Me encantó la nota , salvo por la parte donde decís que entendes perfectamente el reclamo de un padre por decirle a un nene “está bien ser gay”
    Yo creo que no es atendible ese reclamo. Coincido con vos en que el mensaje necesita ser mucho más amplio que eso. Pero estrictamente es cierto., está bien ser gay. Porque sino estamos diciendo que está mal. Y está tan bien como ser heterosexual o cualquier otra elección. ¿Qué pensas?
    Saludos !

    Responder
    • Iván Carrino

      Lunes 19 de noviembre de 2018 a las 12:50 pm

      Gracias Luciano. Yo pienso que está bien ser gay, como está bien ser heterosexual, y está bien ser lo que sientas que sos… Pero si bien no comparto, creo que otra persona puede sostener que ser gay implica ir contra la “familia cristiana”, supongamos… Y bueno, yo no estoy en esa línea, pero puedo entender a alguien que sí lo esté y quiera educar a su hijo en esos valores. Luego los chicos/as crecen y deciden solos qué quieren ser.

      Responder
  5. VICTOR CARRIZO

    Lunes 19 de noviembre de 2018 a las 12:35 am

    Excelente posteo Iván. Es necesario esto que hacés de aclarar que el liberalismo respeta el proyecto de vida del prójimo y no intenta imponerle creencias a quien no piensa como uno. Además, es importante decir que es necesario limitar el poder del gobernante respecto a la educación de las futuras generaciones. No podemos dejar abierta la posibilidad a que un gobierno lo utilice con buenos fines a riesgo que el siguiente lo utilice sólo para adoctrinamiento político, religioso, etc.

    Responder
  6. Manuel Poisson

    Lunes 19 de noviembre de 2018 a las 4:05 pm

    Hola Iván, muy interesante el posteo. Quería plantearte una cuestión con respecto al tema de la familia tradicional. Quizás no me resultó suficiente como argumento para decir que no tiene un valor en sí mismo el hecho de que solo el 37% de las familias tengan el formato tradicional o que exista la posibilidad de que resulten nefastas.
    Mi pregunta concreta es: ¿Estás cerrado a la posibilidad de que las familias tradicionales puedan aportar beneficios concretos al desarrollo integral de las personas y de la sociedad?
    Yo creo que se puede ser perfectamente “tradicionalista” en este sentido y liberal, mientras no se quiera obligar a nadie a adoptar ese estilo de vida. Pero, así como mostrás el beneficio concreto que tiene para un empleador no discriminar, también podríamos analizar si existen o no beneficios concretos en la confomación de familias tradicionales. (ej: productividad, estabilidad emocional, generosidad, entre otras…)
    Gracias por el artículo, saludos!

    Responder
    • Iván Carrino

      Domingo 25 de noviembre de 2018 a las 9:52 pm

      Hola Manuel,

      Muy interesante: “¿Estás cerrado a la posibilidad de que las familias tradicionales puedan aportar beneficios concretos al desarrollo integral de las personas y de la sociedad?”

      Para nada estoy cerrado, pero tampoco estoy cerrado a que familias “no tradicionales” lo hagan.

      Por otro lado, también creo que es compatible defender la familia tradicional (siempre que no te burles de las otras) y ser liberal, como es el caso de Gabriel Zanotti, por ejemplo, y muchos otros.

      Seguramente haya estudios sobre el tema que mencionás al final. Habría que verlo, pero como todo, solo pueden mostrarnos algunas generalidades, pero nunca debemos tomarlos como “la verdad absoluta” y aplicable a todos y cada uno de los casos.

      Abrazo!

      Responder
  7. Roberto

    Miércoles 21 de noviembre de 2018 a las 4:15 pm

    Excelente artículo.
    Poderosamente me llama la atención que ahora al supuesto “con mis hijos no te metas” se lo considere algo liberal solo porque pide que el estado no se meta con la educación de sus hijos. Pero no se vio a nadie de esta gente pedir para que el estado no intervenga diciendo que la culpa del 2001 es del liberalismo, o que el plan de Martinez de Hoz era liberal o que Roosevelt como bien decias, fué el que sacó a EEUU de la depresión. Curiosamente esa intervención estatal no la critican.
    Con lo cual el problema de fondo no es ese sino que existe una cierta homofobia detrás de esto que nada tiene que ver con el liberalismo. Saludos!

    Responder
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